En su nombre

Sam Christer · Capítulo 90 de 186

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En su nombre

Capítulo 90

Turín

Erica Craxi le cuenta a Nic todo lo que sabe acerca de Tamara Jacobs, por qué los ingresos se hacían a nombre de su marido y con quién trabajaba este.

La revelación lo deja atónito. Repasa varias veces los detalles. Es de esas informaciones que hay que verificar doblemente. Uno hace todo lo que está en su mano para cerciorarse de no estar cometiendo una terrible equivocación. Por fin Erica, después de repetir varias veces la veracidad de la información, da su consentimiento para que Goria entre en la habitación a fin de que Nic se asegure de haber entendido todo bien.

Ha entendido todo. Al terminar, Erica se siente agotada y nerviosa, muy nerviosa.

—¿Qué va a ocurrirme ahora?

Nic observa que se muerde la uña mientras espera a que le conteste. Vuelve la mirada hacia Goria, y este le proporciona con los ojos la respuesta que está buscando.

—Podemos protegerla. Me refiero al Departamento de Policía de Los Ángeles, junto con el equipo de este hombre. Ya le he dicho que me fío de él, y así es. Nos aseguraremos de que esté usted sana y salva.

—Nada de Carabinieri —dice Erica con expresión asustada.

—No, nada de Carabinieri, se lo prometo. Fabio y su equipo cuidarán de usted hasta que encontremos a su marido.

El investigador privado se agacha en cuclillas, le toma la mano y le dice algo en italiano que la hace sonreír brevemente. Ella baja la mirada hacia su teléfono móvil y luego la posa en Nic.

—¿Me permiten llamar otra vez a Roberto?

—Naturalmente.

Nic la observa mientras ella pulsa la tecla de marcación rápida de su marido y pasea nerviosa por la habitación esperando a que este conteste. Marca de nuevo. Nic sabe que las posibilidades de que Craxi regrese sano y salvo casi han desaparecido. La que ha sido su esposa durante veinte años cierra el teléfono móvil y se acerca a él. Con las lágrimas rodando por las mejillas, le coge las dos manos y lo mira a los ojos.

—Por favor, búsquelo. No permita que Roberto muera.

Nic le aprieta la mano.

—Haremos todo lo que podamos.

Erica le pone un objeto en la palma de la mano izquierda al tiempo que susurra:

—Este es san Cristóbal, patrón de todos los viajeros. Que él le guíe hasta mi marido y hasta todo aquello que ha venido usted a buscar.

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