El libro de los sueños
II De la clasificación de los sueños y del orden de su estudio
II
De la clasificación de los sueños y del orden de su estudio
Respecto de los sueños, como respecto de cualquier otra cosa, es necesario que se den ciertas causas eficientes. En nuestro caso, hay causas corpóreas e incorpóreas y ambas pueden ser nuevas o existir con anterioridad. Deben
distinguirse, por tanto, cuatro géneros de sueños[15]. Son causas nuevas y corpóreas los alimentos y bebidas, por ejemplo, la cabeza de pulpo, las coles, las cebollas, las habas, todo lo que afecta a la cabeza y cría principalmente bilis negra. Entre las causas ya existentes con anterioridad se cuentan los
humores[16]: pues la bilis amarilla decreta en todo caso fuegos y batallas, y la negra, cieno, fango, funerales, cárceles y temores; la sangre, juegos, lugares amenos, sangre y púrpura; la pituita, agua, lluvia y nieve, porque es muy fría. Las causas incorpóreas y ya presentes son las preocupaciones, los pensamientos, los recuerdos, el miedo, la esperanza, la alegría, la tristeza, el odio y el amor. Las nuevas e incorpóreas están insinuadas en el alma por una causa superior. Pero deben aportarse pruebas de que existe este cuarto género. En efecto, mientras que todos están de acuerdo acerca de los tres primeros miembros de la clasificación, son muchos los que intentan situar este último en el interior de alguno de los tres precedentes.
Es preciso preguntarse, ante todo, a qué género pertenecen los sueños que deseamos examinar y cuáles de ellos son verídicos y cuáles otros falsos. De hecho, sólo revelan el futuro los sueños sugeridos por una causa superior o los que provienen de los humores. Será luego necesario explicar por qué son verídicos y qué grado de verdad encierra cada uno de los géneros. Y, además, cuáles son en sí mismos evidentes y cuáles necesitan interpretación. Deberemos también explicar qué clase de interpretación debe aplicarse a cada uno de los elementos concretos de las visiones oníricas. Hablaremos también del modo de tener sueños verídicos y será, en fin preciso, determinar el momento en que acontecerá el evento futuro presentado por los sueños. Y, cuando el evento tenga lugar —cosa que podremos entender por el sueño mismo— será siempre este sueño quien le dé su significado. Debatiremos asimismo la cuestión de si es lícito oponerse a los eventos previstos en los sueños o de qué modo es posible cambiar o anular las profecías y las cosas anunciadas en los otros géneros de adivinación. Y habrá, en fin, que preguntarse por qué hay personas que tienen a menudo sueños verídicos y otras casi nunca y qué influencia ejercen la edad y el momento adecuado sobre la veracidad de los sueños. Se añadirán otras muchas cosas, pero éstas serán las principales.