Mi vida
Mi Vida
Retrato de Cardano e inscripción manuscrita del censor en la edición
del De Consolatione (Biblioteca de la Universidad de Sevilla).
PROEMIO
Puesto que de todas las metas que le es dado al hombre alcanzar ninguna parece más deleitosa ni más alta que el conocimiento de la verdad, y ya que ninguna empresa humana puede ser perfecta y mucho menos quedar por completo a resguardo de la calumnia, nos disponemos a escribir este libro sobre nuestra vida, siguiendo en ello el ejemplo del filósofo Marco Aurelio,
que fue tenido por hombre muy sabio y excelente[1]. Damos fe de que nada se ha puesto en él por jactancia o vanidad, sino que, en la medida de lo posible, nuestro libro está formado por un conjunto de acontecimientos en los que tomaron parte discípulos nuestros —en particular, Ercole Visconti, Paolo Eufomia y Rodolfo Silvestri— y asimismo por fragmentos de una historia escrita con anterioridad. Ya lo había intentado un pariente y discípulo mío, Gaspare Cardano, médico de profesión, pero la muerte le ganó por la mano y no pudo cumplir su tarea.
Si le fue posible a un particular y judío como Flavio Josefo hacer esto
mismo[2] sin críticas, bien puedo hacerlo yo, pues, aunque no me hayan pasado cosas importantes, muchas al menos son dignas de admiración.
Tampoco se nos escapa que Galeno se metió en una empresa semejante porque le pareció honrosa por demás. Pero procedió de modo inconexo, como en otros escritos suyos, si bien hay que achacar a desidia de los eruditos el
que ninguno haya intentado poner orden en su biografía[3].
La nuestra, por su parte, sale sin afeites y sin ánimo de dar lecciones a nadie, reducida a mera historia. Contiene una vida, no altercados como los de las biografías de L. Sila y G. César e incluso la de Augusto, de quienes se sabe con certeza que escribieron sus vidas y sus hazañas. En correspondencia con las antiguas no parecerá Mi vida algo nuevo e inventado por mí.