Cleopatra, una reina de leyenda
segunda parte: El rufián calvo
SEGUNDA PARTE:
El rufián calvo
CÉSAR.—César nunca se come a las mujeres
CLEOPATRA.—jCÓMO!
CÉSAR.—Pero se come a las jovencitas. Y a los gatos. Eres una niña ingenua; y desciendes de la gata negra. Eres, a la vez, una jovencita y una gata.
CLEOPATRA.—¿César me devorará?
CÉSAR.—Sí a menos que le demuestres que eres una mujer.
GEORGE BERNARD SHAW,
César y Cleopatra
Yo sé bien lo que soy; yo sé lo que sois vos.
Os dignasteis amarme desde mis años tiernos,
el cetro que yo empuño es un regalo vuestro;
por dos veces me habéis devuelto la corona,
tras lo cual, os confieso que os amo, mi señor,
y que mi corazón no es digno de estos gestos
ni de tantas virtudes, ni de tantas mercedes.
CORNEILLE,
La muerte de Pompeyo