En su nombre
Capítulo 178
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor.
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178
Comisaría de la calle Setenta y siete, Los Ángeles Mitzi entra a las ocho en punto de la mañana en una oficina que ya está casi llena.
Mientras se quita el abrigo, observa las mesas con gesto suspicaz.
—¿Qué ha pasado, chicos? ¿A todos os ha echado vuestra mujer de casa, a modo de simulacro de incendio?
Un sargento de expresión pétrea que está junto a la fotocopiadora la mira fijamente y le dice:
—Vaya a ver al capitán. Ha dicho que le avisáramos en cuanto llegase.
Mitzi cuelga el abrigo del respaldo de una silla.
—¿Matthews, a las ocho de la mañana de un lunes?
—Tiene el teléfono apagado. El jefe ha estado llamándola.
Mierda. No ha pagado la última factura, y finalmente la han dejado sin móvil. Hurga en el bolso para encontrarlo. Está sin batería. Así ha estado desde que llamó a Carter anoche, cuando se iba para casa. Estaba demasiado cansada para acordarse de conectar el cargador.
Se encamina hacia el despacho del jefe. Si ahora tiene algún problema, probablemente se deba a toda esa palabrería jurídica que presenció en el hospital. Qué diablos. Hizo todo lo que pudo. No se le puede pedir más.
La secretaria de Matthews no se encuentra en su puesto. Al jefe lo ve a través del cristal, hablando con Tyler Carter. Y no parece estar de muy buen humor.
Llama a la puerta y entra.
—¿Quería verme, señor? —pregunta con el corazón encogido.
—Pase y cierre la puerta —le indica Matthews con un gesto.
A Mitzi no le gusta nada la expresión que tienen ambos en la cara.
—¿Qué ocurre?
—Anoche dispararon a Nic Karakandez en el aeropuerto. En un tiroteo con un individuo que intentaba huir de los guardias del control de pasaportes.
Mitzi respira hondo.
—Falleció de camino al hospital. Una bala en el vientre y otra en el hombro…
—Oh, Dios mío. —Le flaquean las rodillas.
Matthews alza una mano.
—Déjeme terminar. Lo reanimaron en Urgencias. Está vivo, pero se encuentra en estado de coma. —Matthews la ayuda a sentarse en una silla
—. Mató de un disparo a un hombre que huía, el hijoputa que le alcanzó dos veces con un 45.
Carter la toca en el hombro.
—Broussard, el científico que usted dijo que venía con él, también ha muerto. Además de un pasajero minusválido que recibió un disparo en la cabeza. Y hay un adolescente que va a quedar paralítico de por vida.
Mitzi está sin habla.
—Broussard fue hallado muerto en los aseos del aeropuerto, antes de pasar el control de pasaportes. Eso fue lo que dio lugar al tiroteo.
—Y yo que pensaba que ya estaban en casa y a salvo —dice Mitzi por fin
—. Nic me llamó desde Nueva York y me dijo que todo iba bien.
—Pues no iba bien. —Matthews intenta ser práctico—. Tyler ha mandado a dos de sus hombres a investigar la escena, y los dos cadáveres han sido enviados al depósito.
—Quisiera ir al hospital —dice Mitzi mirando a Carter—. Si puede ser. Ya intentaré hacer un informe sobre el Sigiloso cuando regrese.
—De acuerdo. Pero vaya con cuidado. La prensa se ha enterado del tiroteo y está asediando las salas de Urgencias.
De pronto se abre la puerta del despacho y aparece Amy Chang con una expresión de intensa compasión en el rostro.
—He venido en cuanto me he enterado.
Mitzi se alegra de verla.
—Gracias.
Matthews no puede dejarla marchar sin decirle las cosas como son, a fin de que Mitzi haga acopio de fuerzas para enfrentarse a lo peor:
—Las cosas no pintan nada bien para Nic. Anoche, el médico dijo que tenía un cuarenta por ciento de probabilidades de recuperarse.
—A la mierda los médicos. —Mitzi abre la puerta del despacho—. Nic tiene un barco esperándolo, y yo voy a asegurarme de que consiga pilotarlo.
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