En su nombre
Capítulo 113
Boyle Heights, Los Ángeles
El efímero calor de este día de noviembre ya ha desaparecido para cuando Amy Chang cruza la ciudad y se reúne con el personal investigador de la escena del crimen en el apartamento de Kim Bass.
Había abrigado la esperanza de pasar un fin de semana libre de muertes, el primero en tres meses, pero está claro que no va a poder ser. Aparca junto al bordillo, delante del portal del destartalado edificio, se pone la bata blanca y saca el maletín del maletero del coche. El vaho de su respiración se queda congelado en el aire mientras cierra con llave y echa a andar por el sendero.
—Chang. Doctora Amy Chang —se presenta mostrando su identificación a un novato que está tomando nota de todo el que entra y sale de la escena del crimen.
—Buenas tardes, doc. —Ya habla igual que un veterano. La deja pasar y añade—: Es arriba, en la segunda planta. El agente encargado es el teniente Carter. Ya está dentro.
—Gracias.
La escalera está abarrotada de más agentes uniformados que van y vienen tomando declaraciones a los vecinos y probablemente quedándose por ahí haciendo tiempo, con el fin de no quedarse libres para acudir a otra misión siendo ya sábado por la tarde. En la puerta del apartamento hay un fotógrafo tomando planos generales del rellano y de las escaleras. También hay dos individuos de la policía científica esparciendo polvillo por las paredes, el pasamanos y el interruptor de la luz.
La entrada del apartamento, que rara vez se limpia, ya ha sido exhaustivamente fotografiada y examinada en busca de huellas, y se han tomado decenas de pisadas tanto de hombres como de mujeres. También se han tomado impresiones de la suela de zapatos y botas en la moqueta y en las baldosas de todas las habitaciones. Como de costumbre, todo el interior de la vivienda se ha teñido de blanco por efecto de las ásperas luces de los forenses, que arrojan sombras de tamaño monstruoso por todas partes. En cuanto la elegante silueta de Amy se suma a las sombras chinescas que se proyectan sobre las paredes del cuarto de estar, Tyler Carter se vuelve hacia ella y le dice:
—Doctora Chang, le ruego que me disculpe por haberla hecho venir en mitad del fin de semana.
—Disculpado. ¿Dónde está el cadáver?
—En el dormitorio. Allí dentro hay poco espacio, de modo que lo he sellado hasta que llegara usted.
—Eso me va a ser de gran ayuda, gracias.
La mayoría de los policías no pueden evitar decir al forense lo que opinan ellos. Ya desde el principio le cuentan cuáles son sus teorías acerca de cómo murió la víctima, lo que seguramente había estado haciendo, cuál ha podido ser la causa de la muerte y cuánto tiempo lleva tumbada en el sitio. Pero Carter no. Tyler Carter no dice ni una palabra. Ni siquiera expresa una sola idea particular hasta que le pregunta el forense.
A Amy le basta dar un solo paso en el interior de la habitación para saber lo que tiene entre manos. Ya lleva seis meses siendo testigo de la misma escena. Una sábana o una colcha enrollada alrededor la víctima, de la cabeza a los pies. Esto ha sido obra del Sigiloso.
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