Mi vida

Gerolamo Cardano · Capítulo 7 de 63

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Mi vida

Capítulo I PATRIA Y ANTEPASADOS

Capítulo I

PATRIA Y ANTEPASADOS

 

Mi patria es Milán, aunque mi familia procede de la aldea de Cardano, que dista veinticuatro millas de Milán y sólo siete de Gallarate. Mi padre fue

Fazio el abogado[1]; mi abuelo Antonio; mi bisabuelo otro Fazio; mi tatarabuelo Aldo. Los hijos del Fazio más viejo fueron Giovanni, un segundo Aldo y Antonio mi abuelo. Los de Antonio fueron Gottardo, Paolo el abogado y obispo y mi padre Fazio, aparte de un bastardo que también se llamaba Paolo. Ahora me quedan de esta rama treinta parientes aproximadamente.

Ya sea la casa de los Cardano una rama separada, ya —como creen algunos— una rama de los Castiglioni, es seguro que es noble y antigua.

Desde el año 1189 estuvo al frente de nuestra ciudad Milone Cardano[2], tanto en lo eclesiático como en lo civil, durante noventa y dos meses; y no sólo presidió las causas civiles sino, como los otros príncipes, también las criminales; además tenía jurisdicción sobre las ciudades que dependían de Milán y sobre la comarca toda (entre esas ciudades se contaba por entonces

Como); el cargo lo consiguió del arzobispo Crivelli[3] cuando este estaba a punto de llegar a papa con el nombre de Urbano III. Hay quien dice que también Francesco Cardano, capitán del ejército de Matteo Visconti,

pertenece a nuestra familia[4]. Y si resulta que estamos entroncados con la casa de los Castiglioni, somos todavía más nobles, pues de ella procede el

papa Celestino IV[5].

En otro orden de cosas, mis antepasados han sido longevos: los hijos del primer Fazio vivieron noventa y cuatro, ochenta y ocho y ochenta y seis años; de los dos hijos de Giovanni, Antonio vivió ochenta y ocho y Angelo, al que conocí ya viejísimo, siendo yo un niño, noventa y seis; el único hijo de Aldo falleció a los setenta y dos; Gottardo, mi tío paterno, vivió ochenta y cuatro y lo llegué a conocer; mi padre ochenta. Por lo demás, Angelo fue aquel famoso que, cerca ya de los ochenta años, engendró hijos con aspecto de viejos decrépitos —uno de los cuales, sin embargo, vive aún y ha sobrepasado los setenta años— y que después de esa edad recuperó la vista; me han contado —y he llegado a verlo— que algunos de estos hijos fueron bastante altos. Capítulo II

De la otra parte, el linaje de mi madre era el de los Micherii. Se llamaba Clara. Su padre Giacomo vivió setenta y cinco años, mientras que su hermano Angelo, cuando yo era niño, tenía ochenta y cinco según le oí decir a él mismo.

Comunes a mi padre, a mi tío paterno y a mi abuelo materno fueron una erudición y una rectitud fuera de lo corriente. Por otro lado, mi padre y mi abuelo materno compartieron longevidad y aptitud para las matemáticas. También mi abuelo materno estuvo en la cárcel poco más o menos a la misma edad que yo, cuando ambos contábamos setenta años.

Hubo cinco ramas de los Cardano: la nuestra que deriva de Aldo, la de Antognolo (año 1388), la de Gasparino (año 1409), la de Raniero (año 1391) y la de Enrico, la más antigua (año 1300), cuyos descendientes fueron Berto y Giovanni Faccioli —casi coetáneos— así como Guglielmo, del que no se sabe cuándo vivió, si bien sus hijos fueron Zoilo, Martino y Giovanni, que residió en Gallarate.