En su nombre
Capítulo 171
Aeropuerto de Los Ángeles
Efrem hace una última comprobación.
Pone dos dedos en el cuello del científico y busca pacientemente el pulso.
No hay nada. Broussard está muerto. La tarea ha sido llevada a cabo.
Vuelve a colocar el cadáver encima del asiento del retrete hasta el que lo ha arrastrado y retira el alambre del profundo corte que ha causado en la garganta del objetivo. Lo limpia de sangre y restos de tejidos, vuelve a enrollarlo dentro de su funda de cuero flexible, semejante a una pulsera, y se lo ajusta de nuevo alrededor de la muñeca.
Acto seguido, el monje se sube de pie al inodoro y otea los demás cubículos. Están vacíos. Entonces se iza por encima del biombo de separación, baja por el otro lado, abre la puerta y sale de los aseos.
La sala aún está repleta de pasajeros cansados que aguardan impacientes en las colas. Él echa a andar despacio y con seguridad hacia la corta fila de los residentes estadounidenses. Ha sido divertido ver a Karakandez recorrer el avión de punta a punta, comparando los nombres de los pasajeros con los del manifiesto, sin percatarse de que él desaparecía por un pasillo mientras el policía avanzaba por el otro.
Solo tiene a cinco personas por delante de él. El guardia es metódico y eficiente, va haciendo avanzar a la gente con rapidez pero observando larga, atentamente, el rostro de todos.
Efrem llega a la cabecera de la fila. Saca el pasaporte del bolsillo y espera a que lo llamen. Sabe que dentro de cinco minutos será libre.
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