En su nombre

Sam Christer · Capítulo 14 de 186

Páginas del PDF

En su nombre

Capítulo 14

Domingo

Carson, Los Ángeles

Aún es temprano, pero ya circulan vecinos por Renton Street. Están lavando el coche o las ventanas, limpiando de basura el césped… aprovechando al máximo lo poco que tienen.

El individuo de la destartalada vivienda que se alza al fondo de la calle sin salida recorre el corto trecho que separa la puerta de su casa del buzón verde y oxidado que hay al final del camino de entrada para coches. Es una tarea que lleva a cabo únicamente una vez por semana, después de desayunar y antes de acudir a la iglesia.

El correo que contiene el buzón va dirigido a un tal John James. Es el seudónimo por el que ha cambiado legalmente su nombre original. James es el nombre de pila más común en Estados Unidos, seguido por John. Con su deseo de integrarse, le pareció apropiado combinar los dos.

JJ vive solo y es un animal de costumbres. Las costumbres son una cosa importante; se acercan mucho al ritual y son afines al sacrificio. Él nunca falta al trabajo, y jamás deja de ir a la misa en latín del domingo. La dedicación y la devoción son dos de las cosas más importantes de su vida, una vida muy extraña e insólitamente privada.

La de St. Patrick es una de las pocas iglesias en las que todavía se puede asistir a una misa católica tradicional. Él siempre se sienta en el mismo sitio: pasillo del centro, al final de todo. Es el lugar perfecto, pues le permite ser el último en entrar y el primero en salir, en esfumarse antes de que los demás se arremolinen a su alrededor y le cierren el paso.

Permanece unos instantes sentado dentro del coche, observando a los que aún no ha matado, el modo en que se mezclan y conversan los unos con los otros, se dan besos y apretones de manos, se saludan y sonríen para después dedicarse a sus mutuos, pecaminosos, quehaceres.

Mentirosos. Estafadores. Farsantes. Él los ve tal como son.

Arranca el motor del Explorer y se va, murmurando las Escrituras como un niño que saborea un caramelo al tiempo que intenta que le dure lo más posible.

—Hostiam puram, hostiam sanctam, hostiam immaculatam. Víctima pura, víctima santa, víctima inmaculada.

Cuando regresa, los vecinos todavía están lavando y limpiando. Él los ignora, entra en casa y sube al dormitorio. Derecho a por la cuchilla. Se queda de pie, desnudo. Desnudo ante los ojos de Dios. A continuación, lentamente, se hace varios cortes en el pecho, los brazos y las piernas, formando un intrincado dibujo de cruces. El acero se hunde lo suficiente para que brote la sangre, pero no tanto como para producir una herida que necesite puntos.

No siempre ha sido así. En los primeros días de su devoción, tocó una arteria femoral y estuvo a punto de morirse. Ahora ya tiene más práctica y es más cuidadoso. Sería horrible que muriera antes de que fuese su hora, antes de que llevara a cabo su misión. Se sitúa frente a un alto espejo atornillado a la puerta del dormitorio y examina el dibujo que forman sus heridas sangrantes.

—Omnis honor et gloria. —Todo honor y toda gloria. Susurra estas palabras una y otra vez. Despacio. Con calma. Haciendo largas pausas entre una y otra.

Mientras ese mantra va inundando su mente, toma una sábana blanca y se la enrolla al cuerpo, bien ceñida. Es una sensación divina: el crujido de la tela, el olor a jabón, la visión de la sangre que va empapando lentamente esa blancura celestial.

JJ se acurruca en el suelo de madera y se imagina que agoniza, que está yendo derecho al cielo.

OceanofPDF.com