Mi vida
Capítulo XVIII AFICIONES
Capítulo XVIII
AFICIONES
Me gustan los cortaplumas y los estiletes[2] en los que he gastado más de veinte escudos de oro. He empleado grandes sumas igualmente en todo tipo de plumas. Me atrevo a decir que mis útiles de escritura no los vendería por menos de doscientos escudos. Luego están las piedras preciosas, vasos, cestillas de bronce o plata, pequeñas esferas de vidrio coloreadas, los libros raros. Me agrada la natación un poco, la pesca muchísimo y a ella me dediqué todo el tiempo que residí en Pavía: ¡ojalá no hubiera cambiado de ocupación! Disfruto con la lectura, sobre todo de libros de historia; en el terreno de la filosofía leo las obras de Aristóteles y Plotino y las lucubraciones de los místicos sin dar de lado a obras médicas; entre los poetas italianos mis
predilectos son Petrarca y Luigi Pulci[2]. Prefiero la soledad a los amigos, pues muy pocos son buenos y ninguno realmente es sabio. Y esto no lo digo porque busque en ellos ciencia —bastante poca es la de todos—, sino porque
¿quién me obliga a desperdiciar mi tiempo? Eso es lo que detesto[3].