En su nombre
Capítulo 9
Sídney, Australia
Viktor Hegadus, de veintisiete años, se remueve incómodo en el borde de su tumbona, situada a escasos metros de la piscina privada.
Las ideas bullen en su mente.
No es de extrañar que le duela la cabeza. Es una jaqueca de las que se transforman en migraña. Y sabe que eso justamente es lo que va a suceder.
Su única esperanza es echar una cabezada, una siesta breve pero profunda; sin embargo, no puede. Son demasiadas las cosas que le preocupan. Mañana llegan los obreros, y está pensando en decirles que no vengan hasta que él haya planificado mejor la ampliación: un ala de invitados independiente, con piscina y patio propios.
El sol de mediodía comienza a lamerle los pies. Se levanta y ajusta la sombrilla para permanecer en la sombra, a salvo. Le molestaría mucho quemarse. Sería horrible que la piel se le pusiera roja y reseca.
De repente suena el teléfono móvil, que está debajo de la tumbona contigua.
Intenta no hacerle caso, igual que durante casi toda la mañana, pero finalmente experimenta una punzada de culpabilidad que lo obliga a atenderlo.
—Teléfono de Dylan, ¿quién llama?
No obtiene respuesta. Solo se oye un chasquido y un ruido, como si estuvieran transfiriendo la llamada.
—Diga —dice Viktor frunciendo el entrecejo.
—¿Está el señor Jacobs, por favor? Necesito hablar con él.
—No es posible. ¿Quién le habla?
—Me llamo Karakandez, Nic Karakandez. Tengo un asunto importante del que hablar con el señor Jacobs. ¿Le importaría pasarme con él o decirme en qué teléfono puedo localizarlo?
—En estos momentos se encuentra meditando. Y no desea que se le moleste. —Viktor pone fin a la llamada con brusquedad, anula el timbre del teléfono y arroja este con rabia debajo de la tumbona.
Si Dylan no es capaz de dedicarle algo de tiempo a él, desde luego no piensa consentir que lo dedique a hablar con desconocidos.
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