El libro de los sueños
III De los sueños que se olvidan
poetas[28]; tengamos en cuenta, por lo demás, que la mujer no podía llevar a cabo aquellas hazañas. En un hombre, en cambio, en la plenitud de sus fuerzas, el mismo sueño podría tal vez haber significado gloria inmensa. Si la historia contenida en el sueño es totalmente imaginaria, el soñador esperará algo parecido a ella, pero será una esperanza vana. Los dragones transformados en hombres significan héroes, las lamias; fútiles prestidigitadores; y los leones, hombres feroces. Todos estos seres conservan en el sueño las costumbres de su antigua forma y sus imágenes significan cosas fuera de lo normal. Entre las causas más importantes y casi inevitables de los sueños oscuros se encuentra, además, la mezcla de imágenes oníricas con las acciones llevadas a cabo y con nuestros propios deseos, una mezcla debida a las representaciones de la memoria, de modo que es tarea sumamente ardua separar unas cosas de las otras. El alma está, en efecto, perturbada por esperanzas, temores, deleites y tristezas, y aunque no sea ella misma la que experimenta alegría y tristeza, las visiones permanecen perturbadas por la agitación de los sentidos. Y es justamente esto lo que más impide la interpretación de los sueños. Conviene, pues, establecer una separación entre los recuerdos y los sueños verdaderos y propios, pues de lo contrario toda interpretación será vana; es preciso acostumbrarse poco a poco a este proceder, con la máxima constancia, como ocurre en todo estudio complejo. Para distinguir entre los recuerdos y los sueños piensa en las cosas que más han conmovido tu espíritu el día anterior y los días próximos, por ejemplo luto, temor, una gran esperanza, alegría, felicidad, un pleito ganado, una ofensa, el odio, y separa lo que hay dentro de tu alma. Si aparecen en el sueño un hermano, el padre o la madre o un hijo muertos hace poco, implican afectos que atormentan el espíritu. E incluso en el caso de que la figura te transmita alguna advertencia, no será prudente creer las cosas que dice, porque surgen de una excesiva turbación. Pero tampoco debes despreciar por entero las advertencias que te hace. El criterio que separa un comportamiento del otro es el del orden. Es difícil, en efecto, que las cosas que constan de dos géneros estén tan ordenadas como las de un solo género. Es, pues, preciso eliminar las imágenes que se superponen y prestar fe a las que dejen el ánimo en un estado de profundo estupor.
III
De los sueños que se olvidan Los sueños se olvidan bien por la levedad de las impresiones, bien por la velocidad del movimiento o por una turbación. Hay turbación sobre todo cuando se sobreañaden otros sueños, pero a veces también sin que éstos intervengan. La turbación provocada por otros sueños es debida a las múltiples actividades del alma y a su sensibilidad extrema. Tenemos un
ejemplo ilustre en el libro de Daniel[29] de la Biblia. De donde se desprende que no todos los sueños que se olvidan carecen de significado, sirio sólo los que obedecen a turbaciones o los que se olvidan por completo. Los que dejan una impresión ligera se cumplirán más tarde, mientras que los que no dejan impresión debido a la velocidad de su movimiento se realizarán con toda rapidez. Puede establecerse una distinción entre estos dos últimos géneros de sueños, porque en los que dejan una impresión ligera vemos pocas imágenes, mientras que en los veloces vemos muchas, hasta el punto de que nos parece que pasamos, sin solución de continuidad, de la una a la otra. Debemos intentar, además, volver a recordar el mayor número posible de elementos del sueño. Los que acuden a la mente con mayor facilidad tendrán también un efecto más claro y más veloz. Es, pues, necesario esforzarse por devolver a la memoria las cosas vistas. Y cuando hayas recordado una parte notable, será preciso interpretarla. Es asimismo bueno anotar las imágenes vistas y traer a la mente las referencias oportunas para cada una de las partes identificadas; es ésta una facultad del entendimiento agente que, cuando consigue captar algo, recuerda al instante a la mente lo que se había olvidado. Hemos ilustrado todas estas ideas en el Theonosto.
Sucede también tener sueños que se olvidan pero que luego retornan, porque su impresión, que se vio estorbada por vapores o se disolvió por su levedad, se rehace una vez desaparecidos los vapores que la envuelven como una nube, o porque el entendimiento agente la despierta. El efecto de estos sueños se realiza de ordinario tarde y, en términos generales, no afectan directamente a la persona del soñador, sino a las riquezas, los amigos, los parientes; pues, en efecto, lo que está fuera de nosotros no nos mueve con la misma fuerza que lo que forma parte de nosotros mismos, aun siendo idéntica la naturaleza de las imágenes y de las cosas. Por tanto, el significado de estos sueños se refiere a otros objetos o personas; y si nos concierne a nosotros, nos afectará ligeramente y tarde.
Los sueños que se olvidan tienen otra característica: la de ser todos ellos verdaderos. Si es, en efecto, el entendimiento el que los reclama a través de la memoria, conservan la naturaleza de la memoria eterna que hay en nosotros, y esta memoria sólo tiene en cuenta las cosas verdaderas. Por tanto, los sueños que se olvidan son sueños de cosas verdaderas que no nos conciernen y que ocurrirán tarde.