El libro de los sueños
IV De la condición
Si las costumbres resultan ser ajenas a la naturaleza y a los hábitos, pero no son viciosas, como la castidad, la soledad, el desprecio de los bienes, perseverar en ellas no encierra nada importante. Ser avaro, besar a un hermano, casarse, no significa una desgracia extrema, sino penas graves para la persona y, por consiguiente, temores vanos y tal vez dolores.
Como hemos dicho, todo lo que tienen una finalidad está sujeto a un tercer criterio y debe ser referido, por tanto, a esta misma finalidad. Por ejemplo, que un ladrón tenga varias manos quiere decir grilletes, mientras que para un hombre combativo y amante de pleitos significa heridas, para los artesanos obras hermosas y éxito en su arte, para las personas honestas y amables amigos con cuyo trabajo se puede contar como con el propio.
Conviene, además, tener en cuenta que algunas costumbres atentan contra la ley y que sus resultados serán más infaustos para aquellos cuyas acciones no están castigadas por las leyes. Por tanto, no son nunca un signo seguro. Para otros, en cambio, la acción significa algo no tan peligroso, pero sí malvado.
IV
De la condición
A los siervos, los cepos les anuncian autoridad y confianza no pequeña, porque las cadenas se acomodan a su condición; de todas formas, se exponen al desprecio si son ingratos. La muerte del dueño significa para el siervo la libertad si no ha sido el administrador de los bienes. Pero si ha llevado la administración, le será quitada, porque no se administran los bienes de un difunto. Ser muertos o sacrificados en público es un bien tanto para los siervos como para los libres, pero no en igual medida: en efecto, todo lo que atañe al público confiere a los siervos autoridad, del mismo modo que la muerte los hace libres; y lo mismo ocurre si es despedazado por una fiera. En cambio, si alguien sueña hallarse en un caldero, alcanzará a comprender qué clase de siervo será. Para los siervos, la decapitación significa libertad o muerte del dueño; para los demás tiene un sentido diferente. Para un siervo, morir a manos del dueño significa libertad; a manos de un hombre libre, fin de las preocupaciones y las molestias; a manos de un siervo, una enemistad. Encender fuego de carbón debajo de la olla a los hombres libres les anuncia sumisión a un príncipe; a los siervos, acciones relacionadas con su condición. Pero si deja que las brasas se apaguen, traicionará a su dueño. Si un siervo come las brasas del príncipe, su dueño le hará feliz; si las come un libre, será el príncipe quien le haga dichoso. Para los ciudadanos comunes esto significa los residuos de una buena fortuna.
A quienes se encuentran en cadenas pueden ocurrirles tres géneros de sueños: algunos significan suplicio, otros tormentos y otros, en fin, liberación. Para estos hombres, el aplauso del pueblo no es un bien si el crimen de que se les acusa prevé la pena capital, sino que significa suplicio público. Y a la inversa, la locura y la embriaguez, que para los demás son en todo caso funestas, a ellos les anuncian eventos felices: los locos significan, en efecto, liberación de las cadenas, porque se dirigirán donde les plazca; y cuanto a los borrachos, no conocen ni dolores ni penas.
De igual manera, la pompa pública anuncia peligro, incluso la religiosa, dado que es costumbre que los sacerdotes y las imágenes sacras acompañen a los condenados. El aceite significa liberación, especialmente si soñamos que untamos los pestillos y cerrojos. Beber un fármaco mortal o ser despedazado por una fiera anuncia suplicio. Si nos hiere un barbero, significa tormentos. Salir de la cárcel, para quienes se encuentran en ella significa larga prisión, porque en tales situaciones se piensa a menudo en la libertad y los sueños se refieren a los deseos, no a su realización. Para los que no están encarcelados significa muerte.
Los diversos sueños tienen diferentes significados para los desterrados, que son personas privadas de derechos civiles. Hay cuatro clases de destierro: el simple desterrado no puede permanecer en su patria, pero puede trasladarse donde le plazca. El confinado es enviado a un lugar preciso, pero no está sometido a controles estrictos. El deportado es llevado a un lugar en cadenas, bajo severa vigilancia, y a menudo es forzado a las galeras o a la fragua, mientras que el confinado no sufre pena alguna. Y se llama, en fin, proscrito a quien ha sido condenado a muerte por el juez, pero ha conseguido evadirse; pertenecen a este género los desterrados por cuya muerte se ofrecen recompensas.
No trataré aquí de los deportados, porque su condición está incluida en el género de la cárcel, y de la más atroz, y ya hemos hablado de ello. Los hombres libres que son condenados deben interpretar sus sueños de acuerdo con la naturaleza del destierro. Los confinados y los simples desterrados difieren de los verdaderos prisioneros en cuanto que están al abrigo del peligro de muerte y de los castigos, salvo que se expongan voluntariamente a ellos. Los deportados, en cambio, están a resguardo del peligro de muerte, pero no de las penas, y los proscritos comparten el peligro de los prisioneros, pero pueden huir, si quieren, sobre todo aquellos por cuya muerte no se ofrecen recompensas a los sicarios. Para los demás, los sueños se refieren sólo al retorno; para los deportados a la liberación y para los proscritos a la muerte y la liberación, ya que si se les captura son al instante ejecutados. Aquellos cuya cabeza ha sido puesta a precio deben considerar atentamente tres posibles interpretaciones: suplicio público, muerte y liberación. Si al sueño que significa destierro se le añade una condición que no puede ser perpetua, será liberado: pensemos en las torturas, que tienen necesariamente término. También será liberado si se añade un sueño contrario al del exilio: por ejemplo, si antes de ser expulsado alguien sueña que le decapitan y luego le restituyen la cabeza o que cae al mar y se hunde en los abismos antes de marchar al destierro, pero luego, mientras está en el exilio, vuelve a emerger a