Nostalgia sin ti
42 LILIA Pasado
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LILIA
Pasado
Empapada de sudor y temblorosa por las cinco horas de entrenamiento de aquella tarde, me acerqué a Golkova para ver con detalle la tela bañada en cristales Swarovski que mecía con satisfacción.
Era un maillot negro de terciopelo elástico y mangas caídas a la altura de los hombros, con la falda emulando los pétalos de una flor. La pedrería aurora boreal nacía en el cuello y se derramaba como una lluvia de estrellas por el pecho y la espalda. Se trataba de un diseño de los caros, confeccionado en uno de los talleres de costura más prestigiosos de Rusia, donde el modelo más sencillo rondaba los ochocientos euros.
Debido a la alta demanda, resultaba imprescindible hacer la reserva con antelación y recurrir a algún contacto si querías un hueco en su apretada agenda. La única exigencia desde Moscú era recibir las medidas de la gimnasta y escuchar la música del ejercicio para dar forma a la idea que las entrenadoras habían concebido.
En el plazo de veinte días, y tras exigir modificaciones en los dos bocetos iniciales que le mostraron, Golkova consiguió que elaborasen una propuesta más personal.
El resultado fue espectacular; un baile de destellos teñiría de arcoíris cada uno de mis movimientos. Sin embargo, de todos los elementos de aquella artesanía, el que me embelesaba era la bandera de Irlanda cosida en la cadera.
—Ve a probártelo —indicó la seleccionadora mientras las cinco integrantes del conjunto seguían practicando lanzamientos en el tapiz contiguo.
Sin perder tiempo, corrí hacia el vestuario y se lo enseñé a Eva. Ella me ayudó a ponérmelo con cuidado; aun así, algunos cristales y perlas se despegaron del tejido. Los guardé en la mochila y derrapé rumbo a la sala para no hacer esperar a Golkova.
—¿Qué opinas, Daria? —preguntó Bethany, alisándome los pliegues de la sisa, buscando su aprobación.
—Me gusta. Estarás deslumbrante, Lilia —aseguró la seleccionadora tras escrutarme desde todos los ángulos a la caza de hilos o restos de pegamento—. El negro estilizará tu figura, aunque con un par de kilos menos te quedaría mejor.
Retorció unos centímetros del tejido, estirándolo hasta que me quedé sin respiración. Sentí opresión en las costillas y un pellizco en el corazón.
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