En su nombre
Capítulo 72
Santa Mónica, Los Ángeles
Mitzi se mete largo rato bajo la ducha, toma más analgésicos y más café recién hecho y sale a dar un breve paseo antes de subirse a un mareante taxi para ir a recoger su coche. Tardará una temporada en volver a darse así a la bebida. Aunque ha merecido la pena. Seis gloriosas horas de sueño y un corto período de tiempo sin pensar en Alfie, en las niñas ni en el desastre en que se está convirtiendo su vida.
«Estaba», en pasado.
En el futuro, que comienza a partir de ahora mismo, todo va a ir bien.
Piensa terminar el caso que tiene entre manos, irse de vacaciones con Jade y con Amber, vender la casa y empezar desde cero. En algún lugar libre de recuerdos. Todo va a salir estupendamente.
Está aparcando en la comisaría cuando de pronto le suena el móvil.
—Fallon —contesta, al tiempo que cierra la portezuela del coche y echa a andar.
—Logan Connor, teniente. —Al otro lado de la línea se produce una pausa, y después se oye—: Su número me lo ha dado el sargento Sheen, me ha dicho que tenía que llamarla.
—Continúe.
—Acabo de salir del juzgado, teniente. Han dado curso al expediente de su marido.
El comentario obliga a Mitzi a frenar en seco. No tenía idea de que iban a llevar el caso de Alfie ante la justicia con tanta rapidez. Alguien debe de haber movido los hilos por ella.
—Le agradezco que me llame. Dígame.
—Su marido ha alegado agresión y su abogado ha llegado a un acuerdo con el fiscal del distrito para evitar un juicio en serio. Le han caído treinta días.
Mitzi se queda anonadada. No acaba de discernir si es una noticia buena o mala. En la mayoría de los casos se termina imponiendo el mínimo de treinta días. Alfie, por lo que ha hecho, debería pasar en chirona un año o más. A pesar de la levedad de la condena, Mitzi sabe también que Alfie ya tiene una mancha en su expediente. Es un recluso, un convicto. Y ese es un tatuaje especial que no se quita con láser.
—Entonces, ¿ya ha sido procesado, ya está dentro del sistema? —Es una pregunta retórica, porque de sobra sabe lo que va a suceder.
—Así es. Además, el juez ha impuesto restricciones. Le ha prohibido acercarse a cien metros de usted, del domicilio familiar y de cualquier miembro de la familia sin supervisión y sin el consentimiento del cónyuge.
—Connor se aclara la voz—. Si quiere que le diga mi opinión, yo creo que el juez debería haber…
—Oficial, ni quería antes, ni quiero ahora, la verdad, saber cuál es su opinión. —Está a punto de dejarle con la palabra en la boca, pero de repente se acuerda de tener mejores modales—. Le agradezco que me haya llamado y que se haya encargado usted de todo esto. Ha sido muy discreto por su parte. Si alguna vez necesita un favor del Departamento de Homicidios, lo tiene esperando en mi mesa.
—No será necesario, teniente. Es un placer haberle sido de ayuda.
Mitzi corta la llamada. Treinta días. ¿Cómo demonios se lo va a decir a las niñas?
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