Trinidad

Leon Uris · Capítulo 17 de 119

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Trinidad

Capítulo 4

¡Qué memorable día aquel en que el mayor Hamilton Walby fue, en

persona, al cruce de caminos a hablar con los labradores irlandeses!

Señalaba la primera vez, en seiscientos años de ocupación y gobierno

británicos, que los vecinos de Ballyutogue iban a estar democráticamente

reunidos con los ocupantes.

Era, además, el día que yo cumplía doce años, lo cual significaba que

tendría los mismos años que Conor; durante unos meses al menos, hasta

que él cumpliera trece.

El árbol de los ahorcados era, realmente, lugar apropiado para el

gran acontecimiento. Nadie sabe el numero exacto de los que habían

pendido de sus ramas, pero sin duda fueron varios centenares, si no

millares, y allí continuaba como recuerdo permanente de la presencia de

la Corona, así como de los siglos de opresión que sufríamos.

Cuando la conquista isabelina subyugó al poderoso clan de los

O'Neill, a nuestros muchachos los colgaban a manadas. Y en mayor

número los ahorcaba todavía Isaiah Walby, antepasado del señor actual,

durante las guerras de Cromwell. Los ahorcaban también en la guerra

jacobita contra Guillermo de Orange. Y los colgaban en tiempos de las

leyes penales por practicar la religión católica Romana, y durante las

guerras campesinas, y los colgaban después aquellos alabarderos salvajes

durante el levantamiento de los Irlandeses Unidos de Wolfe Tone. Anoto

de paso que los alabarderos introdujeron flagelaciones, decapitaciones,

aceite hirviendo y alanceamientos, todo en aquel mismo lugar. Muy

recientemente les tocó el turno a los fenianos. Además, entre ambas

épocas, a nuestros muchachos los ahorcaban por variados actos de

infidelidad tales como negarse a obedecer al Constabulary que había

venido a lanzarles, o hurtar nuestras propias cosechas para no morirse de

hambre.

Todos los años se debatía extensamente si debíamos o no cortar el

árbol de los ahorcados. No nos poníamos demasiado sentimentales por su

historia pasada; pero era el único árbol digno de tal nombre que quedaba

por aquellos alrededores. Daddo Friel hablaba de tiempos en los que

había grandes bosques de robles por todo Inishowen y la capa de tierra

vegetal era, por to das partes, de más de sesenta centímetros de

profundidad. Los bosques fueron arrancados y los robles se los llevaron

para construir la flota inglesa contra la Armada española. La erosión del

suelo empezó poco después. En realidad, decía Daddo, lo único que los

británicos no nos quitaron fueron las piedras, y seguro que se las habrían

llevado también, si hubiesen válido algún dinero.

Los Larkin, cuya voz solía prevalecer en asuntos de esta índole,

decían que el árbol de los ahorcados tenia que seguir en pie para

recordarnos constantemente quiénes éramos (¡como si no lo

supiéramos!), de modo que, para bien o para mal, siguió dando sombra a

nuestras dos instituciones más poderosas: el templo de San Columbano y

la taberna de Dooley McCluskey.

El hacendado llegó sobre el caballo árabe más hermoso que haya

visto en mi vida; ofrecía una imagen espectacular, con su chaqueta

matutina encarnada, su sombrero de copa y unas botas limpias como un

espejo. Venía solo, como para darnos a entender que era valiente y

decidido. Buena idea. Varios centenares de nosotros, labradores

irlandeses, unos andrajosos en comparación, nos arremolinábamos a su

alrededor, casi tocándole, mientras el padre Lynch parloteaba con él, tan

emocionado como en presencia del mismísimo Padre Santo.

Tomas y mi padre acompañaron al hacendado en una ronda de

presentaciones, apretones de manos y otras mundanidades; pero lo cierto

es que nosotros le inspeccionábamos con la mirada y él nos observaba a

nosotros como si fuésemos criaturas de un planeta diferente. Gracias a

las palabras que nos dirigió Tomas antes de la reunión, todos

comprendimos que había de ser una ceremonia ordenada y tranquila.

Nadie se daba prisa; como después de una misa dominical, unos cuantos

hombres bebían en la taberna, otros visitaban tumbas de familiares o,

simplemente, se habían sentado junto a la pared, arrojando piedras o

jugando a cara y cruz con unas monedas. Unas cuantas mujeres

observaban desde lejos, cuidando bien de no acercarse demasiado;

porque la política era cosa de hombres.

Conor y yo nos reservamos sitio junto al tablado levantado para la ocasión. Cuando empezó el discurso, la gente se fue acercando poco a poco al orador. La turba se apiñaba más y más porque se hacía difícil entender las palabras del amo. Uno habría creído que un hombre educado en el Trinity College debía saber hablar su propio idioma más

llanamente. Se hizo un silencio tan absoluto que se habría oído volar una mosca.

– Estamos entrando en una era nueva y magnífica - empezó el

hacendado- que dio comienzo a principios de este siglo cuando se añadió

la cruz de san Patricio a las de san Andrés y san Jorge para que entre las

tres formaran la Union Jack que tan entusiastamente vitoreamos. El

Reino Unido nos señaló como a un solo pueblo y un solo rey.

YO TENIA APENAS DOCE AÑOS CUANDO HAMILTON WALBY

PRONUNCIABA ESTAS PALABRAS. SIN ANIMO DE

IRREVERENCIA, ERA, SIN EMBARGO, BASTANTE MAYOR PARA

COMPRENDER DESDE LA PRIMERA AFIRMACION QUE IBA A

SER UN DIA DURO PARA AMBOS BANDOS. NO ESTABAMOS

UNIDOS, SINO SEPARADOS POR PLANETAS Y ESTRELLAS, Y

VIAS LACTEAS Y UNIVERSOS.

– La Ley de Unión que nos convirtió en un Reino Unido trajo a

Irlanda esa magnífica herencia británica que tenéis…

EA, LO QUE NOSOTROS HEMOS DICHO DURANTE MIS DOCE

AÑOS ANTERIORES ES QUE NUNCA HEMOS TENIDO A GRAN

HONOR EL HECHO DE SER CONSIDERADOS BRITANICOS.

– Una época en que la mayor serie de reformas y de leyes democráticas

jamás iniciada por Parlamento alguno…

¡VAYA! ¿NO SABE USTED QUE LOS IRLANDESES ERAN UNA

SOCIEDAD DEMOCRATICA YA ANTES DEL AÑO 1171, BAJO EL

SISTEMA CELTA, CUANDO USTEDES HONRARON NUESTRO

SUELO CON SU PRESENCIA? ¿Y NO SABE USTED QUE UNA

ARISTOCRACIA BRITANICA RETROGRADA HA TENIDO EN

JAQUE TODA IDEA DE LIBERTAD INCLUSO DESPUES DE QUE

LAS IDEAS DE LA REVOLUCION FRANCESA SE EXTENDIERAN

POR EUROPA Y LA LIBERTASEN?

– …ahora este sistema de justicia sin igual se ha extendido plenamente

para que cubra a todos los vasallos de Su Majestad…

SI, COMO AQUELLO DE «CHICA, CIERRA LA PUERTA»,

CUANDO LOS IRLANDESES INTENTABAN HUIR A INGLATERRA

DURANTE EL HAMBRE. ¡AH, LOS FRUTOS DE LA JUSTICIA

BRITÁNICA, LAS LEYES PENALES, LAS EVICCIONES DE

NUESTRO SUELO, EL TRIBUTO A LA IGLESIA ANGLICANA, PARA

RECORDAR UNOS CUANTOS!

– …por medio de una serie de oportunidades de protección social que

nunca hasta ahora se había concedido al ciudadano corriente…

ASILOS, TRABAJO INFANTIL, CARCELES PARA DEUDORES,

EMIGRACION EN BARCOS-ATAUD.

– …hasta obras públicas en gran escala…

CONSTRUYENDO MURALLAS DEL HAMBRE, CAMINOS

HACIA NINGUNA PARTE…

– …bajo la Ley de Unión se restauró la plena libertad religiosa…

DESPUES DE HABERNOS SIDO ARREBATADA DURANTE

SIGLOS, SE NOS DEVOLVIO EN UNA VERSION ANGLICANIZADA

Y DESPOJADA DE TODA SU MAJESTAD Y SU MARAVILLA

GAELICAS.

– …escuelas…

FUERA DE LOS MEDIOS DE CUALQUIER CULTIVADOR DE

TIERRAS EN ESTE PUEBLO DONDE NO ENSEÑAN EL IDIOMA

IRLANDES, NI LA HISTORIA IRLANDESA, NI HABLAN DE LOS

MARTIRES IRLANDESES, NI DEL FOLKLORE IRLANDES.

– …expresión política total…

CONQUISTADA POR LA SANGRE DE DANIEL O'CONNELL

TREINTA AÑOS DESPUES DE QUE LAS LEYES BRITANICAS LA

PROMETIERAN. LO QUE REALMENTE CONSEGUIMOS FUE UNA

GRANUJIENTA MODIFICACION DE LIMITES Y UNOS DERECHOS

POLITICOS PARA LAS CLASES PRIVILEGIADAS.

– Por supuesto, lo dicho sólo es un apresurado esbozo del pasado. Lo

que nos interesa, a vosotros y a mí, es que continúe la reforma del país.

Permitidme que os diga desde el principio que soy decidido partidario de

una legislación que conceda a todos y cada uno de vosotros el derecho a

comprar tierras en cantidad ilimitada.

JURO QUE ME PARECIO OIR A KILTY Y A RONAN LARKIN

GIMIENDO EN SUS SEPULCROS. ERA TODA UNA SORPRESA, NO

CABIA DUDA, VER A AQUEL HOMBRE ALLA ARRIBA, EN EL

TABLADO, Y QUE NOS ESTUVIERA DICIENDO ESTAS COSAS SIN

OCURRIRSELE NI POR UN INSTANTE QUE NO ERA GRAN

PRIVILEGIO ESE DE PODER COMPRAR UNAS TIERRAS QUE TE

HABIAN ROBADO PREVIAMENTE… NO PODÍA CABERLE EN LA

CABEZA SINO A UN CUATRERO.

– El meollo del asunto, caballeros, es éste: Hay que conservar a toda

costa la unión con la Gran Bretaña. Sin los mercados británicos, ¿dónde

venderíamos? No contaríamos con la tarifa de privilegio ni las leyes

comerciales que nos amparan como súbditos británicos. No podría

ocurrimos desastre mayor.

CIERTAMENTE, SEÑOR HACENDADO, ¿QUE DESASTRE

MAYOR LES PODRIA SOBREVENIR A LOS IRLANDESES QUE EL

DE SER LIBRES EN SU PROPIO PAIS? ¿QUE CALAMIDAD MAS

GRANDE?

– ¿Dónde venderíamos nuestro ganado y nuestros lienzos? ¿Dónde,

ciertamente, sin barcos británicos que transportasen nuestros productos y

una Marina de guerra británica que protegiese nuestros intereses? Bien,

pues, no solamente recibimos los beneficios de la cultura más avanzada

del mundo, sino que estamos en situación de gozar de recompensas

mayores todavía en un futuro inmediato. Vuestra propia Iglesia está

completamente de acuerdo en esto. Vuestros pastores, vuestros guías

espirituales se han expresado de manera perfectamente clara,

PERFECTAMENTE CLARA, EN VERDAD.

»El derecho del voto constituye una responsabilidad enorme. El

problema que se nos plantea es: ¿Seguimos prosperando de manera

ordenada con un solo pueblo, un pueblo unido, o cortejaremos la tragedia

y el caos mediante el Gobierno autónomo? Todos los beneficios, todas las

conquistas de la ciudadanía británica, toda la gloria del Imperio, todos los

gloriosos mañanas…, ¿hay que trocarlos por nada? Yo digo que ha

llegado el momento de que nosotros, ciudadanos británicos, cerremos

filas y permanezcamos unidos. Yo os pido que hagáis una cosa, para que

podáis depositar el voto con la conciencia tranquila, y es que consultéis al

sacerdote…

El mayor Hamilton Walby farfulló unas cuantas cosas más y puso fin

al discurso. Tenía ante sí una masa de rostros contraídos por el disgusto.

No se le correspondió con groserías, ni cólera, ni aprobación. Tomas

preguntó si alguien quería preguntar algo. No hubo preguntas. En un

instante la gente se dispersó. Parecían un poquitín más cansados al herir

el suelo con su pesado andar cuesta arriba, hacia sus campos.

Al cabo de un momento sólo quedábamos bajo el árbol de los

ahorcados Conor, yo y el padre Lynch, además del hacendado. Apretando

los dientes de rabia, éste se fue hasta aquel hermoso caballo y lo montó.

Sus ojos miraban enfurecidos camino arriba, a los hombres que seguían

marchando hacia los brezales. Estoy seguro de que tenía la misma

expresión que en otros tiempos cuando cabalgaba en cabeza de una

compañía de Ulster Rifles a punto de cargar contra unos indígenas

desagradecidos de cualquier otra parte del Imperio.

El mayor murmuró una frase ininteligible, picó espuelas y partió al

galope.

El tambor Lambeg era un instrumento escocés que producía un

estruendo horrible, desgarrador. Había sido ideado para quebrantar el

coraje del enemigo en cuanto lo oyese. Era un artefacto monstruoso, de

metro y medio de diámetro y sesenta centímetros de grosor, y golpeaban el

parche con gruesas cañas de bambú atadas con correas de cuero a las

muñecas del que lo aporreaba.

Lo adornaban con pinturas de alguna victoria protestante sobre los

labradores irlandeses, una glorificación del rey Guillermo o un retrato de

un hermano que se fue. Ninguna Logia de Orange carecía de unos

Lambeg. La Logia de Templanza Total de Ballyutogue no era una

excepción.

En nuestro sector se producía un fenómeno que tenía lugar todas las

tardes alrededor de la hora del Angelus. Algunos decían que era cosa de

los duendes, porque no se encontraba otra explicación lógica. Descendía

de pronto una calma extraña, seguida de un viento contrario que soplaba

desde el pueblo, trayendo hasta los sonidos más insignificantes. A aquélla

hora de la tarde, el Lambeg era capaz de partir rocas hasta casi tres

kilómetros de distancia.

¡RAT A TAT TAT A TAT! ¡RAT A TAT TAT A TAT!

Conor y yo íbamos al cruce de caminos a recibir a nuestros padres,

que bajaban de los campos. Los tambores Lambeg parecían redoblar

continuamente.

Nosotros cuatro clavábamos la mirada abajo, al pueblo.

– ¡Cuanto más fuerte tocan los tambores, más asustados están! – decía

Tomas.

– Sí, muy cierto - añadía mi padre.

– Ya veis, muchachos, tienen que tocar el tambor para demostrarse a sí

mismos y demostrar a sus vecinos que no tienen miedo y que nosotros

deberíamos tenerlo.

-No te entiendo nada, en absoluto, Tomas Larkin - decía yo.

-En efecto, papá, ¿por qué habrían de tener miedo? Quiero decir que

los constabularys están de su parte.

– Pues, chicos, le tienen miedo a Kevin O'Garvey. Sobre todo, les

asusta la igualdad.

Habían corrido rumores de que el mayor no se servía mucho de la

Orden de Orange, pero esto debió ser antes del discurso en nuestro

pueblo. Apenas se alejó del árbol de los ahorcados empezó a pasar todas

las horas del día en las Orange Halls del distrito. Imagino que también

debían estar asustados, porque en verdad que se echaban continuamente

unos en brazos de otros.

¡RAT A TAT TAT A TAT! ¡RAT A TAT TAT A TAT!

Y las voces, furiosas, nos cubrían, nos inundaban, traídas por los céfiros del atardecer.

Es vieja pero hermosa;

Tiene bonitos colores.

Estuvo en Derry y en Aughrim,

Enniskillen y el Boyne.

Mi padre la llevó de joven,

En aquellos días de entonces.

En el Doce luzco yo

La faja que me dio padre.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bangl, sonaba el Angelus. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bangl

Mi padre y yo nos arrodillábamos reverentemente, mientras Tomas se

dirigía hacia la taberna de Dooley McCluskey y Conor se limitaba a

volver la mirada hacia la plaza de Ballyutogue.

«El ángel del Señor anunció a María. Y concibió por obra del Espíritu

Santo. Dios te salve…»

¡RAT A TAT TAT A TAT!

Los muchachos protestantes son fíeles y constantes,

Fuerte el corazón, la mano tajante,

En la guerra luchan, firmes hasta el fin,

Pacíficos, devotos cuando el peligro pasó…

«Derrama, Señor, te lo suplicamos, la gracia en nuestros corazones,

para que nosotros, a quienes la encarnación de Cristo tu Hijo…»

¡RAT A TAT TAT TAT A TAT A TAT!

Entonces los de Orange recuerdan al rey Guillermo

Y a vuestros padres que le defendieron

Y lucharon por nuestra gloriosa emancipación

En las verdes y lozanas laderas del Boyne.

«…por el mensaje de un ángel, podamos por su pasión y su cruz ser

llevados a la gloria de su resurrección por el mismo Cristo Nuestro

Señor.»

¡RAT A TAT TAT TAT A TAT!

Fuera, fuera, so perros papistas.

Vamos a vencer o vamos a morir…

«Amén.»

Amén.

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