El libro de los sueños
XVI De los sueños compuestos
El quinto género es el de quienes, a punto de alcanzar una gran fortuna, tienen un sueño que los impele a realizar una acción justa, ya se trate de hazañas bélicas, de estudios o del culto divino. Estos sueños representan, por así decirlo, una imagen del propio genio, buena o mala.
Soñar con actividades habituales, fueran las que fueren, no tiene ningún significado. Estas visiones se encuadran en el género de los sueños vanos. Pero si, en lugar de las actividades acostumbradas, como para un médico hacer una lavativa o extraer sangre, alguien sueña que lleva a cabo las operaciones de un barbero o que en vez de una medicina administra un veneno, significa cambio de la situación presente, un acontecimiento distinto y una expectativa incumplida; en resumen, la persona en cuestión se verá forzada a acomodarse a un estilo de vida desacostumbrado. Todos los sueños, aunque sean de escasa entidad, tienen efectos importantes para los hombres de posición elevada y especialmente para quienes han alcanzado fama por sus virtudes o por sus vicios. Por el lado contrario, los sueños importantes tienen efectos modestos en las personas humildes, sórdidas, perezosas y viles, sobre todo si prometen buena fortuna, ya que mientras los eventos negativos están a disposición de todos, no ocurre así con los positivos, y aún menos, como acabo de decir, en el caso de las personas de baja condición o perezosas.
XVI
De los sueños compuestos
Conviene recordar que hay cuatro clases de sueños: los [46] ἀναμνηστικά, los que proceden de las comidas, los que proceden de los humores y las visiones proféticas. Es preciso, pues, conocer sus diferencias.
Los sueños divinos se dividen a sus vez en tres categorías: sueños imperativos, interrogativos e instructivos. Una ulterior diferenciación es la que se da entre los sueños completos y los incompletos. Algunos se refieren a los afectos, otros a las acciones y las pasiones y otros a las empresas llevadas a cabo. Además, algunos significan cosas generales y otros cosas particulares. Los hay que tienen un significado genérico, como el terror o la piedad, y otros específico, como el terror provocado por un león, por el hundimiento de un monte, por el desplome de una pared.
Hay, además, sueños claros y sueños oscuros, sujetos al olvido y confusos. Hay sueños recurrentes y repetitivos. Algunos son ídolos, otros visiones, otros éxtasis y otros de un género intermedio. Y tenemos, en fin, sueños ordenados, sin turbaciones y continuos, y otros interrumpidos y fragmentarios.
Los sueños se distinguen también, según los afectos del ánimo, en alegres y tristes, gozosos y tétricos, incisivos o desalentados, tranquilos y agitados, acompañados de esperanza, de temor o de piedad. Los hay largos y cortos; convenientes o inconvenientes para el que los sueña; los hay verosímiles y absurdos; algunos son coherentes en todas sus partes, mientras que otros presentan alguna incongruencia; algunos son importantes, otros de escasa entidad; algunos los olvidamos y otros se imprimen con fuerza en el ánimo y suscitan admiración. Algunos presentan las cosas mismas, otros imágenes de las cosas; unos palabras oídas, otros palabras escritas. Y, además, a veces se superponen y otras son sucesivos.
Es, pues, necesario saber distinguir cada uno de estos géneros. Ya hemos explicado en líneas anteriores cómo diferenciar a unos géneros de otros, y a los ídolos de las visiones. Hemos señalado asimismo a su debido tiempo otras muchas diferencias entre los sueños. El sueño imperativo o admonitorio se distingue de los otros dos géneros porque su materia es poco impresionante: no aparecen en ellos el Sol, la Luna, las estrellas, los leones, no se ve nada excepcional, salvo dioses, santos, demonios, muertos y todo cuanto es representado bajo figura humana.
A través de estas mismas características pueden reconocerse los sueños mixtos, pero es más fácil mediante la continuidad y la semejanza. Del mismo modo que aprendemos primero a distinguir la octava, luego la quinta, a continuación la séptima y, en fin, la tercera y la sexta, así en los sueños captaremos primero las diferencias mayores y luego las más pequeñas. De igual modo, cuando aprendemos a esculpir, a pintar o a cincelar, distinguimos primero las partes más bastas y sólo al final conseguimos dominar los detalles mínimos. Si se suceden unos a otros sueños de diversos géneros, sin ninguna conexión entre sí, deberemos considerarlos vanos, porque tienen su origen en la agitación del alma y de los espíritus. Se perciben más fácilmente los sueños de diverso género con vinculaciones mutuas, del mismo modo que de una acción pasamos a la otra.
Pongamos el ejemplo de que alguien sueña que monta en un asno y que cuando desmonta el asno corre en dirección a su dueño. Si la persona en cuestión es un amigo tuyo, quedarás exento del deber de organizar algo laborioso y fatigoso; si es un enemigo, te liberarás de un pleito que tienes con él y del que tal vez saldrías perdiendo. Los sueños mixtos del mismo género se diferencian de los mixtos de géneros diversos porque los primeros son más difíciles, más oscuros y más eficaces y proceden de un único impulso, mientras que los que cambian de género no son tan durables, porque no señalan una sucesión en el interior del sueño, sino las diversas condiciones de que el sueño nace. Más aún: un sueño mixto compuesto de varias cosas del mismo género, por ejemplo, de acciones, remite o a la simple intervención humana o a la fortuna, que son los dos motores de todas las actividades; la intervención y el error se refieren a las acciones humanas y la fortuna a su resultado. Un sueño compuesto de varias cosas de diverso género se refiere con mayor evidencia a la persona misma del que sueña y a su cuerpo, mientras que el sueño de un solo género se refiere a cosas diferentes, cercanas o lejanas, y a los afectos del alma. Y es mejor procurar interpretar de inmediato los sueños negativos, para poder evitar los males, mientras que es distinto el caso de los signos positivos que anuncian esperanza y conocimiento y el inicio de alguna cosa, pero no la cosa misma. Pero si el sueño se refiere a la gloria, a la sabiduría o la salud, debes buscar al instante la interpretación, porque te será muy útil para conseguir tu objetivo del modo más perfecto, rápido y fácil. Es, pues, útil que conozcas el significado de todos los sueños que anuncian desgracias y que contienen elementos que están bajo tu poder o en los que tiene mucha importancia tu intervención. Pero si se trata de algo vinculado al azar, debes pasar por alto su interpretación hasta que la cosa esté, con toda seguridad, en el punto debido; y a continuación debes indagar el significado del sueño para comprender cómo secundarlo y mejorarlo. Una confusión entre dos cosas del mismo género significa a menudo pérdida de una de ellas. Tener, por ejemplo, los ojos en las orejas significa ceguera, porque oirás en vez de ver; tener la nariz en los ojos es pérdida del olfato, y las orejas en los ojos pérdida del oído. La nariz en la boca es pérdida del olfato, porque sólo percibirás los sabores. En cambio, la boca en los ojos no puede tener el mismo significado, a menos que se pueda realmente perder el sentido del gusto (he podido comprobarlo personalmente en Augusto Corbeta). Así, pues, quien tiene la boca en las orejas oirá de otro cuál es el sabor de los alimentos y de las bebidas. De todas formas, la boca en los ojos puede tener otro significado, a saber, que verás a un amigo muy querido. El amigo es alegre, como dice Horacio: «No hay cosa que yo más
quiera que un amigo festivo»[47].
Llamamos agradable a lo que deleita el gusto. De igual manera, los ojos en la boca no pueden significar nada según la primera interpretación, porque no es posible informarse de nada con las orejas y la boca cerradas. Significa, por tanto, que es necesaria la prudencia a la hora de hablar; en efecto, la boca sólo toca las cosas inmediatas, mientras que los ojos miran a lo lejos. Si alguien sueña que tiene ojos de bronce, o de plomo, o de arcilla, quiere decir que será dañado y engañado por sus propias palabras. Si tiene las manos en los ojos, o será perezoso, o considerará con detenimiento las cosas que tiene que hacer, o llevará a cabo grandes acciones con inteligencia.
Incluso dentro de un mismo género, cada cosa tiene su contrario: el día y la noche, el calor y el frío, la alegría y la tristeza, la fealdad y la hermosura, el dolor y el placer, la riqueza y la pobreza. Ahora bien, todo contrario significa su contrario. Indica algo que acontecerá en el futuro, y ocurrirá de hecho. Pero todo lo que nace, nace de lo que no es, porque el contrario es indicio de su contrario, dado que en los sueños las cosas aparecen como en un espejo, y en el espejo la izquierda aparece la derecha y la derecha la izquierda y, a veces, lo que está arriba aparece abajo. Si el espejo no es plano, los objetos se presentan deformados, los grandes como más pequeños, las curvas curvadas en sentido opuesto y de otro color. Pero, por otra parte, puesto que cada cosa deriva de su semejante, pueden aparecer también cosas semejantes; y así, las imágenes son parecidas a las cosas futuras porque éstas proceden de aquéllas o de sus causas.
Además, si procedieran de cualquier cosa contraria tendrían origen en infinitos contrarios, de modo que ya no habría nada seguro. Es, pues, preciso admitir que nacen en general, o en su máxima parte, de cosas semejantes: de no ser así, un hombre rico, de piel clara, alto y sabio nacerá de otro moreno, pequeño, necio y pobre, y reinará una incertidumbre generalizada. Diremos, en conclusión, que el contrario deriva de su contrario sólo en la medida en que puede transformarse en él: como el rico en pobre, pero no el rubio en moreno. Pues ocurre que no es que una persona llegue a tener la piel clara, sino que es de piel clara y, por consiguiente, no es necesario que en el sueño aparezca como moreno o de piel oscura. Para reconocer los sueños en los que lo contrario se genera de su contrario deberemos hacer distinciones, ya que en el interior del mismo género sólo son compuestos los sueños que nacen de cosas parecidas o de cosas contrarias, mientras que los que se derivan exclusivamente de cosas parecidas son sueños simples.
Todo lo que está definido en su género significa su propio contrario, como el dolor, el placer, las riquezas, los hijos, ya que ninguna de estas cosas puede significar directamente, pues en tal caso se trataría de ídolos. Y los ídolos abarcan todas las facetas de una cosa, a diferencia de lo que ocurre en los ejemplos citados. Éstos significan, pues, su contrario propio. En cambio, las cosas no definidas significan según su propia naturaleza, porque al no contener una acción, no tienen un contrario. Y así, un olor agradable significa fama, las aves y las flores placeres y alegría, cultivar un campo riquezas, pues del cultivo de los campos se recogen frutos con los que se labra la hacienda. Ésta es la naturaleza precisa de los sueños simples y de los mixtos de un mismo género. Además, la mezcla en el interior de un mismo género se presenta bajo tantas modalidades cuantas son las especies contenidas en aquel género; también se tienen en cuenta las carencias, como la ceguera o la pérdida de los ojos. Las mezclas se producen también a causa de la debilidad del espíritu que separa las causas de los sucesos futuros.