En su nombre

Sam Christer · Capítulo 7 de 186

Páginas del PDF

En su nombre

Capítulo 7

Viernes por la mañana

Comisaría de la calle Setenta y siete, Los Ángeles La sala de la comisaría apesta a burritos devorados a altas horas y tiene toda la pinta de haber sido el escenario de una larguísima fiesta de una hermandad que acabara de terminar. En medio de ese inmenso mar de escombros masculinos, la mesa metálica de Mitzi Fallon, propiedad del estado, constituye una isla de paz y tranquilidad.

—Más café. —Nic deposita sobre la mesa la taza de la teniente, que lleva una leyenda que reza: «Mejor mamá del mundo». Se la regalaron sus gemelas por el Día de la Madre, hace dos años—. ¿Qué te ha pasado en la mano? —pregunta señalando los dos dedos vendados.

—El elefante de mi marido se cayó encima de mí mientras estábamos tonteando. —Mitzi intenta mover los dedos—. Después de todo, puede que el celibato no sea tan mala idea.

—Mejor no entres en detalles.

Mitzi consigue acercarse la taza a los labios.

—Esta tiene que ser la última dosis de cafeína que tome esta mañana. No me dejes tomar más. —Vuelve la mirada hacia las imágenes captadas por la cámara de seguridad, que se están viendo en un monitor de pantalla plana a una velocidad treinta y dos veces mayor de la normal.

—¿Has visto algo? —inquiere Nic.

—Sí, mi voluntad de vivir. Hará unas tres horas, se volvió loca y se arrojó desde ese embarcadero.

Nic ocupa una silla junto a ella.

—Acabo de hablar con los agentes. No han encontrado nada de nada.

—¿Y eso es noticia?

—Supongo que no. Te juro que algunos de esos chicos son demasiado jóvenes hasta para cruzar la calle solos.

Mitzi se echa a reír.

—Mira quién habla, el gran veterano. Tienes que vigilar tus modales; todavía estás muy verde para tacharlos de novatos. —Mira el enorme reloj que cuelga en la pared, cerca del despacho del capitán—. Veo una cinta más y luego me voy a comer algo. ¿Vienes?

—Vale, pero que no sea pizza. Necesito empezar a ponerme en forma para el gran viaje.

—Ya estás en forma. Cuando estés por esos mares, no tienes más que darte un baño y verás cómo se te echan encima todas las mamás ballena.

—Muy graciosa, ja-já. —Nic se da una palmada en la leve barriga que desde hace un tiempo ha reemplazado a unos abdominales duros como piedras—. Si rebajo los hidratos de carbono, reduzco la cerveza y elimino la pizza, estaré estupendo. Aburrido y muerto de hambre, pero estupendo.

—Estar estupendo no es bueno en absoluto. Es una tierra de nadie. Uno se encuentra atrapado en el fuego cruzado entre estar cebado y feliz, y famélico pero con un cuerpazo de gimnasio. Confórmate con continuar estando estupendo cuando estés casado.

—Se te olvida que ya he estado casado.

—Pues si te sentó bien la primera vez, te sentará bien una segunda. —Mitzi levanta la vista hacia él, temerosa de que vuelva a aflorar el dolor de antes

—. Solo te estoy pinchando un poco. Sigues siendo un tío bueno, y no solo para las ballenas. No te preocupes más.

De pronto suena el teléfono de la mesa de Nic. Este echa la silla hacia atrás y coge el auricular extendiendo el brazo por encima de un volcán de papeles.

—Karakandez.

Mitzi bebe un sorbo de café y lo mira fijamente. Es una lástima que no quiera empezar a salir otra vez con mujeres, sería un buen partido. Amable, modesto y más sincero que nadie. Atractivo, pero no tan chico mono como para preocuparse en exceso cuando todo empiece a caerse por efecto de la gravedad. Sonríe. Sí, cuando Nic Karakandez decida por fin salir de su concha, va a haber una chica a la que le toque la lotería.

Nic cuelga el auricular, coge la libreta en que ha estado escribiendo y se acerca otra vez a la mesa de su jefa.

Mitzi señala la libreta con un gesto de la cabeza.

—¿Qué es lo que tienes?

Nic la levanta en alto.

—Observa quién es nuestra víctima.

Mitzi mira fijamente lo que ha escrito Nic con su letra de araña.

—Tamara Jacobs. —Se encoge de hombros—. ¿Se supone que debo conocerla?

—El empleado de las huellas dactilares ha dicho que sí. Es una guionista de cine. Un pez gordo, en cierto modo. Se dedica a dramas históricos, de época, y también románticos, que tratan de los antiguos romanos y de los reyes de Inglaterra. ¿Tú eres aficionada a esas cosas?

—¿Estás de broma? Lo máximo que me acerco a las películas de época ambientadas en Inglaterra es Harry Potter.

Mitzi se vuelve hacia el teclado del ordenador y busca en internet «Tamara Jacobs». Aparece una página de Hollywood Reporter en la que se ve una fotografía de la fallecida y, debajo, un gran bloque de texto en letra negrita.

Nic se inclina para leer en la pantalla.

—¿Cómo dice que se titula su nueva película?

—El sudario —contesta Mitzi—. Estaba trabajando en una película titulada El sudario. Después de todo, puede que empiecen a gustarme sus películas.

OceanofPDF.com