Trío

William Boyd · Capítulo 12 de 61

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Trío

Capítulo 11

Anny Viklund estaba esperando en la parada del autobús, parpadeando por la intensa luminosidad de Brighton. Por eso se llamaba Brighton, había dicho Troy, por lo brillante que era la luz. Es muy brillante, porque estamos muy cerca del mar. La Ciudad del Brillo. Anny se había reído, pero Troy ya no estaba, había vuelto a su tráiler cuando terminaron de rodar su gran escena.

Anny tenía que darle una bofetada, bajarse atropelladamente del Mini amarillo, echar un vistazo, como fuera de sí, y salir corriendo sin pensar.

Ahora, sola en una ciudad extraña, Emily Bracegirdle necesitaba coger un autobús y no tenía dinero.

Anny miró a su alrededor en la calle de Brighton. Vio un cine que se llamaba Curzon y una fila de edificios dispares, con comercios en el bajo: un bar Wimpy, un banco, una farmacia y una tienda de pianos. Por la calle pasaban coches ingleses, pequeños.

—¡Acción! —gritó el primer ayudante de dirección, y el bus de color rojo y crema cobró vida y se acercó a la parada.

Un grupo de curiosos del barrio observaba el rodaje de la película que estaban haciendo en su ciudad desde el otro lado de unas vallas de metal portátiles. Anny veía de reojo a Rodrigo Tipton, agachado detrás de la gran cámara montada en los raíles.

El autobús se detuvo y dos extras subieron.

—¡Vamos, Anny! —gritó Rodrigo, y Anny subió a la plataforma por detrás. El autobús arrancó.

—¡Genial! ¡Corten! Vamos a repetirlo.

Mientras bajaba del autobús, Anny pensó si Troy volvería esa noche a su habitación. No había dicho nada después de la escena de la bofetada —

confiaba en no haberle hecho daño— y tenía muchas ganas de volver a

verlo. Le hacía gracia que pasar las noches con Troy, en secreto, sin conocimiento de nadie, estuviera convirtiendo esta película —que no le apetecía especialmente hacer— en la experiencia más agradable de su carrera cinematográfica hasta la fecha.

El bus volvió con esfuerzo al punto de partida. Anny se puso detrás de los extras, debajo de la marquesina. Mientras esperaban a repetir la escena, Anny miró con desinterés al grupo de personas que se habían reunido para ver trabajar a las estrellas de cine: hombres, mujeres y niños, callados y atentos.

Y entonces vio a Cornell Weekes.

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