El libro de los sueños

Gerolamo Cardano · Capítulo 75 de 109

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El libro de los sueños

V De los sueños en los que nos parece que estamos despiertos

Nos falta por mencionar los dos otros tipos de sueños incompletos. Los que se mezclan con otros sueños entran en el marco de los sueños compuestos, de los que se hablará a su debido tiempo. Serán, por tanto, sueños incompletos en sentido propio y verdadero aquellos durante los cuales nos despertamos, sin que importe que ocurra por accidente o por necesidad natural, porque (como ya he dicho) lo que aparece en todos los sueños, o al menos en muchos de ellos, está determinado por la naturaleza. Además, si provienen del destino, el impedimento —tanto si es debido al azar como a la naturaleza— tiene la misma causa, una causa infinita y sin limitaciones de poder, es decir, el orden mismo del destino. Por tanto, cuando ocurre, debe analizarse si el sueño es importante o no. Si no lo es, puedes olvidarlo, porque es escrúpulo excesivo ocuparse de sueños insignificantes e incompletos cuanto hay tantos importantes y completos. Pero si el sueño es importante, conviene mantenerse en guardia, porque es como si un amigo quisiera advertirte, o hubiera intentado hacerlo, sin conseguirlo del todo. De ordinario, estos sueños son funestos y temibles. Se debe, pues, intentar completarlos con cuidadosas conjeturas, a partir de las partes que se recuerdan o recurriendo a la ayuda de sueños pasados, o tomando en consideración los eventos que están a punto de producirse, o sueños sucesivos. Podrá asimismo proporcionar alguna ayuda lo que se dirá dentro de poco sobre los sueños compuestos.

Pertenece también al género de los sueños incompletos el caso en el que deseamos preguntar algo y nos despertarnos antes de haber formulado la pregunta. Y lo mismo cuando conseguimos preguntarlo, pero nos despertamos antes de recibir la respuesta, o también cuando el sueño no se disuelve, pero tampoco responde a nuestras preguntas o, en fin, cuando el sueño nos da la respuesta, pero luego no somos capaces de recordarla. El primer caso indica una acción correspondiente al sueño y no iniciada; el segundo, una acción iniciada sin la aprobación de las personas involucradas, más aún, en contra de su voluntad; el tercero, una acción que tropezará con obstáculos y será un negocio inútil; el cuarto se refiere al cumplimiento de sucesos ambiguos y se inserta en el género de los sueños que se olvidan.

 

V

De los sueños en los que nos parece que estamos despiertos Los sueños en los que nos parece que estarnos dormidos anuncian obstáculos y ausencia de ocupaciones, pues de hecho el sueño es un impedimento para todo tipo de acción. Pero para quien terne sufrir es un bien, porque quien duerme no siente nada. Dormir en la calle, en una iglesia, en una tumba o entre los difuntos anuncia muerte; con todo, este último sueño también predice una vida sórdida entre personas sórdidas. Dormir en la calle vaticina muerte repentina y en la iglesia además ayuda divina y salvación más allá de toda esperanza. Darse cuenta de que se está soñando indica fuerza mental, gracias a la cual la mente es capaz de conocer también durante el sueño y no es engañada donde otros suelen serlo. Indica asimismo que las cosas vistas son verdaderas, porque el que duerme no puede ver nada más verídico que el hecho de que está dormido.

Soñar que se está despierto quiere decir, en cambio, ser engañado por una persona en la que se ha depositado la máxima confianza; o también, que después de ser liberado de un error, se cae en otro; o que las cosas que aparecen son verdaderas, de acuerdo con el tipo de sueño que se está teniendo. Un estado de vigilia propio y auténtico revela un error respecto de las cosas que creíamos que eran verdaderas. La falsa vigilia muestra la falsedad de la interpretación de las cosas vistas y oídas. Estar despierto en el sueño remite también al acostumbrado dicho: «¡Despierta!». Señala, pues, un gran peligro o la amenaza de un engaño. El criterio para interpretar el sueño no es el sueño mismo, sino lo que le precede. Verse a sí mismo despierto invita a estar atento a las cosas vistas, pues se refieren a negociaciones en las que se oculta un engaño. A veces este sueño remite simplemente a un asunto cualquiera del día que hemos olvidado cuando dormíamos. Estar despierto en el sueño anuncia la presencia o la inminencia de gravísimas preocupaciones. Si creemos que estamos despiertos y que después nos dormimos, es indicio de un asunto complicado y se vincula a la situación en la que el sueño mismo se contradice a este respecto, no importa si una o varias veces. En general, los sueños en los que parece que se está despierto anuncian fraudes, revelación de cosas ocultas y engaños. Se derivan también de un conocimiento imperfecto, porque pertenecen a otro género, del que hablaremos dentro de poco.

Hay quien sueña que duerme, y esto se parece a la muerte. Si el que sueña es consciente de que está dormido, esta característica indica, por un lado, la veracidad del sueño pero, por otro lado, la excluye en parte. Pues, en efecto, no siempre es verdadero lo que vemos con la mente cuando estamos despiertos; más aún, pocas veces se corresponde con la realidad. Sólo podemos captarlo si nuestra alma es pura, y por eso estos sueños son una mezcla de verdad y de falsedad.

Cuanto a la actividad intelectiva, nuestra mente presenta cinco situaciones, a saber: que conocemos estando despiertos, o que somos conscientes de que estamos dormidos, o que entendemos que estamos despiertos mientras que en realidad estamos dormidos, o que estamos totalmente inmersos en el sueño, o que dormimos profundamente. Si acertamos a distinguir estas modalidades a partir de su causa, podremos comprender perfectamente los sueños. En primer lugar, el alma tiene sueños verdaderos porque es ayudada por la mente con un ligerísimo movimiento de los espíritus; de hecho, no puede ver el futuro si el movimiento es violento, ni puede, por otro lado, comprenderlo si no hay movimiento alguno. Así, pues, cuando el movimiento es ligero, hay personas que, en estado de vigilia, no lo advierten, porque el alma está sujeta a movimientos más violentos y sólo en el sueño pueden captarse los movimientos ligeros. Cuanto más ligeros son, más sutil será el conocimiento de los más pequeños detalles de los sucesos futuros, de donde se deduce que no ven nada ni quienes están despiertos ni quienes duermen profundamente. Quienes, en cambio, advierten que están soñando están más cerca del estado de vigilia, porque conservan un cierto grado de sensibilidad; esto es aplicable tanto a quienes son conscientes de que sueñan como a quienes en el sueño advierten que han soñado, porque en ambos casos los espíritus tienen un movimiento más violento, que impide prever con claridad el futuro. Así, pues, entre estas dos categorías de soñadores, los que creen en sueños que duermen y los que creen que se habían dormido, son éstos segundos los que tienen sueños falsos que señalan engaños presentes, pasados o futuros, porque creen en el sueño que están despiertos, mientras que los primeros tienen sueños oscuros y dudosos, como lo son las esperanzas de quienes están despiertos. Es, de todas formas, típico de estos soñadores, y en general de quienes creen en el sueño que sueñan y duermen, tener un sueño ligero, una sensibilidad interior muy desarrollada y una mente rápida; y todas estas características se encuentran tanto más desarrolladas en el soñador cuanto mayor es la frecuencia con que se le presenta esta impresión. Se registran también, aunque raras veces, mezclas de estas diversas situaciones. Así ocurre, por ejemplo, cuando alguien cree que duerme y sueña que se despierta. En este caso, el alma, liberada de un error, cae en otro, porque el que sueña tiene siempre la impresión de estar despierto, aunque sin ser consciente de ello, mientras que el que cree en sueños que está despierto da un paso más: cree que primero se ha dormido.