En su nombre

Sam Christer · Capítulo 58 de 186

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En su nombre

Capítulo 58

Los Ángeles

Esta noche, lo único que tiene Mitzi en la cabeza es beber. Beber para olvidar. Beber para perder el conocimiento, si es preciso. Beber para ahogar el recuerdo de que le sacó una pistola a su marido y estuvo a punto de dispararle.

Amy y ella dejan los coches junto al restaurante y toman un taxi para ir a casa de la patóloga, donde antes de nada descorchan una botella de vino blanco. Después de sumir el iPod en el olvido, Amy coge varios cojines y mantas y convierte el sofá en una cama. Algún día se comprará un conjunto de dos camas, pero de momento no; probablemente, hasta que se agencie un novio a largo plazo, uno que se quede a dormir.

—Bueno, ¿y dónde tenemos a nuestro querido Nic? —pregunta a Mitzi.

Mitzi esboza una sonrisa de alcohólica desde el sillón en el que se ha dejado caer.

—Está en Italia. En Turín. —Le oscila la copa de vino, y sensatamente decide sujetarla por la parte ancha en lugar de la estrecha—. El pobre diablo se ha pasado casi el día entero metido en un avión.

—Oh.

—¿Oh? ¿Eso es todo lo que estabas pensando cuando le has mencionado?

Amy sonríe.

—Claro que a lo mejor estabas pensando que ojalá estuvieras en Italia con Nic. Italia es un país muy romántico. Poesía. Violines. Todas esas chorradas. —Levanta la copa y agrega—: Y un vino estupendo.

—Se me ha pasado por la cabeza.

—Pues claro, hermana. Como debe ser.

—Pero Nic está un poco cerrado, Mitz. Ya sé que ha sufrido mucho, pero por lo visto todavía está hecho un lío.

—Probablemente. Dale tiempo al chico.

A Amy le viene a la memoria la tarde en que estuvieron juntos en el puerto deportivo.

—Yo creo que va a necesitar meses… puede que años.

—Puede ser. —Mitzi deglute un trago de Sauvignon frío—. Pero merece la pena esperarle, es buena persona. —Intenta desterrar del pensamiento a su marido. Maldito sea. También Alfie fue una buena persona en otra época.

Maldito sea por haber dejado de ser una buena persona para convertirse tan fácilmente en un vago.

—¿Y qué ha ido a hacer a Italia?

—Es una historia muy larga. Tiene que ver con Tamara Jacobs, esa guionista a la que examinaste tú. —Mitzi se incorpora a medias—. Por lo visto, estaba involucrada en algo relacionado con la Sábana Santa. Por eso ha ido Nic a Turín.

La patóloga frunce el ceño ante el súbito giro que ha dado la conversación.

—¿Te refieres a la Sábana Santa de Turín?

—¿Tú conoces otra? Por cierto, ¿tú qué opinas? ¿Es auténtica o no?

De repente Amy se siente agotada.

—¿Te importa que dejemos los rompecabezas para mañana? Estoy hecha papilla, y necesito irme a la cama.

—Claro. No hay problema.

Amy se levanta y apaga varias lámparas.

—¿Quieres que te traiga alguna cosa antes de acostarme?

Mitzi alza la copa de vino que tiene en una mano y la botella abierta que sostiene en la otra.

—Vale, ya capto el mensaje. Pero tómatelo con calma. —La patóloga se acerca a su miga, se inclina hacia ella y le da un abrazo—. Espero que puedas dormir un poco.

—Yo también.

Luego se va a su habitación. Si Mitzi hubiera estado sobria, le habría preguntado unas cuantas cosas. Por ejemplo, si alguna vez ha habido algo entre Nic y ella. Han corrido rumores, pero, como es natural, cuando hombres y mujeres trabajan juntos siempre hay rumores. Aun así, le gustaría saberlo.

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