Trío

William Boyd · Capítulo 43 de 61

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Trío

Capítulo 11

Anny oyó llegar a Alphonse. Alphonse vivía en el 13e arrondissement, cerca de la place d’Italie, en una zona de París que Anny no conocía. El piso era muy cómodo, en la cuarta planta de un edificio alto y moderno.

Anny tenía un dormitorio para ella sola pero compartía el baño con Alphonse, que, por otro lado, se iba a trabajar a las siete y media de la mañana y nunca volvía antes de las seis de la tarde.

Alphonse Duhameldeb se parecía vagamente a su hermano menor. Era alto, canoso y de aspecto serio, y trabajaba de cajero en la Société Générale, en la rue de Rennes. Era más moreno —más negro— que Jacques. Anny le preguntó por la familia de Guadalupe y se enteró de que Alphonse y Jacques en realidad eran medio hermanos, hijos de la misma madre pero de distinto padre.

En realidad se alegraba de estar encerrada y sin pensar. Le había pedido a Jacques que llamara a su abogado y a su agente en Los Ángeles y los pusiera a trabajar, pero él dijo que era demasiado pronto. «Cuanta menos gente sepa dónde estás, por ahora mejor. No des señales de momento, es más seguro. Nos tomaremos tiempo; contraatacaremos cuando queramos».

Anny pasaba el día oyendo la radio francesa —canciones de las que apenas entendía nada—, picaba algo, se echaba una siesta y miraba por la ventana. Alphonse volvía del trabajo, comía algo y salía otra vez. Estaba claro que seguía órdenes de Jacques, que aparecía por rutina diez minutos después de que se fuera su hermano. Se iban a la habitación de Anny y se metían en la cama. Que ella estuviera a la fuga y en peligro había hecho renacer su relación sexual, al menos por parte de Jacques.

—¿Por qué no puedo volver a tu casa y quedarme allí? —preguntó Anny.

—Puedes, pero no ahora. Tenemos que ser prudentes. Un montón de gente te estará buscando. Seamos listos, esperemos un poco; unos días, una semana —se interrumpió—. Tengo una idea. Será un bombazo.

Anny asintió, sin preguntar cuál sería el «bombazo», feliz en su limbo por ahora. A veces pensaba en Troy y se preocupaba. No sabía cómo estaría tomándose una situación tan caótica. Era consciente de que se estaba tomando más de ocho Equaniles al día pero ¿qué le iba a hacer? El tiempo pasaba mejor con el Equanil. A veces salía a dar una vuelta. Curiosamente, las calles de los alrededores estaban llenas de chinos, de chinos que hablaban en francés. Encontró una cafetería que le gustó, y entraba allí a tomarse una Coca-Cola, se fumaba un par de cigarrillos, observaba la actividad de aquel mundo desconocido y volvía a casa de Alphonse. A veces tenía la sensación de que llevaba años en París, y no unos días, pero casi nada le importaba demasiado mientras estuviera a salvo.

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