El libro de los sueños
XI De los sueños terribles
Así, pues, en los sueños especulares debe considerarse con gran diligencia lo que es menos evidente, como la última imagen. Y así como los expertos niegan que pueda percibirse en el iris la tercera reflexión de alguna cosa, así las imágenes subsiguientes al primer sueño son más oscuras que las precedentes, lo que significa que son también menos ciertas. Estas imágenes están presentes en el sueño más profundo, porque cuando se imprimen con fuerza no se pueden borrar; pero con la llegada de una nueva imagen se superpone, por así decirlo, una corteza y lo que se había visto primero con claridad ahora se toma oscuro. Con todo, al añadirse nuevos elementos se hace más fácil la interpretación, de donde se desprende que este género de sueño tiene siempre una explicación imperfecta y una naturaleza múltiple y heterogénea. Puede también ocurrir que contengan algún elemento peculiar y en todo caso son signo de una mente fuerte, del mismo modo que el iris ha de ser muy claro para poder reflejar otra cosa. Digamos finalmente que estos sueños se componen de diversos elementos, imágenes y materias.
XI
De los sueños terribles
Los sueños terribles surgen de situaciones concretas[32]: si alguien ha ingerido la sangre de una oveja negra o de una cordera con sal y poco después se ha adormilado sobre las pieles apenas desolladas y todavía no bien secas del mismo animal, o de otro de piel negra, tendrá sueños terribles, sobre todo si ha ayunado el día anterior y, junto con la sangre, ha comido también tres
hojas de hierba mora verde[33], planta que tiene hojas parecidas a las del jaramago, raíz blanca y cóncava, de un codo de longitud, pulposa, y lleva en la cima un fruto parecido al del olivo, pero cubierto de pelusa; la flor es negra, los frutos son arracimados, como los de la hiedra, pero un poco más grandes y blandos (aunque debe añadirse que se usan más las raíces). En su cima aparece, pues, el fruto cóncavo de un gran saúco reluciente y notable por su color negro y ceniciento: así se le describe, bajo el antiguo velo de la poesía,
en la [34] Nekya homérica. Tal vez la raíz de la planta que los venecianos llaman belladona pueda hacer las veces de la hierba mora, y acaso también el fruto del manzano espinoso. Se tendrán sueños mejores y más verídicos si en lugar de estos alimentos se come pan con almendras frescas, sal y azúcar o acostándose sobre pieles de ovejas blancas. Si se comen estas cosas, los sueños serán más puros y alegres; y lo mismo si se pone debajo de la cabeza
una piedra blanca[35].
Cuando los sueños terribles no proceden de la comida implican sin duda amenaza de graves males. Si sobrevienen a causa de los humores, significan furor y melancolía; en otro caso, anuncian muerte, luto, cárcel, tormentos, destierro, largas enfermedades, insidias, ira de los poderosos, injusticias no vengadas, graves y prolongadas persecuciones, pobreza extrema y todo tipo de males imaginables.
Existen varios géneros de imágenes terribles. Las peores son las que hacen que el durmiente se agite en el lecho, porque son siempre nefastas; luego las que le fuerzan a levantarse y, en fin, las que le hacen sudar. Las que no llegan a provocar estos efectos no son tan funestas. Son aún peores aquellas en las que no se consigue captar nada cierto o en las se percibe el futuro bajo la forma de un ídolo, como morir a mano de bandidos o de otra persona. Son, en cambio, menos funestas las relacionadas con el mar, los ríos, los terremotos, las fieras, el fuego, el relámpago, el granizo, la amenaza de un suplicio, porque de ordinario están provocadas por una sobreabundancia desmesurada de los humores, aunque la última imagen tiene su significado propio, como se dijo en su momento.
El hijo de la noble señora Violante Marinone soñó repetidas veces, cuando tenía doce años, y antes de morir cruelmente a manos de un pariente a quien había sido confiado, que le mataban, y se despertaba con grandes alaridos.
Hay dieciséis clases de sueños terribles. Algunos son provocados por montes y ruinas, otros por los rayos, los terremotos, los hundimientos, los naufragios, los suplicios públicos, por bandoleros y gente de esta calaña, por bestias feroces o por serpientes, por la oscuridad, el día del juicio, una causa incierta, la muerte, la peste, la huida, los monstruos. De todos ellos, los más graves son siempre los debidos a hundimientos y ruinas. También es un mal, y gravísimo, el terror sin una causa clara, del mismo modo que el naufragio es un mal que significa desgracias y turbas turbulentas. En cambio, los terremotos, los suplicios públicos, la muerte, la fuga, los monstruos, la oscuridad no siempre presagian un mal. El día del juicio significa justicia en el lugar en el que se sentencia el caso y fin de las preocupaciones o de un negocio. Los monstruos significan un hombre conocido vestido de una forma inhabitual. La oscuridad error, temor, ignorancia. Hombres en fuga anuncian guerras, pestes y calamidades públicas. Aquí no es inevitable que el que sueña sea alcanzado por ellas. El gran temor frente a las serpientes y las fieras no anuncia un mal —salvo que causen heridas— sino sólo un peligro. No obstante, si te atacan, aunque no te hieran, y el sueño se resuelve en lucha, vaticinan un mal.
Todos los sueños que indican unión o separación perpetua, y los que se refieren a un funeral, un cortejo, un cambio de vida, indican peligro, y no sin motivo. Y el mismo significado tiene, especialmente para las mujeres, ser transportado en un gran animal, sobre todo si es un elefante, por la naturaleza del acto mismo y porque el elefante se asemeja al féretro. Si se sueña que se es transportado a la cima de un monte el peligro es doble: por la magnitud del monte y por la hostilidad de la naturaleza. Del mismo modo, la partida a tierras lejanas, los saludos a los seres queridos, una casa en el cielo, en las nubes o bajo tierra significan alcanzar la condición de hombre libre, para quien no es esclavo la salida de la cárcel, para quien no está en ella casarse con un viejo, divorciarse y quedarse soltero. Estar en el útero de la madre, reposar con los muertos, masturbarlos, besar su sexo, darles vestidos, dinero y alimentos, entrar con ellos en las tinieblas sin poder salir, ser transportados por ellos, navegar con ellos, ofrecerles los propios vestidos para que se los pongan y se los quiten, todo esto es terrible y signo de muerte. Son igualmente sueños que anuncian la muerte unirse a los dioses, ser azotado por ellos, hablar con el mar, beberse un río entero, ver arder y hundirse el techo de la casa, ver los pies amputados o envueltos en llamas, abrirse la tumba paterna, ser privado de los ojos, de la nariz o de la cabeza, ver los propios huesos al desnudo o a los seres queridos vestidos de luto; yacer con la propia madre, llevar a pastar a animales pequeños, derramar lágrimas como si se estuviera lejos de casa, ser llamado por un demonio o por un muerto a quien se conoce pero sin poder verlo, aunque reconociéndole por la voz; ver la casa llena de sacerdotes y de velas, estar cerrado en casa, ver que brotan del propio cuerpo el trigo y otras plantas o que penetran por la boca o las orejas topos u hormigas, sentirse libre de toda preocupación, celebrar nupcias con parientes muertos.
Son también signos de muerte obtener un cargo al que un simple ciudadano no puede aspirar, recibir honores reservados a las mujeres o conseguir el ingreso en el colegio de una ciudad extranjera reservado en exclusiva a sus ciudadanos. Entrar en una taberna o en un lupanar desconocidos y no volver a salir, descender al tártaro, que es el reino de los muertos, o bajo tierra (que es lugar común a todos) significan muerte. Ponerse un vestido de la misma tela con que se recubre el féretro, hacer o padecer lo que afecta a los cadáveres, ser privado de aquello de que se priva a los cuerpos de los muertos, todo esto es funesto. También lo es transformarse en un ser de fango o convertirse de criatura terrena en criatura inmortal, o de
inmortal pasar de nuevo a la condición mortal. Soñar con la cera[36] es terrible y letal por varios motivos: porque cuando se quita la cera de los panales, las abejas mueren, y porque las tumbas se decoran con cera blanca. Además, todo en los muertos es pálido, como lo que se hace con cera; son asimismo de cera las estatuillas que se cuelgan en los templos cuando se escapa a una gran desgracia. Recurrimos a la cera para toda clase de heridas, dolores y cosas semejantes. Es igualmente letal llevar vestidos de madera o de piedra. Construir su casa entre extranjeros, erigir la propia tumba y decorarla, entrar en una casa desconocida con muchas estancias de las que adviertes que sus moradores han muerto, todo esto presagia la muerte.
Son terribles todos los sueños que anuncian un gran mal. Y son grandes males la propia muerte o la de los seres queridos, la esclavitud perpetua y la deportación, una enfermedad incurable, torpe o cruel, como la elefantiasis, el carcinoma, los cálculos de vejiga, la hernia para los que tienen que trabajar, la pérdida de la vista o del oído, la pobreza extrema. Todas las demás incomodidades, el hombre fuerte no sólo puede sino que debe soportarlas, incluida la demencia, que es la peor de todas.
Algunos sueños se consideran terribles porque no se indica su efecto, como si alguien se viera a sí mismo entre demonios y muertos que le aterrorizan. Pero sueños tales no significan nada terrible, porque no tienen en realidad una sustancia definida; es, por tanto, errónea la interpretación que les dan muchas personas, en el sentido de que son espantosos y pueden dañar. Es asimismo vano el terror provocado por cosas que no se cumplen: por ejemplo, que parezca que un monte se desploma, pero no lo haga o que se derrumbe en un lugar distinto; y lo mismo cabe decir del rayo. Estos sueños significan peligro, pero no daños efectivos. El rayo significa agresiones; el desplome del monte, temores vanos. Todos los sueños en los que nos parece que padecemos cosas terribles de manos de personas de las que no debemos tener miedo, como los propios padres o los hombres justos, denuncian que somos nosotros los culpables. Si quienes actúan son, por el contrario, los hijos o padres perversos, aunque en vida nos amaron, el sueño muestra cuáles son nuestros errores, errores que nos acarrearán graves daños.
Todo lo que es picante, como los ajos, las cebollas, la mostaza, las algarrobas, vaticina luto y lágrimas. Se me dirá que ya he hablado de todas estas cosas; pero si suscitan en el sueño lágrimas, suspiros, terrores, son mucho más infaustas y tienen un significado más acentuado. También una separación dolorosa es presagio de luto, cuando el que parte es el padre, la madre, un hijo, un hermanastro, un hermano o la esposa. En el caso de que tu hijo y tu mujer se saluden y tú llores, si el hijo no da señal de considerar como un luto esta partida, morirá sólo él; en caso contrario, a continuación de este
sueño morirán los dos, como les acaeció a Timagora y Meleti[37]: ambos fallecieron la misma noche. Significan asimismo dolor y luto las lágrimas, los gemidos y los suspiros de un pariente; si tú mismo eres víctima de este dolor, soñando por ejemplo que tu mujer, aterrorizada, derrama lágrimas, morirá vuestro hijo, porque si tú mismo te sientes tan alcanzado por este llanto, es que el hijo debe morir: de hecho, no eres tú quien ha derramado las lágrimas, porque no conoces, como conoce tu mujer, lo que ocurrirá. Si, en cambio, el dolor no te alcanza, o no morirá tu hijo, o morirá otro hijo a quien detestas, y no a causa de la madre. Todos los ritos fúnebres acostumbrados en un determinado pueblo significan luto; en este campo conviene observar más las costumbres que la cosa en sí. Algunos se dejan crecer la barba, como los italianos; otros, por el contrario, se la rasuran, como los griegos; otros esparcen ceniza sobre sus cabezas, como los judíos. Comer o morder su propia carne es signo de luto. Si a un criado o al dueño se le aparecen puertas nuevas en su propia casa, el dueño morirá. Si, además, le parece que está encerrado dentro, esta muerte entrañará la ruina de toda la familia.
Encontrarse en el fuego, en el hielo, ver muchas camas y caminar por ellas significa ardor del alma y del cuerpo y desgracias, aunque no tan crueles como el luto; en el caso de los ancianos este sueño puede implicar piedad y terrores, y a veces también el mismo luto. Chapotear en el cieno, yacer en el fango, limpiarse el sudor con un paño o trasudar sangre, sobre todo si es por todo el cuerpo, anuncia calamidades graves y a menudo aquello con lo que te limpias será la causa de la desgracia. Ver a los amigos y parientes tristes y hundidos en el silencio anuncia graves infortunios. Tiene el mismo significado, aunque los males son menos graves, ver a los enemigos alegres, sonrientes, divirtiéndose entre sí. Oír que los dioses o un santo benévolo te dicen: «¡ay de ti!», o verlos tristes y harapientos o casi desnudos es presagio de miserias sin que nadie acuda en tu ayuda. Las nupcias con un demonio, con una furia infernal, con una serpiente, y todavía más el apareamiento si la serpiente es venenosa, o bailar con un esqueleto, ir a la morada de Cerbero, el perro infernal, todo esto son sueños funestos, fuera de lo común y horrendo. También lo es delirar. Quedarse ciego, sordo o desdentado, precipitarse desde una altura, perder los brazos, ver borrado el propio nombre —que puede significar, propiamente, el destierro— anuncian sin duda grandes males. Caerse las uñas o todos o la mayor parte de los pelos indica terror y debilidad en todo tipo de actividades y gran disminución de todos los bienes. La visión de un cíclope es funesta; y la de su antro abierto de par en par, o una tragedia representada en el teatro, o el derrumbamiento de un edificio noble y bello, son sueños espantosos. Ofrecer sacrificios a demonios malvados o a divinidades infernales preanuncia lutos y muerte. Si un reo o un simple ciudadano sueña que se ve privado de la mitad de su hacienda, en un primer momento sus enemigos le despojarán de sus bienes y a continuación, sin que pase mucho tiempo, morirá, pues, como solemos decir, quien pierde la mitad lo pierde todo. Ver que en la casa todo está revuelto, por ejemplo, el pozo, el baño, los pucheros, las ánforas del vino, significa la ruina de todo, de los
bienes, de las actividades, de las amistades. Schiruachan el Indo[38] refiere que un individuo se acercó a Serim, su maestro e intérprete de sueños, y le dijo: «He soñado que cabalgaba en un hermoso corcel y, tras haber cruzado por mil pasos, lo puse sobre mis hombros y lo llevé aquella misma distancia». Serim le preguntó: «¿Cuándo has tenido este sueño?». Respondió: «Hacia el
alba». Entonces Serim dijo: «Dentro de poco caerás en combate»[39]. También todo lo que está acompañado de gran estrépito y de ruido intenso, y lo que es devuelto a las entrañas de la tierra, tiene de ordinario un significado funesto.
Lo que anuncia pobreza miserable aparece pocas veces acompañado de gemidos y terror, y más a menudo de lágrimas. Si alguien ve que es otro el que siega sus mieses, recoge sus frutos, o le rae todos los pelos y le rasura la barba, si se ve despojado de sus propios vestidos o desangrado, privado de algo en lo que había puesto las más vivas esperanzas, si sueña con el frío y la nieve, el granizo y la helada, todo esto significa pobreza doblada y fallecimiento, ya sea por el frío en cuanto tal o porque se trata siempre de cosas que destruyen las mieses y las cosechas. El pan mísero y el salvado, las arcas rotas, agua en vez de vino en las ánforas y en la mesa, multitud de topos y de arañas, un colchón viejo, una cama sucia, todas estas cosas vaticinan pobreza extrema. Estar encadenado por el cuello, si es un acto voluntario significa entregar la propia hacienda a los amigos y aduladores; si es un acto impuesto, los bienes desaparecerán consumidos por pleitos y enemigos y, en todo caso, mediante la violencia, por ejemplo, mediante la orden dictada por un príncipe o por los magistrados, porque un encadenado ofrece cuanto tiene para recuperar la libertad. También el vientre vacío anuncia pobreza; si está lleno de aire, se considerará rico, pero sin razón. Si te parece que tienes una herida incurable, te verás dentro de poco despojado de todos tus bienes. Entre los signos específicos de la pobreza causada por un hombre más poderoso que tú se cuentan el que tú mismo, tu casa y tus campos seáis arrastrados por un río o un torrente. Si, en cambio, alguna de estas cosas aparece sumergida y sepultada en el agua, serás reducido a la pobreza a causa de tus gastos y de tus acreedores.