En su nombre

Sam Christer · Capítulo 167 de 186

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En su nombre

Capítulo 167

John James, también conocido como Liberación, también conocido como Cara de Besugo, ya está debidamente empaquetado cuando Mitzi sale a la fachada posterior de la comisaría y se sube a la cabina de la ambulancia.

Justo detrás de ella viene el gigantesco corpachón de Joey di Matteo, un agente joven y duro, uno perteneciente a esa rara casta que se ha criado en Compton y Paramount sin incurrir en antecedentes penales. Tapa casi toda la luz al entrar, un segundo antes de que el encargado cierre el portón.

Mitzi se acomoda en el banco colocado frente a la camilla en la que está tumbado James. Este lleva un gotero de sangre conectado al brazo izquierdo y varios cinturones de seguridad atados a la cintura, para que no se caiga.

—Soy la teniente Fallon —dice Mitzi en tono calmo—. Voy a ir con usted y a quedarme con usted. ¿Le parece bien?

James abre los ojos, pero tan solo logra dirigirle una mirada aturdida.

Mitzi sabe que lo que diga a continuación servirá para establecer el tono. O

consigue que James se abra o lo incita a cerrarse como una ostra.

—¿Es la primera vez que lo llevan al hospital?

James mueve la cabeza de un lado al otro por efecto del bamboleo de la ambulancia, pero sigue sin hablar.

—No hay nada que temer. Lo van a lavar bien y le van a curar todos los cortes. —Lo mira con comprensión—. Yo tengo una amiga que se autolesiona. Se le ha metido en la cabeza que tiene que ser castigada. ¿Eso es lo que piensa usted también?

James se pasa la lengua por los labios resecos y susurra:

—Yo he pecado.

—No lo dudo. Yo también. Nadie es perfecto, ¿no?

James murmura algo:

—… masera…

—¿Cómo dice? Repítalo.

—Emma sí era.

Ese nombre abre un boquete en la fachada calmada de Mitzi.

—¿Emma? ¿Se refiere a Emma Varley?

—A mi Emma. —Su voz se encuentra todavía un decibelio por encima del susurro.

—Ha dicho que era. No que es.

—Ahora está con Dios. —James intenta incorporarse—. Ya no siente dolor.

Está en el paraíso.

Un enfermero se inclina sobre él y lo sujeta con la mano.

—No se levante, tranquilo.

—¿Cómo es eso? —presiona Mitzi—. ¿Cómo ha hecho su Emma para llegar al paraíso?

James hace un gesto de satisfacción.

—La ayudé yo.

—Y las otras… ¿también las ayudó?

—Mi misión es ayudar. —Reflexiona un instante sobre lo que acaba de decir y añade—: Soy un soldado del Señor.

—Y Kim Bass… ¿Ayudó a esa?

La expresión de James se transforma. Desaparece la serenidad. La tensión le arruga la frente.

—Fue un error. Ella era malvada… pero fue un error llevarla. Necesitaba tiempo para redimirse. Me equivoqué al llevarla antes de tiempo.

—¿Llevarla, dice?

—Pensé que el Señor la había elegido, pero me equivoqué. Su alma está ardiendo en el infierno, y es culpa mía.

El enfermero coge la muñeca de James y le toma el pulso.

—Me parece que ya ha hablado bastante, detective. Tiene el pulso disparado, y todavía no ha salido del estado de trauma.

Mitzi se aparta del paciente. Necesita asimilar lo que le ha contado este.

Necesita bajarse de la ambulancia y decirle a Carter que James ha confesado delante de testigos haber cometido al menos uno de los asesinatos.

JJ cierra los ojos. Los cierra con fuerza y empieza a rezar en voz baja:

—Deus meus, ex toto corde paenitet me omnium meorum peccatorum, eaque detestor…

—Es latín —interviene Di Matteo—. Está haciendo acto de contrición.

—¿Usted sabe cómo es un acto de contrición? —Se asombra Mitzi.

—De pequeño fui monaguillo. La Iglesia Católica impidió que anduviera por las esquinas.

—¿Y qué quiere decir en inglés?

—Significa: «Dios mío, me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido y detesto todos mis pecados por tu justo castigo, pero sobre todo porque te

ofenden a ti, Dios mío, que eres todo bondad y mereces todo mi amor.

Decido firmemente, con la ayuda de tu gracia, no pecar más y evitar toda ocasión de cometer pecado. Amén».

—Impresionante.

—Teníamos que aprenderlo de memoria.

Mitzi vuelve la vista hacia Liberación. Desde luego, él ya no va a pecar más. Con un poco de suerte, se encargará de ello el equipo de ejecución de San Quintín.

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