Mi vida
Capítulo XIX AJEDREZ Y JUEGOS DE AZAR
Capítulo XIX
AJEDREZ Y JUEGOS DE AZAR
Quizás no debo ser considerado merecedor de alabanzas en ningún campo, pero ello no es tan cierto como que merezco acerbas críticas, lo reconozco, por haberme dedicado al ajedrez y a los juegos de azar más de lo conveniente. Durante años he jugado a esos juegos —más de cuarenta años al ajedrez, alrededor de veinticinco a los dados— y en esos años cada uno de sus días, ¡vergüenza me da decirlo! Así pues, he estado haciendo desperdicio de mi honra, de mi hacienda y de mi tiempo, todo a una, y no tengo la menor excusa, salvo que alguno pretenda defenderme diciendo que no era que me gustara el juego, sino que aborrecía más aquellas cosas que me obligaban a jugar: calumnias, injusticias, pobreza, la insolencia de la gente, postergación irregular en la jerarquía, desprecio hacia mi persona y una naturaleza enfermiza. Tales son las razones de aquella infame holganza. Prueba de ello fue que en cuanto pude llevar una vida digna, dejé el vicio. Por tanto no fue afición al juego la mía ni ansias de dinero, sino amargura y escapatoria.
Aunque hay muchos y estupendos hallazgos en mi libro sobre el
ajedrez[1], sin embargo, entre mis numerosas ocupaciones, se me perdieron algunas notas, ocho o diez, que ya no he podido recuperar, con problemas que parecían sobrepasar la inteligencia humana e imposibles de resolver. Pongo aquí esta llamada para pedir que si alguna vez —lo que espero que ocurra— llegan a manos del lector curioso las añada a mi libro como corónide o apéndice.