Mi vida
Apéndice II LA MUERTE DE CARDANO SEGÚN LA HISTORIA DE J. A. DE THOU
Apéndice II
LA MUERTE DE CARDANO SEGÚN LA HISTORIA DE J. A. DE THOU
Año 1576
En Roma el famoso matemático y médico G. Cardano, natural de Milán, falleció este mismo año. Con franqueza y desenvoltura escribió diversos acontecimientos de su vida, cómo era su carácter y más cosas desusadas en un hombre de letras de las que el curioso lector puede esperar que yo cuente. Pocos años antes de su fallecimiento lo vi en Roma caminando con extravagante catadura y le dirigí la palabra las más de las veces con admiración, al venirme a la memoria la imagen de un personaje tan famoso por sus innumerables escritos y no ver en él, sin embargo, nada que hiciera honor a su fama. De ahí aumentó mi consideración ante el juicio acertadísimo de J. C. Escalígero al tener a Cardano como uno que desplegó un talento extraordinario —sobre todo en su obra De subtilitate—, pero criticando al mismo tiempo atinadamente la constante desigualdad de quien en algunas cuestiones, a trechos, parece saber más que un hombre y en otra, las más, parece entender menos que un niño. En aritmética intentó y descubrió muchas cosas. Corroboró la fe de muchos en la astrología que llaman judiciaria anunciando gracias a ella —las mayoría de las veces con acierto— más acontecimientos de los que permite la simple previsión. Pero fue locura extremada, digo más, audacia impía pretender que está sujeto a las falaces leyes de los astros el Señor natural de las estrellas, cosa que a pesar de todo hizo Cardano al trazar el horóscopo de Nuestro Salvador. Como remate, cuando sólo le faltaban tres días para cumplir los setenta y cinco años, en el mismo día y año que había predicho, a saber, el 21 de septiembre de 1576, murió. En este punto hay la creencia de que para no errar en su predicción aceleró su muerte negándose a comer. Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de S. Andrés y luego trasladado a Milán y colocado en el panteón de su familia que está en la iglesia de S. Marco.
J. A. de Thou (Thuanus), Historia mei temporis, VI, 2.