En su nombre

Sam Christer · Capítulo 154 de 186

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En su nombre

Capítulo 154

Aeropuerto de Cointrin, Ginebra

La placa de Nic es suficiente para conseguir que la policía suiza los lleve en un coche hasta el aeropuerto y utilice otro para dejar a Ursula sana y salva en casa de su amigo el diplomático de Ginebra.

Después de recoger los billetes en el mostrador de Lufthansa, el detective va directamente a los aseos. Se encierra en un retrete, levanta la tapa de cerámica del inodoro y, a regañadientes, arroja a la cisterna la Beretta vacía de munición. Pese a lo mucho que le gustaría quedársela, no hay forma de hacerla pasar por el escáner. Ajusta el balón flotador, verifica que la cisterna sigue funcionando y regresa de nuevo a la sala principal.

Sin apenas tener tiempo para hablar, Édouard y él sacan a toda prisa las tarjetas de embarque y pasan por los controles de seguridad, aduana y pasaportes. Llegan a la puerta de embarque y se suman a los centenares de pasajeros del vuelo de trece horas de duración que se dirige a Los Ángeles, previa escala en el aeropuerto JFK de Nueva York. Finalmente, el 747 se impulsa por la pista de despegue y se eleva hacia el cielo nocturno. Una vez que se haya nivelado y se apague la señal de abrocharse el cinturón, Nic llamará al sobrecargo y le solicitará una copia de la lista de pasajeros.

Quiere darse una vuelta por el avión y comparar caras y nombres. Solo entonces se sentirá seguro y podrá pensar en la vuelta a casa y en la nueva vida que le aguarda. Piensa navegar primero hacia el norte, hasta San Francisco; después se dirigirá a Fort Bragg y bordeará los bosques de Crescent City, Gold Beach y Florence. Puede que se acerque hasta Neah Bay y visite Victoria, Richmond y Vancouver. Por el camino irá recogiendo trabajo. Se perderá. Se reinventará. ¿Quién sabe?

Broussard le toca el brazo y lo hace volver al presente.

—¿Cree usted que llegará a capturar al que asesinó a la guionista e intentó matarnos a nosotros?

Normalmente Nic se mostraría animado y positivo. Buscaría la típica frase de los detectives y respondería que al final los malos siempre acaban cayendo. Pero esa época ya casi la tiene olvidada.

—Probablemente no. Ese tipo mata tanto en Estados Unidos como en Europa. Es un sicario profesional. Y los profesionales saben esfumarse de una manera que desconocen los delincuentes callejeros. Cuando uno cruza una frontera, la policía le sigue el rastro; pero cuando se cruza a otro continente, el rastro mismo se pierde.

—Pero ustedes cuentan con pistas, muestras forenses, fechas de actividad.

Todo eso ayuda, ¿no es así?

—Así es, pero valen mucho más si se cuenta con una descripción realmente buena del individuo en cuestión… y nosotros no contamos con ella. Es un fantasma.

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