Cleopatra, una reina de leyenda
Tercera parte: Una perla de diez millones
TERCERA PARTE:
Una perla de diez millones
Bajo el cielo triunfal, al sol que resplandece,
el trirreme de plata blanquea el negro río
y su estela desprende un perfume de incienso
con sonidos de flauta y temblores de seda.
El gavilán domina la proa reluciente
fuera de su dosel, inclinada, Cleopatra,
observando de pie la gloria del ocaso,
parece un ave negra que acecha a su presa.
Ahí, en Tarso, la espera desarmado el guerrero;
y la oscura lágida abre en el aire brujo
sus ambarinos brazos sonrosados de púrpura.
Y sus ojos no han visto, presagio de su suerte,
junto a ella, deshojando rosas sobre el agua,
a los dos niños divinos, el Deseo y la Muerte.
José María de Heredia,
Los Trofeos