Mi vida
Capítulo V ASPECTO CORPORAL
Capítulo V
ASPECTO CORPORAL
Mi estatura es mediana. Tengo los pies pequeños, demasiado anchos por la parte de los dedos y con el empeine un tanto elevado, de manera que se me hace difícil encontrar zapatos y me veo obligado a encargarlos a la medida. Soy algo estrecho de pecho, de brazos muy delgados, con la mano derecha gruesa de más y los dedos descorregidos. Según los quirománticos debería ser necio y mentecato: vergüenza da su pretendida ciencia. En esa mano la línea de la vida es corta y la que llaman de Saturno alargada y profunda. En cambio, mi mano izquierda es hermosa, con dedos largos, perfilados y compactos, con uñas brillantes. El cuello es un poquitín largo y delgado en exceso, la barbilla partida, el labio inferior grueso y colgante, los ojos muy chicos y como en un perpetuo guiño a no ser que mire alguna cosa con atención. Por encima del párpado del ojo izquierdo tengo una mancha en forma de lenteja, tan pequeña, que apenas se descubre. La frente es ancha y a los lados, por la parte de las sienes, ya está despoblada de unos cabellos que antaño y como los de la barba fueron rubios. Suelo llevar el cabello repelado y la barba corta, que, como el mentón, también está partida. Toda la parte de la sotabarba está poblada de largos pelos, de modo que allí mi barba parece más cerrada. La vejez ha cambiado el color de mi barba, pero el de los cabellos menos. El tono de mi voz al conversar es tan alto que me lo han criticado quienes se hacían pasar por mis amigos; la voz como tal es áspera y potente, y, sin embargo, cuando impartía mis lecciones no se oía a lo lejos. Mi conversación no es muy amena ni sostenida. La mirada quieta, como la de uno que está pensando. Los incisivos superiores, grandes. La tez entre blanca y roja, la cara alargada, aunque no mucho. La cabeza por detrás es puntiaguda y rematada en una especie de esfera pequeñita. Tan pocas cosas llamativas hay en mi fisonomía, que muchos pintores venidos de tierras lejanas para retratarme no hallaron ningún rasgo cuya presencia en mi retrato bastara por sí sola para que me reconocieran. En la parte inferior de la garganta tengo un bulto duro y redondo como bola, pero apenas se ve; es heredado de mi madre. Capítulo VI