El libro de los sueños

Gerolamo Cardano · Capítulo 15 de 109

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El libro de los sueños

XIII De las partes del mundo

La pantorrilla, en tres: tibia, peroné y maléolo.

El pie, en planta, dorso y cinco dedos, como la mano: hacen, pues, siete.

Los dedos del pie tienen tres partes: uñas, nudos y artejos.

Aparte todo esto, tenemos las secreciones que, en general, son nueve: saliva, mocos, vómitos, heces, orina, semen, lombriz intestinal, sangre, humor.

Así, pues, las diversas partes concretas y no compuestas son 129. Si se añaden las compuestas se llega a un total 160.

Hay, además, como ya he dicho, labios, párpados, costillas superiores e inferiores: serán, pues, 163. Además, todas las partes, salvo las internas y las secreciones, tienen parte derecha y parte izquierda, de modo que se llega justamente a 205. Añade los pelos, los cabellos y la barba y serán 208 o más bien 211. Y si quieren añadir los dos corvejones, que son la parte plegable de la rodilla, los calcaños y las mamas, se alcanzarán 217 partes distinguibles. Digamos, pues, que éste es su número. Y está, además, el alma, que forma parte de nosotros y nosotros de ella. Pero las partes a considerar son 210, porque las muy pequeñas, como las uñas, los artejos y los nudos de los dedos de los pies y las manos no se consideran partes nuestras, sino del mundo, como veremos.

 

XIII

De las partes del mundo

 

Conviene distinguir, también en el mundo, partes parecidas a éstas o poco diferentes, de modo que pueda captarse a través del sueño si una parte de nuestro cuerpo —y cuál— sufrirá un daño o se puedan identificar, a la inversa, a través de una parte del cuerpo, las partes del mundo o al menos las que nos afectan, como los padres, hijos, hermanos y familiares. Y, si es posible, podremos a continuación ampliar la significación a la patria, a la fertilidad e incluso al cielo. Ahora bien, Dios remite al alma: nada hay, en efecto, en nosotros más parecido a Dios que el alma. Y luego el cielo, todos los astros y las cosas celestes estables. Los arcoiris y los cometas pueden indicar, por el contrario, más los afectos que las sustancias, precisamente porque no son estables. Otro tanto cabe decir de los truenos, los rayos y los

terremotos[48]. Pero conviene deducir de las cosas estables el significado de las diversas partes. Que son: el fuego, el aire, el agua, la tierra, las fuentes, los ríos, los lagos, los arroyos, los montes, los valles, los estanques, el mar en sentido propio (porque a veces el océano equivale al agua), los manantiales y los pantanos, las ciudades, las casas, las regiones, los prados, los bosques, las selvas, los campos, los pastos, los desiertos, las covachas, las viñas, los campos de labor, las plazas, los templos, los púlpitos, las tribunas, los rostra, los árboles, los huertos, los arbustos, las hierbas, las hojas, las flores, las cortezas, las raíces, los frutos, las ramas, los troncos, las piedras, los metales, las gemas, los objetos metálicos; los animales domésticos y los salvajes, las serpientes, los cuadrúpedos, las aves, los peces, y las partes de cada uno de los animales; los demonios, los muertos, los familiares, los hijos, los criados, los padres, los hermanos y las hermanas, los vecinos, los enemigos, la servidumbre, los parientes, tanto de sangre como los adquiridos, los reyes, los personajes públicos, los magistrados, las máquinas, el ajuar, los vestidos, los ornamentos, los libros, las armas, las flechas, los instrumentos de todo género, las oficinas, las tabernas, las farmacias, las posadas, los músicos, los médicos, los sacerdotes, las comadronas y todos los artesanos, uno por uno; la lana, el algodón, la seda, el esparto, el lino; la carne, el pan, el vino, las legumbres, los cereales; el tártaro y el infierno, la cárcel, los santos, las estatuas, las imágenes, las torres, las rocas, las columnas, los acuarios, los pozos, las letrinas, las naves y sus componentes; las cuerdas, las ruedas, las cuadrigas, las escalas, los lazos, las tejas, los lechos, las cuevas, las vorágines; los frenos, las riendas, los lunares, los clavos, los jaeces, los cubiletes, los dados, los trompos, las trufas, los hongos, el pescado salado, las tortas y cosas parecidas.

Siguiendo este mismo criterio, los afectos, y otras cosas inestables, se comparan con otros afectos. En el mundo hay afectos que se refieren al movimiento, la quietud y el sentimiento que generan en nosotros Y son inestables. Pertenecen a esta clase los rayos y relámpagos, los arcoiris, las vorágines, las figuras que aparecen en el cielo, los monstruos, la lluvia, el granizo, las voces: estos tres géneros suelen significar nuestros afectos.

Hay todavía un tercer género, común tanto a las sustancias como a los afectos, a saber, el que por su propia naturaleza representa alguna cosa: como el discurso, la pintura, las estatuas y las imágenes. Estas cosas pueden, en efecto, referirse tanto a las sustancias como a los afectos, porque su naturaleza consiste precisamente en significar. No obstante, como ya he dicho, las estatuas se acomodan más a la representación de las sustancias.

Y hay, en fin, partes comunes tanto al mundo como al hombre, por ejemplo los hijos y la mujer son por un igual partes del mundo y del hombre y así dan y reciben significado.