El libro de los sueños
IX Del carácter
IX
Del carácter
Es necesario considerar atentamente la naturaleza del soñador. Algunos, en efecto, tienen con frecuencia sueños vanos, por ejemplo, los mentirosos, porque están habituados a ver y oír lo que concuerda con sus pensamientos, sea falso o verdadero. Por eso, a los que dicen la verdad se les presentan sueños más veraces. En segundo lugar, hay personas a las que todos los sueños tienden a indicar eventos precisos. Este fenómeno es aún más sorprendente cuando los sueños se refieren a cosas que no les ocurren a menudo a tales soñadores. Y así, para algunos comer uvas significa ganancias, a pesar de que han ganado poco en todo el año; para otros, verse azotados por un médico significará tomar una medicina. En tercer lugar, hay sueños que para unos individuos son faustos y para otros funestos, según la naturaleza de cada soñador.
En términos generales, las personas melancólicas tienen más sueños, los hombres abyectos tienen sueños vanos y los nobles verdaderos. Los linfáticos tienen sueños vanos, los biliosos verdaderos. Pero son sobre todo las personas estables y con temperamento equilibrado las que tienen sueños más veraces.
Además, para algunos los sueños sólo son verdaderos si presentan uh determinado signo, para otros no lo son nunca. Es, pues, óptimo conocer sus causas, no sólo porque esto ayuda a comprenderlos mejor, sino también porque una vez conocidas las causas es posible comprender también un número mayor de sueños, pues mezclando causas diversas se tendrán siempre sueños diferentes.
En segundo lugar, se corre el riesgo de cambiar una cosa por otra (aunque esto acontece más raras veces) cuando el sueño te afecta profundamente y su objeto te es familiar y le profesas una gran estima.
Aquellos cuyos espíritus están menos impedidos, son más fuertes y están más ejercitados, ven ídolos, mientras que los espíritus indolentes e inertes tienen sueños más sinuosos y las almas intermedias discurren por la vía del medio.
El hecho de que soñar con la lluvia sea para unos fausto y para otros infausto depende de lo siguiente: en primer lugar, los sueños que significan cambios son propicios para los desdichados y penosos para los felices. Todos los sueños que armonizan con el trabajo que desempeñamos, con nuestros deseos y nuestras costumbres, son un bien, y los contrarios un mal. Por tanto, para los buenos, servirse de las cosas de los otros significa pobreza, porque las personas honradas sólo se sirven de los bienes ajenos si se los prestan. En cambio, para los malvados significa ganancia, porque apenas tienen algo ya creen que es suyo.
Quienes hacen que los sucesos pasen rápidamente unos tras otros tienen una naturaleza mudable que no tolera dilaciones; pero tienden, en cambio, a demorarse en las cosas los que se ocupan de graves problemas en los que inevitablemente el final dista mucho del principio. De donde se sigue que el inicio acontecerá poco después del sueño, pero el desenlace estará muy distante en el tiempo. E incluso cuando el inicio está lejano, no lo está la causa o el cambio de las costumbres.
Además, dado que para algunos los sueños verdaderos presentan un signo, es necesario que sus reflexiones sobre ellos produzcan buenos resultados. Y del mismo modo que ponemos un signo en las acciones que deseamos llevar a cabo, otro tanto ocurre también en los sueños. La naturaleza es tan poderosa que hay quienes saben adivinar a menudo incluso frente a sueños casuales y en contra de toda esperanza. Ocurre así (como ya he dicho) gracias a la concentración, que se deriva o bien de las excelentes facultades del intérprete o bien del ejercicio.