En su nombre

Sam Christer · Capítulo 118 de 186

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En su nombre

Capítulo 118

Sede central de los Carabinieri, Turín

Carlotta Cappelini se reclina en su silla y se aparta de la pantalla de ordenador que le ocupa casi toda la mesa. Tiene delante, así, con el impresionante detalle de la alta definición, el trabajito que ha llevado a cabo Efrem. Ha revisado hasta el último fotograma examinando, o fingiendo examinar, la fatal escena del crimen que ha tenido lugar en el domicilio de Mario Sacconi. Ese monje es una auténtica bestia.

En el borde de la mesa aparece una joven agente del cuerpo.

—Para usted, señora —dice al tiempo que le entrega una única hoja de papel.

Cappelini observa que la joven morena clava la vista en la pantalla, que en ese momento muestra la herida que produjo el estilete al atravesar directamente el corazón de Sacconi. La luogotenente toma el ratón y saca la foto del monitor.

—Grazie. Eso es todo.

La chica recobra la compostura y se va.

Cappelini echa una mirada al documento. Es un informe de la actividad detectada en el teléfono del americano. Resulta que, después de huir de la escena del crimen, lo ha utilizado varias veces. Ha hecho unas cuantas búsquedas empleando el navegador de Yahoo!, ha localizado una compañía de paquetería y de servicios logísticos ubicada cerca del aeropuerto y a continuación ha llamado.

Piensa enviar algo.

Algo tan importante que tiene que cruzar una frontera, aunque no pueda cruzarla él.

No. Cappelini coge el teléfono imposible de rastrear que utiliza para llamar al monje y marca el número de este.

—Escucha con atención. Voy a enviarte en un mensaje la dirección de una empresa de paquetería que hay cerca del aeroporto. Tienes que ir enseguida, averiguar qué ha dejado allí Karakandez para que salga por avión e impedirlo. A toda costa. ¿Me has entendido?

—He entendido.

Se corta la llamada y Cappelini envía el mensaje. Por el cristal del despacho de su jefe ve que Fusco está con el mayor y con el comandante. Sabe exactamente lo que están diciendo. Y no va a ser nada bueno para el policía de Los Ángeles.

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