El libro de los sueños
VI De los casados, los sacerdotes y los célibes
Depilarse en el baño es un gran mal para los ricos, porque sufrirán ingentes pérdidas. Pero es un bien para los pobres, porque se verán libres de molestias. Para un pobre, ser engalanado y llevado con gran pompa por otros hombres, ser alabado y observado, significa la muerte; para un rico, una empresa egregia.
Significan granjas el hígado, los graneros, las fuentes, las coronas de espigas y los pámpanos, el parto de las cerdas, los bueyes y boyeros, los rastrillos, los carros, los trujales, los escardillos, las azadas y otras muchas cosas parecidas y de variado género.
Todo lo que significa pérdidas, como ser despojado por salteadores, los naufragios o los hurtos, para los ricos significa verse privados de cosas queridas, para los pobres adquisición de riquezas, pues no podrían perderlas si no las tuvieran.
VI
De los casados, los sacerdotes y los célibes
Lo que se les aparece en sueños a los sacerdotes (que entre nosotros son célibes y no pueden tener esposa) se interpreta, en términos generales, como si estuvieran casados. Es, pues, necesario considerar cuáles son sus acciones. Todo lo que puede significar la mujer, para ellos se refiere al sacerdocio y la fama, y así es entendido. El sacerdocio se adhiere al sacerdote como la mujer al marido. Por tanto, si un sacerdote sueña que se casa con una mujer rica, tendrá un sacerdocio remunerativo. Si sueña que la mujer muere, será privado del sacerdocio; si enferma, que sus funciones sacerdotales se verán sujetas a pleito.
Cuanto a las cosas que no afectan sólo a la mujer, sino a ambos cónyuges, si se les atribuyen a la mujer serán interpretadas del mismo modo: por ejemplo, tener o criar hijos quiere decir inducir a una o más personas a que esperen sucederle en el sacerdocio. En cambio, lo que no puede ser referido a la mujer, como un homicidio, se considera insignificante. El célibe se diferencia tanto del sacerdote como del casado. Casarse no tiene nada de absurdo en el caso de los célibes, mientras que sí lo es divorciarse. Por el contrario, el divorcio no es absurdo en el caso de los sacerdotes y de los casados, porque significará, en los primeros, que renuncian al sacerdocio, y en los segundos que se separan de su mujer. Tomar mujer es en los dos casos absurdo y, por tanto, vaticina que ambos cometerán acciones torpes y nefandas.