El libro de los sueños
XLIII De los estados de ánimo
XLIII
De los estados de ánimo
Llamamos afectos o estados de ánimo a todos los que nos acontecen sin un
cambio exterior[87]. Son: pensar, comprender, recordar, imaginar, temer, esperar, alegrarse, entristecerse, amar, odiar, envidiar, airarse, compadecer, desear, despreciar, sufrir, ser invadidos por el placer, sentir frío o calor, tener hambre, tener sed, tener deseo de dormir, de orinar, de defecar, y cosas parecidas. Todo ello encierra significados que desbordan sus orígenes. El temor indica la ira de un príncipe, enemigos poderosos, un pleito, una enfermedad grave. La esperanza un comienzo feliz, gozo por las cosas personales, como las nupcias, o por las de un hermano o un hijo, o el nacimiento de un hijo. El dolor es luto o pérdida de dinero, porque las visiones de este género se parecen a las sombras. Entristecerse sin motivo es un ídolo y anuncia tristeza verdadera, lo mismo que encolerizarse, porque no puede significar ninguna otra cosa. Amar significa sufrir, porque el amor es una forma de dolor y porque amar y amargo suenan casi lo mismo: amar propiamente significa pérdida, porque amamos siempre más las cosas perdidas —sobre todo las recientes— que las que conservamos.
Al odio puede aplicársele el mismo criterio empleado para la tristeza, cuando no sabemos cuál es el objeto de nuestro odio ni tampoco el motivo, pero es claro y patente que el odio existe. Si nos parece en sueños que perseguimos con odio a alguien que no conocemos en nuestra vida de vigilia, significa que estamos en un error y que somos nosotros los que merecemos ser odiados. Pero no tiene nada de extraño que odiemos, con razón, a una persona conocida, cuando recibimos de ella ofensas y daños.
Alegrarse sin una causa aparente significa, como ya he dicho, gozo, y enseguida comprenderemos la razón. Pero alegrarse a causa del dinero significa dolores, por los motivos que se indicarán a propósito del dinero encontrado. Así, pues, todas las cosas ofrecen dos aspectos. Por ejemplo: si se presenta una alegría motivada (porque en caso contrario es, como ya he dicho, una forma de ídolo), conviene que la causa de la alegría se equipare a la realidad del dinero descubierto, pues alegrarse creyendo haber encontrado un dinero no encontrado es una falsa causa de alegría y en la vigilia será causa de tristeza. La alegría es, en efecto, lo contrario de la tristeza; si la causa de una alegría es falsa generará tristeza; y dado que la alegría falsa y la tristeza verdadera coinciden y se concentran en el mismo punto, también la causa de una falsa alegría vendrá a coincidir con la causa de una verdadera tristeza, como el descubrimiento de dinero en el sueño. Así, pues, si por un determinado motivo el descubrimiento de dinero significa alegría, por el motivo opuesto significará tristeza. De este sueño extraemos, por consiguiente, dos conclusiones: que la tristeza ocupa el puesto de la alegría y que las causas de la tristeza ocupan el puesto de las causas de la alegría. Exploraremos, por tanto, dos órdenes de causas: las que se oponen a las causas de la alegría que se experimenta al encontrar el dinero, porque pueden situarse en la base de la realización de todo deseo y al mismo tiempo destruir la esperanza de realizarse; y luego cuáles son las propiedades del dinero y las situaciones que le conciernen, como las fatigas por conseguirlo, las preocupaciones por conservarlo, el ansia por distribuirlo de modo que alcancen a satisfacer propios deseos. Están, además, las causas que también en el sueño suelen acompañar a la situación del descubrimiento, como la intranquilidad porque también algún otro pueda dar con la cosa descubierta, la imposibilidad de hacerse con ella, el miedo de que llegue a advertirlo un tercero, quiera apropiársela por la violencia y nos mate. Debes, pues, tener en cuenta tres causas, porque la causa desemboca de tres modos en su contrario: o porque no se hace presente, o porque es en sí misma de alguna manera comparable al afecto contrario, o porque al realizarse suscita el sentimiento contrario y representa a este último y no al que vivimos en el sueño. Por tanto, de una causa (identificada en el sueño) se debe concluir que las causas son de tres géneros. De ahí que, como ya hemos dicho, gozar signifique sufrir, y sufrir gozar. Pero se trata de condiciones del cuerpo y son, por tanto, ambiguas, porque una cosa viene indicada por medio de la otra. El placer, cuando depende de una causa, pertenece al género de los ídolos, lo mismo que el dolor. Si estos afectos persisten una vez acabado el sueño, se les considera específicamente como ídolos.
Compadecer —pondremos de inmediato un ejemplo— significa luto, y es un signo malo. No puede convertirse en su contrario, porque es un estado intermedio y sólo los extremos se convierten.
La ira es lo opuesto a la misericordia y significa que se recibe una ofensa. También indica envidia, porque la envidia humana estalla en ira. De hecho, la envidia es un grado inferior de la ira. Y ese mismo significado tiene la indignación: por eso, todos estos afectos implican jactancia a costa de los enemigos, acciones injustas, dolores y tristeza. Y cuando el ánimo experimenta estos sentimientos, deben ser referidos a lo que el alma muestra. Por ejemplo, la ira a un dolor que la mujer o un buen amigo se tienen merecido. Representa también una enfermedad que convulsiona toda la vida, del mismo modo que la ira convulsiona el ánimo.
Envidiar significa ver que son los otros, amigos o enemigos, los que son felices. También equivale a desear, como desear equivale a envidiar. Significa asimismo dolor del alma y del cuerpo; y todo esto se refiere también a los hijos y a la mujer. Pero anuncia igualmente pérdida de las riquezas, de la libertad, de la salud, pues todas estas cosas son motivo de envidia para los mortales.
Desear y despreciar, dado que son afectos extremos, pasan algunas veces a su contrario, de modo que una cosa está comprendida en la otra. El deseo representa propiamente la pérdida de algo que no puede ya ser recuperado; identificar el dolor que esto provoca anuncia honores y riquezas. Desear un caballo significa desear honores y, al mismo tiempo, despreciarlos. Desear un asno significa desear riquezas, pero desear volver a tener el sentido de la vista significa estar privado de hijos; desear una mula, o desear poder ejercitar el propio oficio, significa verse privado de la mujer. Desear volver a tener la propia alma significa perder un hijo o la mujer. Desear honores significa desear un caballo. Desear riquezas significa deseo de curarse de una enfermedad del vientre.
Esperar es al mismo tiempo temer. Dado que se trata de los afectos principales, se convierten el uno en el otro, y ambos significan dolor, pero la esperanza es mucho peor que el temor, sobre todo en lo que concierne a una cosa perdida. Todo afecto que acontece en el sueño es vano y, por tanto, es vana también la esperanza. De todas formas, un gran temor es, como se dirá a su tiempo, signo de muerte, de modo que el temor atañe más a la muerte y la esperanza más al luto.
Comprender, dado que es cosa conforme al alma, se refiere de ordinario a un ídolo. Numerosas personas han aprendido muchas cosas en sueños, como
se dice de Hasen[88]. Yo mismo he aprendido algunas, aunque insignificantes. La comprensión es la actividad primera y la más perfecta del alma; por eso, comprender significa venerar y honrar a Dios. De hecho, existe una referencia mutua entre la sabiduría y el culto divino. Aprender de memoria significa coleccionar minuciosamente; y a la inversa, coleccionar minuciosamente significa aprender de memoria. Aprender lo que ya has aprendido significa preocupación vana y superflua. Memorizar lo que ya sabes significa poner en orden todo lo que ya posees. Recordar se refiere al pasado y significa dedicarse a la historia. La memoria representa un monumento y un sepulcro: ambas cosas tienen un mismo nombre: µνῆμα. Indica también la inteligencia,