El libro de los sueños

Gerolamo Cardano · Capítulo 27 de 109

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El libro de los sueños

XXV Del fuego, el relámpago, el trueno

Un estanque sin peces indica que acabarán por desaparecer las riquezas que se creía poseer; con peces, en cambio, cuantiosas ganancias.

El mar indica la religión, el rey y los pueblos, que serán tranquilos o agitados según como se presente el mar. Si te sumerges en el mar, te unirás a una prostituta, porque el mar nutre a muchos seres monstruosos. La imagen del mar representa un genio malo y muerte inevitable, porque es hostil a los hombres, lleno de peligros, terrores y tempestades. Ver un mar ligeramente ondulado y rojizo es un bien, porque si el mar es tempestuoso significa peligros, temores y daños y si está en calma chicha impide el comercio. El mar indica las piernas, los brazos y los humores.

El pozo indica riqueza, pero si el agua es turbia fastidios. Si se ha secado, vaticina la ruina del soñador y de toda su casa. Excavar un pozo en el campo y no encontrar agua acarreará tormentos y penas, pero si se encuentra es signo de buena fortuna.

Si el agua inunda la tierra y se produce un auténtico cataclismo o maremoto, es signo de guerras. Si toda la tierra aparece cubierta por el agua, se difundirá una herejía o una enfermedad pandémica, una pestilencia que se esparcerá por toda ella. En el primer caso habrá por doquier estragos y guerras, en el segundo carestía. Y esta misma significación tienen también los sueños de carácter privado.

 

XXV

Del fuego, el relámpago, el trueno

 

Si el fuego te golpea y hiere en la cabeza, morirás en breve. Pero si la llama no te hiere, anuncia una gloria no pequeña. Un horno ardiente significa viajes. Si has soñado que tu casa ha sido totalmente pasto de las llamas y que luego los cascotes se enfrían, te rondan ya cerca la miseria y la pobreza. Y ni siquiera es buen signo que luego la veas reconstruida aún más hermosa, porque puede darse que tus riquezas hayan pasado a otro, capaz de hacer mejor uso de ellas. Si hay un gran fuego encendido en tu casa, se cierne sobre ti el peligro, porque no tardarán en dejarse sentir los efectos de las llamas. Por eso es signo de maldición. En cambio, si la llama es pequeña y luminosa, anuncia honores y felicidad. Los fuegos accidentales vaticinan guerras, esterilidad, terrores, sufrimientos insoportables, sediciones y tumultos en el lugar en el que se producen. Los fuegos domésticos y sus derivados son buen signo si brillan al modo acostumbrado; pensamos aquí en las velas, los candiles, las lámparas, las antorchas. Si se extinguen o se las extingue, predicen la muerte. Si se apagan lentamente, indican siempre una muerte próxima, pero con menores sufrimientos. Totalmente extinguidas, en cambio, tormentos gravísimos, de los que tal vez no se siga ningún efecto. Las antorchas encendidas tienen la peculiaridad de indicar el amor. Si un príncipe sueña que huele un gran fuego perfumado es signo de victoria, mientras que un fuego pestilente anuncia un delito en la familia. Del primero el príncipe recabará gloria, del segundo ruina. Una vela encendida junto al soñador, o incluso dos, una junto a los pies y la otra junto a la cabeza, anuncian la proximidad de la muerte. Y otro tanto puede decirse de muchas velas en un patio o en un templo, si bien, en este segundo caso, pueden referirse también a los parientes. Un cierto número de velas encendidas según el rito indican la muerte de la mujer y nupcias de otro. Velas encendidas en torno a un lecho, goces y placeres. Velas apagadas, lámparas y candiles apagados o encendidos preanuncian lutos, dolores y tristezas. Los candiles vaticinan además al rico pobreza. Un fuego apagado anuncia destierro y pobreza.

Los relámpagos y los truenos indican transformaciones políticas. El trueno equivale a un severo edicto del príncipe, porque atemoriza a la plebe. Relámpagos sin truenos indican miedos vanos. Un rayo que desquicia alguna cosa indica ruina de la casa o de la autoridad. Cuando enciende una llama es signo de gloria, porque en este caso se cree que ha sido enviado por Júpiter. Pero si lo que enciende es una llama devoradora, la gloria estará acompañada de lutos. Si nos cae cerca, anuncia que abandonaremos el lugar donde nos encontramos. Si nos cae ante los pies indica muerte, porque nos impide seguir caminando. Si cae sobre los pies proporciona gloria a los pobres y destrucción a los ricos. A quien tiene hijos le amenaza con su muerte o su pérdida, porque los brotes de las plantas alcanzados por el rayo se secan. En términos generales, la caída de un rayo anuncia cambios políticos. Es signo más funesto ser herido por el rayo de lleno o cuando se está recostado. Pero si cae sobre un lecho, un anillo, un ojo o cosas parecidas, a través de lo que ha sido herido por el rayo se anuncia la muerte de alguien, por ejemplo, de un hijo o de la esposa. El rayo acompañado del trueno indica ira, un edicto o la maldición del príncipe. Para quien se sienta en el trono y para quienes no desempeñan una magistratura es un buen auspicio; pero los magistrados, en cambio, serán privados de grandes poderes. Truenos rivalizando entre sí significan enfrentamiento verbales. Pero si están acompañados de rayos, pueblos y reyes se harán la guerra con duras batallas.