Nostalgia sin ti

Ester Isel · Capítulo 67 de 94

Páginas del PDF

Nostalgia sin ti

63 TROYE Pasado

63

TROYE

Pasado

 

Intenté luchar por los dos y no pude, Lilia libraba batallas más importantes por aquel entonces. Ese fue nuestro final, el que había anticipado en tantas ocasiones. Ella se dio cuenta de que le habían crecido alas y yo retrocedí por miedo a las alturas.

La discusión que tuvimos tras la clasificación individual puso el punto final que ninguno de los dos había tenido agallas de trazar. Las mariposas se marchitaban en mi tripa, los e-mails acababan en un borrador sin destinatario y mis ganas de apoyarla le echaban un pulso al cómo me iría a mí siendo testigo de que su vida avanzaba sin mi presencia.

Quise suprimir cada recuerdo suyo, por lo que guardé las pancartas en una caja y la desterré al garaje. Pero hay algo de lo que no puedes despojarte: de aquello que la persona a la que amaste te hizo sentir.

A veces cargar con los diálogos que jamás llegarás a decirle a ese alguien especial resulta complicado, imprudente, antinatural. Y deseaba contarle tantas cosas a Lilia, mostrarle mi dolor, pero también mis alegrías, compartir música, bocetos, reflexiones absurdas o un simple emoji. Porque quizá lo que añoraba, además de nuestras conversaciones, era saber que estaríamos el uno para el otro.

Sin embargo, me hallaba en una posición difícil. La de quien anhela hablar y se encuentra bajo el agua. Por eso creé un grupo de WhatsApp con Declan y le pedí que lo abandonase para quedarme solo y disponer de un sitio en el que volcar cavilaciones, pensamientos de noches en vela y frases mordaces, de esas que te arrepientes y deseas eliminar. Pero no lo hice, no borré ni una coma de lo que tecleé y envié durante meses.

Cuando quería mandarle ánimos antes de una competición, cuando quería consolarla tras un fallo, cuando la cólera me gobernaba y solo podía emplear las mayúsculas, o cuando el paso del tiempo me asustaba porque estaba perdiéndome cada experiencia que cambiaría a la chica que conocí en el faro… Siempre, abría el chat titulado «Un millón de veces» y me vaciaba.

No me atrevía a pronunciar su nombre, así que le puse sus vocales a las canciones que escuchamos juntos y sus consonantes fueron suspiros. Y a ella, a Lilia, la recordé a través de dibujos, lágrimas y silencios. Desde ese momento, mis latidos sonaron a nostalgia.

OceanofPDF.com