Mi vida
Capítulo XXI MODO DE ANDAR Y PENSAMIENTO
Capítulo XXI
MODO DE ANDAR Y PENSAMIENTO
La causa de mis andares desacompasados son mis cavilaciones. Porque si uno no presta atención, los pies, y en muchas personas incluso las manos, se mueven de acuerdo con esa agitación del espíritu. En el modo de caminar influyen la variedad de nuestras tareas y situaciones y, más todavía, el estado general del cuerpo: cuando estamos bien, nos sentimos ligeros; cuando estamos descansados, caminamos como vacíos y contentos; otras cosas, en cambio, frenan nuestros pasos. En consecuencia, mis andares podrían hacerse proverbiales, pues son distraídos a fuerza de estar yo siempre en cavilaciones ajenas a lo que tengo a la vista.
En general son desiguales todas mis cosas, dirigidas por la dura necesidad, ya que me domina un impulso del espíritu incapaz de perseverar en el bien y de resistir al mal; sólo la reflexión, como dije, es constante, por más que no siempre se aplique a los mismos asuntos. Sin embargo, está presente con tal fuerza, que no me consiente ni comer ni deleitarme ni incluso sentir dolor o dormir sin su presencia. El único bien que me reporta es el conjurar mis males y darme cierto respiro, aunque no sé si, caso de desaparecer, no me traería más ventajas que inconvenientes.
Por lo demás, mis andares son unas veces vivos y otras despaciosos, unas veces llevo la cabeza y los hombros erguidos, otras encogidos: en apariencia más o menos como en mi juventud, en realidad de muy otro modo.