Trío

William Boyd · Capítulo 31 de 61

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Trío

Capítulo 30

La señora Farthingly le ofreció a Anny otro trozo de bizcocho Battenberg.

—No, gracias, señora Farthingly. Ya he comido suficiente.

—Tonterías. Comes como un pajarito. Anda, toma otro trozo. Estás muy flacucha. Una pata de pollo tiene más carne que tú, como decimos por aquí.

Tenemos que engordarte un poco, jovencita.

Anny, sin entenderlo, aceptó el trozo que le ofrecía y lo puso a un lado del plato, con el sándwich de paté de pescado y el bollito con mantequilla.

La señora Farthingly la miró con cariño, llena de amable interés. Era bajita y regordeta, con colorete en las mejillas y poco pelo, completamente blanco y rizado. Tenía un tic que la hacía parpadear de vez en cuando espasmódicamente. A Anny la desconcertaba mucho.

Estaban sentadas en sofás paralelos, en el «cuarto de estar de atrás», así lo llamó la señora Farthingly. Anny veía por las puertas de cristal un estanque con peces, un reloj de sol y un césped alargado y estrecho, dividido por un sendero de baldosas rotas que llevaba hasta una caseta.

Detrás de la caseta había un terraplén del ferrocarril, y de vez en cuando pasaba un tren a toda velocidad, retumbando, en las dos direcciones.

—Como te iba diciendo —la señora Farthingly resumió el análisis de la carrera de su hijo—, Nigel está contentísimo con esta película. El año pasado solo sacó dos singles y ninguno de los dos llegó a los treinta primeros. Y hablamos de alguien que tiene un disco de platino.

—En la película está genial. Es un actor nato.

—Paul Jones hizo una película. Creo que eso fue lo que le dio la idea al señor Appleby.

—¿Esa fue la película en la que actuaba Jean Shrimpton? —Anny empezaba a sentirse un poco mareada.

—No sabría decírtelo, hija —la señora Farthingly cortó un trozo de bizcocho para ella—. En 1966 Nigel actuó en el Palladium de Londres.

¿Sabes dónde dio su último concierto?

—No.

—En el Tower Club de Warrington.

—¿Y eso está mal?

—Peor que mal. Y entonces el señor Appleby lo pasó de Decca a Parlophone, porque parece que no les interesa. Nigel no es un grupo, ya sabes. Y hoy todo son grupos. Yo le dije: «Necesitas un grupo pop, hijo.

Como Cliff o Manfred». Pero no me hace caso. No, no.

La señora Farthingly sonrió. Anny no sabía qué decir.

—Entonces ¿tú quién eres exactamente en la película? —preguntó.

—Soy Emily, Emily Bracegirdle.

—Ya. ¿Y cuál es la historia?

—Se supone que soy una estrella de cine famosa que está rodando una película en Brighton. Y me enamoro de mi chófer. Un chico de Brighton.

—Y ese es Troy.

—Sí.

La señora Farthingly frunció el ceño.

—Pero tú eres una estrella de cine que está haciendo una película en Brighton.

—Sí.

—No parece muy inteligente.

—Creo que se trata de que el arte imita a la vida. Y la vida imita al arte.

Esa es la clave.

—¿Qué narices significa eso?

Anny vio que Troy y su padre salían de la caseta y echaban a andar por el sendero.

—Aquí vienen los hombres —dijo la señora Farthingly, aleteando con las pestañas. Se levantó para abrirles la puerta de cristal.

—Tomarás un poco de bizcocho, ¿verdad, Nigel? —preguntó cuando entraron.

—Claro. Gracias, mamá.

—¿Te ha contado Nigel que esta casa nos la compró él? —dijo la señora Farthingly—. Antes vivíamos en un piso del Ayuntamiento.

—Es preciosa —dijo Anny. No se había fijado mucho al llegar. Pareada, con la fachada de guijarros y una mata enorme de hierba de la Pampa en el jardincito de la entrada. Miró a la señora Farthingly, que seguía sonriendo.

—¿Más té, hija?

—¿Podría tomar un vaso de agua, por favor?

Nigel/Troy fue a la cocina a por uno.

—Nosotros nunca habríamos podido permitirnos una casa como esta —

explicó el señor Farthingly con mucho énfasis—. Por nada del mundo.

—En esta zona de la ciudad seguro que no —puntualizó la señora Farthingly.

—Comprendo —dijo Anny—. Claro.

—Nigel nos la compró cuando su primer álbum fue disco de platino —

añadió el señor Farthingly—. Un día aparece en un concurso de talentos en Slough y al día siguiente ha conseguido un disco de platino y ha firmado con EMI.

—Decca —corrigió su mujer—. «Toda la noche sin dormir», se llamaba.

—Poco a poco voy conociendo la música de Troy… Quiero decir, de Nigel.

—¡Si se le puede llamar música! —exclamó la señora Farthingly con desprecio.

—¿Te gustaría oír el álbum?

—Papá, déjalo —dijo Troy, que apareció justo en ese momento y le pasó a Anny el vaso de agua—. Anny no quiere oír un álbum viejo. Ha venido a conoceros.

—Recuerda —dijo su madre— que ese LP cambió la suerte de nuestra familia.

—Y Nigel nos compró un coche —añadió su padre—. Un Jaguar S. Gris plateado.

—Que nunca conduces —le reprochó Troy.

—Es para no ponerlo en peligro. Lo reservo para ocasiones muy especiales.

—¿De dónde eres, Anny? —preguntó la señora Farthingly.

—De Minnesota. En Estados Unidos.

—¡Y pensar que has venido desde allí para hacer una película con Nigel!

—Tengo que decir que Nigel es lo único de esta película que me ayuda a seguir cuerda.

—No es mal chico, nuestro Nigel —dijo el señor Farthingly, apretando el muslo de su hijo con la mano extendida.

—Comparado con su hermano… —añadió la señora Farthingly, con desdén y aspereza.

— Mamá —le advirtió Troy.

—Su hermano está en prisión —dijo la señora Farthingly sin pelos en la lengua—. Puedes saberlo, Anny. En esta familia no hay secretos.

—No nos pongamos a remover esas cosas —dijo Troy—. A Anny no le interesa saber nada de Godfrey.

—No sabía que tuvieras un hermano ni que se llamaba Godfrey.

—Godfrey —el señor Farthingly pronunció el nombre despacio y lo repitió—. Godfrey es la oveja negra de la familia.

—¿Conoces esa expresión, Anny? —preguntó la señora Farthingly.

—Sí. ¿Puedo preguntar por qué está en prisión?

La señora Farthingly suspiró.

—Porque es un pecador.

—Robó el plomo de los tejados de unas doscientas iglesias del sur de Inglaterra y el West Country —explicó el señor Farthingly.

—Y lo vendió como chatarra —dijo Troy—. Y con el dinero compraba drogas, speed, sobre todo, que luego vendía en bares y clubs de Portsmouth y Southampton.

—Y Bornemourth —precisó su madre con pena—. Dios nos guarde…

—Ahora ya sabes por qué lo llamamos la oveja negra de la familia —

dijo el señor Farthingly.

—Demos gracias al buen Dios de los cielos por Nigel —apostilló la señora Farthingly.

—Godfrey es mucho mayor que Nigel, por cierto —dijo el señor Farthingly—. Doce años mayor.

—Nigel ha sido un regalo. Me quedé embarazada a los cuarenta —

explicó la señora Farthingly—. ¿Te imaginas que solo hubiéramos tenido a Godfrey? ¡Dios mío!

—No puedo ni pensarlo. No puedo ni pensarlo.

Se quedaron todos callados unos momentos.

—¿Podemos cambiar de tema? —pidió Troy—. No hablemos más de Godfrey. Vais a deprimir a Anny.

—¿Tú tienes hermanos? —preguntó la señora Farthingly.

—Tengo un hermano. Lars. Un hermano mayor.

—No está en prisión, ¿verdad?

—No. Está en el Ejército. En Vietnam.

—¡Ay, Dios mío! —La señora Farthingly se llevó las dos manos a las mejillas—. ¿Está peleando en la guerra de Vietnam? ¿Tu hermano?

—Bueno, está allí, pero no sé si entra en combate.

—Godfrey tendría que haberse metido en el Ejército —dijo el señor Farthingly con especial amargura. Tendría que haber hecho el servicio militar. No deberían haberlo suprimido. Así se habría hecho un hombre…

Ahora no es más que un delincuente.

—Come un poco más de bizcocho, Anny.

—No, gracias. Así está bien, gracias.

La señora Farthingly le ofreció más Battenberg a Troy, que aceptó una rodaja. Luego se volvió hacia Anny.

—¿Tienes novio, Anny?

—Mamá, por favor. No seas descarada.

—No pasa nada —Anny sonrió—. Sí tengo novio. Nigel es mi novio.

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