Mi vida
Capítulo XI PREVISION
Capítulo XI
PREVISION
A veces es mejor persistir en el empeño, aunque tu decisión no sea buena, antes que tomar la decisión buena y al punto cambiarla, por más que te empujen a ello la frivolidad de tus inclinaciones y la inestabilidad, flojeza y vanidad de las cosas humanas.
Es verdad que la cuestión que aquí me planteo, esto es, dilucidar cómo se da en mí la previsión, es en apariencia dificultosísima; veo, no obstante, que en ella, como en tantas otras, la solución es bien sencilla. Ante todo porque siendo diversos los fines de las cosas y eligiendo cada cual el que más le gusta, resultan tantos modos, accidentes, sujetos y ocasiones, que nadie con razón se atrevería a criticarme, a no ser que ese tal admitiera que conoce mejor que yo mis cosas y — lo que es de todo punto imposible— mis sentimientos. Ahora bien, una vez admitido eso, es hora de plantearse: ¿hay un modo mejor de lograr un propósito que se presenta como factible? También esto escapa a mi entendimiento. Otra cuestión: ¿cuál es el modo más fácil? Una tercera: ¿cómo retener lo conseguido? Y finalmente: ¿cómo servirse de ello?
Ya desde un principio he dejado bien claro lo poco que valgo tocante a
ε [1] ὐ βoυλíα y φρóνησιζ, pues aunque estos vocablos signifiquen precisamente ‘previsión’, es lo mismo que si dijéramos ‘previsión humana’, ya que ningún otro ser que sepamos, fuera del hombre, está dotado de previsión. Porque los dioses tienen algo mejor, que es la visión simultánea, y de los otros seres animados no hay nada que decir. Respecto a la previsión ‘harpocrática’, como es de otro género, aquí no hablaremos.
Y esto es todo sobre el asunto este de la previsión. Probablemente a unos les parecerá una cosa y a otros otra, pues cada cual se traza una idea de las cosas a la medida de sus alcances. Con toda franqueza entiendo que tengo y he tenido poco de esa discreción y sagacidad, y que incluso ese poco lo echó a perder lo que antes he venido diciendo.