El libro de los sueños
VIII Del éxtasis y el temblor
De todas formas, los sueños que se tienen poco después de la salida del Sol son más verdaderos que los meridianos, mientras que son más débiles los soñados antes de la puesta o inmediatamente después. No me atreveré a juzgar si éstos son más débiles que los meridianos, porque no tengo ninguna experiencia al respecto. Bastará decir que si están presentes los elementos de que he hablado, estos sueños pueden ser eficaces. Sabrás, pues, que el mediodía ofrece muchos y diversos sueños, sobre todo en verano, y mucho más numerosos de los que trae consigo la noche, sobre todo si se ha comido fruta y queso y se duerme a continuación durante largo tiempo.
VIII
Del éxtasis y el temblor
Las imágenes que aparecen en el éxtasis tienen el mismo significado que los ídolos y las visiones absolutamente claras. De ordinario, no son tan diversas como los ídolos, porque tienen causas eficaces, de modo que pueden conmover el ánimo casi como en la vigilia. Los hombres alcanzan el éxtasis de múltiples maneras: por un síncope, o porque caen en un deliquio o, en sentido propio, porque pierden toda sensibilidad hacia el exterior. Además, y dejando aparte cualquier otra causa, le acontece a quien tiene una predisposición para este estado o a quien es presa de una pasión desmedida por alguna cosa. Si en el éxtasis, me preguntarás, quedan bloqueados los sentidos externos, mientras permanecen activos los internos, ¿cuál es la diferencia entre el éxtasis y el sueño? De hecho, en el sueño acontecen las mismas cosas y no podemos decir que en el éxtasis se mantiene además el movimiento porque, aun suponiendo que permanezca, también permanece en el sueño.
Ya se ha dicho que los que entran en éxtasis oyen, pero no lo ven todo; y, en este sentido, el éxtasis se diferencia del sueño, porque en el sueño nunca se capta una voz bien definida y lo que agita al durmiente es un sonido sin una procedencia específica. En el éxtasis, en cambio, se percibe la voz, pero su sonido es como sí viniera del cielo y de lejos; en la vigilia se capta plenamente tanto la voz como su sentido y su significado.
Es, pues, claro que el oído es un sentido más sutil que la vista; por eso, es más conveniente comparar al primero —y no a la segunda— con los sentidos internos que permanecen activos durante el sueño.
El éxtasis se sitúa a medio camino entre la vigilia y el sueño, del mismo modo que el sueño lo está entre la muerte y la vigilia o la vida. En el éxtasis se adormecen la vista y el oído, pero éste último sólo de un modo parcial. En el sueño domina más la vista que el oído; de hecho, si se evitan las luces fuertes no nos despertamos ni siquiera cuando se duerme con los ojos abiertos (como muchos hacen). En conclusión, el oído es más sutil y más divino que la vista. De ahí que haya muchos ciegos sagaces, pero no tantos sordos. Y como las visiones que se tienen en la vigilia son más fiables que las que se tienen en el sueño, las visiones del éxtasis (que están más cerca de la vigilia que del sueño) serán más seguras que las oníricas y, por la misma razón, más claras y evidentes. De donde se deduce que si el sueño produce ídolos, más lo hará, y con mayor frecuencia, el éxtasis. Y como los ídolos pertenecen siempre a la vigilia y en los sueños las visiones son más frecuentes que los ídolos, así en el éxtasis los ídolos son más familiares que cualquier otra visión o construcción fantástica. Y del mismo modo que existen medios para conciliar el sueño, también los hay para conciliar el éxtasis. No obstante, habrá quienes se pregunten, y con razón, por qué nos hundimos en el sueño cada día y de la forma más natural, mientras que son muy pocos, e incluso rarísimos, los que caen en éxtasis. Y esto hasta tal punto que dada la rareza y la claridad de las imágenes, son muchos quienes creen o se imaginan que lo que se ve o se oye en el éxtasis son advertencias divinas. A mi entender, la causa está en el hecho de que es más difícil pararse a mitad de camino que en uno de los extremos. Y lo mismo puede afirmarse de la virtud, que es dificilísima de mantener, justamente porque equivale a saber estar en el medio. Por eso, los hombres se encuentran en estado de éxtasis sólo a causa de una enfermedad, o por una extraordinaria energía anímica o por unas cualidades específicas.
Por lo que a mí respecta, puedo (como ya en dicho en otro lugar) caer en éxtasis siempre que lo deseo. Pero no consigo mantenerme en este estado el tiempo suficiente para ver algo si no es después de haber encontrado el modo de contemplar aquellas imágenes que son parecidas a los demonios.
Es dudoso que en los éxtasis puede verse y al mismo tiempo oírse algo. Se ve cuando no se oye, y se oye cuando no se ve. En el caso de los éxtasis hay
quienes hablan de almas fanáticas. Dionisio[30] [31] prefiere hablar de ἀναγωγή.
Pero yo no creo que en este estado contemplemos cosas divinas: quien entra en éxtasis no sale de su mente; no es presa de la estulticia o de la locura, del furor de los sacerdotes de Cibeles sino que, como he dicho, se encuentra en un estadio intermedio entre el sueño y la vigilia, en el que se cae a menudo empujados por los más acerbos dolores.
¿Es, pues, el éxtasis igual que el sueño? No. Quien está en éxtasis está perturbado por la voz si le acontece oír alguna cosa; ve cuando no oye, aunque de todas formas puede oír. Quien duerme, en cambio, no oye ni puede oír. El que sueña y el que cae en éxtasis tienen en común el hecho de que ven imágenes parecidas cuando todos los sentidos, excepto el oído, callan y están bloqueados. Pero quien es presa del éxtasis puede oír y quien duerme no.
De todas formas, dado que en el éxtasis el alma está menos liberada de los sentidos y, por consiguiente, más prisionera que en el sueño, para poder tener cualquier visión debe estar tan purificada y los sentidos deben ser tan sutiles que permitan que aquellas imágenes la afecten, aunque esté ligada al cuerpo. Y es asimismo necesario que las imágenes la impresionen con una vehemencia mayor, de modo que las visiones que se tienen en el éxtasis son verdaderas y poderosas. Es posible, además, alcanzar el éxtasis a través de una intensa meditación y también de otras maneras, pero no es, en cambio, tan fácil, alcanzar el éxtasis divino. Pues, en efecto, si el alma está volcada en la meditación, ¿cómo podrá tener visiones de otro tipo?
Cuanto he dicho hasta ahora es válido tanto para mí como para los demás; pero es, en cambio, una característica personal exclusivamente mía sentir que la estancia tiembla a mi alrededor mientras estoy perfectamente despierto. Y es un síntoma que dura mucho. Me aconteció por dos veces el año pasado, mientras estaba acostado y, dado que era ya de día, decidí averiguar la causa, por si el fenómeno se repetía. Y como en cuanto me levantaba el fenómeno cesaba, mientras que si me tendía se repetía de nuevo, caí en la cuenta de que la causa era el movimiento de un espíritu leve, que palpitaba no en el corazón o en torno a él, sino un poco más abajo. Como no había nadie más presente y por tanto sólo yo podía oír aquel temblor, no fue posible llevar adelante las pesquisas. Así, pues, mientras que los espíritus que aletean en el cerebro parecen mover las cosas más lejanas, los que se encuentran por debajo del corazón hacen temblar las más cercanas. Y por eso cesaron mis temores: se trataba, en definitiva, de una anomalía física y no de un fenómeno prodigioso. Pero si son muchos los que tienen esta impresión y se encuentran todos en la misma estancia, se considera que es un prodigio no pequeño, aunque también en este caso puede aplicarse la misma explicación física.