Nostalgia sin ti
39 LILIA Pasado
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LILIA
Pasado
Los horarios se convirtieron en nuestro mayor impedimento para hablar, así que nos escribíamos a destiempo y contestábamos a los mensajes del otro en una sesión con el fisio, durante el descanso del almuerzo, al salir del entrenamiento o entre clase y clase.
A Troye le resultaba más fácil volcarlo todo de golpe, como si de un diario se tratara, y a menudo prefería redactar correos electrónicos en los que detallaba lo que le sucedía a lo largo del día. Para él era más orgánico y tolerable de ese modo, sin verter la información con cuentagotas ni contemplar mi foto de perfil a la espera de que las letras «en línea» aparecieran al lado de mi imagen.
Al principio le notaba contenido, midiendo lo que escribía y camuflando su vulnerabilidad con toques de humor, pero, a medida que nos habituamos a comunicarnos en franjas distintas y sin esperar una respuesta instantánea, recuperamos esa sensación familiar de hablar a través de un teléfono. «Si no lo piensas demasiado, es como si estuviera en el instituto y tú trabajando, con el señor Randy recomendándote arroz hervido para reajustar tu tránsito intestinal», le tomaba el pelo a Troye.
No obstante, por más empeño que le pusiera en emplear cualquier pretexto para bromear y así amainar la impotencia de estirar el brazo y hallar un vacío, ese limbo en el que quedaba suspendida nuestra historia dolía. No porque fuéramos dos insensatos pretendiendo dilatar unos meses en el faro hasta la vejez, sino porque comprendíamos que la adolescencia es una transición volátil que acarrea novedades a cada segundo. Ambos sabíamos que íbamos a perdernos una etapa crucial en la vida del otro y eso, antes de los dieciocho, equivale a abandonar una novela a la mitad.
Dublín se me antojaba un universo aparte; las exigencias de la élite aceleraban mi concepción del tiempo y lo que hubiera aprendido en diez meses en el Didier, allí debía asimilarlo en el transcurso de una semana. Era consciente de que Golkova y Bethany podían echarse atrás respecto a mi beca si no me entregaba en cada sesión, por lo que fui yo la que sacó su libreta de enteros, anotó los lanzamientos y los elementos que debía practicar después de cada turno de tarde, y transcribía textualmente las correcciones que me indicaban para comprobar si mejoraba de lunes a sábado. Golkova insistía en que el trabajo de un entrenador no es darte ánimos, sino motivos para que sigas adelante y rompas tus propios esquemas. Yo asentía a sus discursos, pero cruzaba los dedos a escondidas, deseosa de que las palabras de aliento llegasen algún día.
Por su parte, Troye encontraba su lugar y añadía adjetivos a ese lienzo en blanco que, por primera vez en años, anhelaba concluir. Gradualmente, fue perfilándose más allá de las evidencias. Generoso. Indulgente. Precavido y conformista, con un punto de rebeldía. Pícaro los instantes fugaces en los que abandonaba toda inseguridad y su carácter burlón se manifestaba. Pragmático. Afable. Independiente, hermético y en ocasiones obstinado. El chico introvertido y solitario que llegó a Kinsale se diluía para dar paso a una personalidad compleja, también regida por antítesis, como la de haberme aconsejado con fervor que luchase por mi sueño y necesitar que Declan le insuflase coraje a él para encarrilar los suyos.
Ese miércoles finalicé la sesión de repeticiones de la mañana con el corazón en la boca, pero convencida de haber focalizado las energías en mi principal cometido: avanzar hacia la excelencia. Leí el primer e-mail de Troye sentada en la cafetería de la residencia, mientras esperaba a que Eva volviera del masaje que la ayudaría a soportar el entrenamiento de la tarde sin que su gesto se crispase con cada pinchazo en la espalda que sufría a consecuencia de una antigua lesión.
Le di el último mordisco a la manzana antes de entrar en Gmail.
DE: Troye
PARA: Lilia
ASUNTO: Creo que tengo amigos
Sí, el asunto es cierto. Y sí, es la una de la madrugada y sigo sin poder dormir. Mañana me arrepentiré, pero en este momento solo me apetece «hablar» contigo.
Todavía no me he acostumbrado al nuevo horario, pero me gusta llegar agotado a la cama y no disponer ni de un segundo para pensar, aunque a veces implique que me pase la tarde bostezando del cansancio. El señor Randy me va a matar, se ha portado genial conmigo reduciéndome la jornada… Volviendo al tema de los amigos, todo el mérito es de Declan. Desde que me acusó de consumir drogas (muy surrealista), nos toleramos. Más que eso, diría que comenzamos a llevarnos bien. Se parece más a mí de lo que sospechaba, mecanismos de defensa y ese tipo de cosas. Creo que nos hemos juzgado injustamente y que a ambos nos daba miedo el rechazo del otro, ¿tiene sentido para ti?
Me ha presentado a sus colegas del instituto, un grupo bastante característico que se hace llamar «secta». Declan los compara con las comedias de Netflix, y yo no paro de pensar en lo fácil que resulta encajar con algunas personas y en lo mucho que me habría gustado compartir mesa contigo en la cafetería. Con Elijah y Arlet, por ejemplo, no tengo que hablar demasiado porque ellos se encargan del espectáculo. Llaman la atención, no le temen al ridículo y tienen una personalidad peculiar. Puede que lo hagan adrede, son como música que suena de fondo y me relaja.
No estoy loco, te lo prometo, pero se me hace imposible mandarte este correo. Me tiraría horas añadiendo párrafos solo por la sensación de alivio que me provoca imaginar que vas a recibir este e-mail y que, mientras estés leyéndolo, una parte de mí estará contigo. Vale, ya paro, me estoy pasando de cursi y yo no soy así. O lo soy y no lo sabía hasta que te conocí.
Supongo que no descubrimos quiénes somos hasta que nos enfrentamos a determinadas situaciones. Gracias por no darme por perdido, Lilia, gracias por enseñarme que los muros en blanco también merecen ser pintados. ¿Qué tal van las cosas por Dublín?
Te echo de menos,
T
P. D.: He acabado Cazadores de sombras y voy a convencer a Declan para que veamos la peli o la serie. ¿Por cuál es mejor empezar? Magnus es SIN DUDA ALGUNA mi personaje favorito.
Troye se explayaba en correos y yo prefería mandarle audios interminables, corriendo por la pista de atletismo de Laurden o sumando kilómetros sobre la cinta del gimnasio.
«Troye, yo también te echo de menos. Me alegra que no estés solo y que empieces a abrirte con otra gente, estoy segura de que cualquiera que tenga la oportunidad de conocerte sabrá valorar lo mucho que te esfuerzas por ser tu mejor versión. Por lo que me explicas de Declan, tengo la impresión de que él se ve reflejado en partes de ti. Todos en realidad, Troye, las inseguridades están ahí… Ah, ¡y cuéntame más sobre Elijah y Arlet! En Dublín no hay tiempo para nada, excepto repetir y repetir los ejercicios. Cada minuto está planificado y, en cierto modo, eso me reconforta. Estoy acostumbrada a que no haya sorpresas y todo esté calculado, es la única manera efectiva de que el trabajo salga bien… Mierda, me ahogo… Sigo baja de forma. Seguro que me estás escuchando asfixiada mientras corro con los auriculares puestos y le grito a la pantalla. Espera, voy a parar para coger aire… Vale, ya está. Respecto a lo de Cazadores de sombras, omite que existe una peli y pon la serie. Creo que la autora planeaba publicar libros centrados en Magnus, aunque no estoy segura… Luego hablamos, la seleccionadora me está haciendo gestos desde la cristalera para que entre a la sala».
Al día siguiente recibí su respuesta con una fotografía adjunta en la que salía acompañado de Declan, Elijah y Arlet. Me contagié del aplomo que transmitía al recorrer la curva de sus labios con la punta de los dedos. Troye sonreía sin recelos, de verdad, y sus amigos elevaban la mano dibujando una L con pulgar e índice.
DE: Troye
PARA: Lilia
ASUNTO: Confirmado, tengo amigos
Hoy he salido antes del instituto y tengo treinta minutos libres antes de entrar a trabajar, así que vas a disfrutar de una sesión doble de Troye. Te advierto de que mi concentración es nula si no me encierro en algún sitio sin ruido. Ten paciencia si no comprendes la mitad de lo que voy a mandarte, prometo que esta noche con calma redactaré mejor… En la calle, con distracciones y la alarma de un coche sonando, se me complica la tarea.
Primero que nada, espero que me digas cómo puedo guardar tus audios, porque mis correos no van a desaparecer y a mí también me gustaría conservar algo de ti en el móvil. Dicho lo cual, te cuento qué tal me ha ido hoy.
Las clases bien, intensas, sigo sin habituarme al horario, pero escuchar música con Declan antes de entrar a la primera hora ayuda. Estoy abriéndome a nuevos estilos, aunque, si me preguntas qué es lo que suena por los auriculares gigantes que lleva colgados del cuello, no tengo ni la menor idea. Una mezcla entre rap con estrofas melódicas y base rítmica lenta, como si a The 1975 le hubieran ralentizado las canciones y la voz de Matt Healy sonase robótica y desganada por encima de varios instrumentos. Vale, he vuelto a leer esta última frase y carece de sentido. La cosa es que a Declan solo le van los
músicos desconocidos; cuando un artista o grupo se populariza mucho, lo borra de su existencia.
Hoy he presumido un pelín de novia con mis amigos y hemos querido inmortalizarlo con una foto. Salgo fatal, no la mires mucho o verás restos de la lasaña de verduras entre mis dientes. En serio, sé que has parado de leerme para ampliar la imagen y reírte.
¡No seas cruel, Lilia!
Esta noche te escribo más y, sobre todo, MEJOR. Hoy también te echo de menos,
T
P. D.: Me he informado sobre el libro de Magnus, está publicado y se titula Las crónicas de Magnus Bane. No lo he encontrado en la biblioteca, pasaré por la librería a encargarlo. ¿Te confieso una tontería? Estoy ilusionado, ¡¡voy a tener mi primer libro, mío para leerlo cuando me apetezca!! Tomo nota y descarto la peli
Justo cuando iba a contestarle al salir del vestuario, una notificación emergente de Violet apareció en mi pantalla para informarme de que la Federación había hecho pública mi llegada a Dublín. Pinché en el enlace y leí el comunicado que se había compartido en la web, Facebook, Twitter e Instagram junto a una instantánea tomada en el Nacional de mayo.
Lilia Girard se traslada a entrenar de manera permanente
al Centro de Alto Rendimiento Laurden.
A la Federación Irlandesa de Gimnasia le complace
anunciar la reciente incorporación al equipo nacional de Lilia Girard, de dieciséis años. Perteneciente al Club Deportivo Didier de Cork, la joven promesa lleva algunas semanas trabajando bajo las directrices de Daria Golkova y se suma a la cantera liderada por Eva Ilinykh rumbo a los próximos Juegos Olímpicos.
Lilia es la actual subcampeona de Irlanda, además de
conseguir el oro en la categoría individual alevín, infantil y júnior. Su ejercicio de aro le ha valido cuatro oros consecutivos en las finales por aparatos de las últimas temporadas.
Desde la Federación le damos la bienvenida y le deseamos
una trayectoria repleta de éxitos.
El orgullo que sentí al leer la nota de prensa se vio empañado por los comentarios de los aficionados. Había felicitaciones y buenos deseos, pero mi cerebro dio mayor importancia a aquellos destructivos y dañinos.
«Lástima que la lesión de Brielle le impida volver, Lilia no me parece una baza para la selección».
«Vi a niñas con mejores condiciones en el Nacional».
«Hace una gimnasia muy bonita, pero no hay nivel en sus montajes. Veremos cuánto aguanta en la élite».
«Sé de buena tinta que llamaron a gimnastas de otros clubes antes que a ella».
«No quiero decir que esté gorda, pero si la comparamos con la tipología de las internacionales…, es de constitución ancha».
Nadie se detiene a pensar en el efecto de sus palabras en internet. Escudados con avatares sin sus caras y empleando seudónimos, aquellos desconocidos se colaron en mi sistema nervioso, me hicieron temblar de rabia, avergonzarme de mi cuerpo, dudar sobre mi trabajo y sentir que no merecía estar en Laurden. Me arrebataron el instante dulce para el que llevaba años trabajando.
Esa noche en la habitación, cuando Eva me vio salir del baño con los ojos encharcados y las mejillas sonrojadas, me abrazó fuerte. No necesitó preguntar; ella, al igual que el resto de aficionados de la gimnasia, había sido testigo del revuelo causado tras el anuncio de mi incorporación.
—A veces es mejor no saber, Lilia. —Nos sentamos en su cama y, de la impotencia, clavé las uñas en un cojín—. No leer ni lo bueno ni lo malo, porque resulta imposible adivinar cuándo aparecerá un hater dispuesto a amargarte el día.
—Yo solo estaba viendo el comunicado en la página oficial… —El nudo en la garganta me obligó a parar y tragar saliva—. De repente empecé a recibir notificaciones en redes.
—Lo sé. —Me acarició el pelo y yo suspiré hondo tratando de expulsar la irritación de mi organismo—. Te etiquetarán para asegurarse de que lees sus opiniones, son así de crueles, pero no merece la pena que respondas ni gastes energías en ellos. Ignora, bloquea o denuncia. Tienes que encontrar el modo de que no te afecten.
—¿La indiferencia es posible cuando hablan de ti? —Yo, al menos, me lo tomaba como un ataque personal de los que te encienden la sangre.
—Cuesta. Al final te acostumbras. Para algunas personas somos sacos de boxeo a los que pueden golpear fuerte porque eso genera debate, les hace aumentar seguidores y expandir el drama. Conmigo ocurrió y, por desgracia, le volverá a suceder a la próxima gimnasta que seleccionen.
—¿Y no podemos hacer nada?
—Golkova y Bethany prefieren que nos mantengamos al margen, digan lo que digan. No nos beneficia entrar en polémicas. Somos profesionales, Lilia, esto no es un hobby, sino un trabajo.
—Creía que solo debía preocuparme por rendir bien y obtener resultados.
—La élite es mucho más. Confunden deporte con espectáculo — lamentó con un mohín triste—. Se quedan con lo superficial, Lilia: el saludo inicial que ensayamos frente al espejo para causar buena impresión a los jueces, una sonrisa forzada al despedirnos del tapiz, el esfuerzo para no derrumbarnos mientras esperamos que salga la nota… Ven algo calculado y artificial, la parte que nos permitimos mostrar.
—Imaginaba que… —busqué las palabras— serían amables. Que me recibirían con cariño. Que siempre recordaría este momento con mariposas en el estómago.
—Eso no va a suceder por el simple hecho de que todas quieren lo que tú tienes. —Torció el gesto con pesar—. El ser humano es egoísta y tremendamente holgazán; resulta más sencillo pisotear a los demás que esforzarse o asumir que no estás a la altura. Por eso te atacan, para poder igualarse a ti.
—Pero no lo comprendo… Yo no sería capaz de hacer lo que ellos hacen conmigo.
—Hay gente de moral cuestionable que disfruta gritándole sus opiniones al viento. Aunque sean mezquinas y no aporten nada ni ayuden a mejorar. Algunos aficionados escupen odio sin importarles que seas menor, te estés esforzando o no sientas las piernas al llegar a la cama. No conocen tu entrega, pero se consideran con derecho a poner voz a tu silencio con especulaciones. —Su alegato adquirió un tono más grave—. Opinarán sobre tus coreografías, tus músicas, los maillots que estrenes y el color de tu manicura, así que intenta crear una burbuja que nada ni nadie pueda romper. Tienes que resistir en el gimnasio y en la vida. Esto es un camino de fondo. No te lo pondrán fácil; cuesta subir, que se aprendan tu nombre y te respeten, aunque el mínimo fallo es suficiente para transformarte en carne de cañón. Avanza con la cabeza alta, Lilia, porque podrás hacerlo perfecto y, aun así, tendrás un detractor. Nadie posee la fórmula mágica para protegerte, solo sé que, con el tiempo, tanto las críticas como los halagos se desinflan.
Sin embargo, esa noche la que se hizo diminuta fui yo.
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