En su nombre
Capítulo 50
Carson, Los Ángeles
JJ está sentado en su frío dormitorio, a oscuras, intentando recobrarse. Tan solo hace una hora que ha matado, y todavía nota el torrente de adrenalina.
Hace inspiraciones lentas aspirando el olor ahumado y dulzón de las velas, que actúa como un bálsamo para sus emociones en carne viva. Esta vez, la sensación ha sido distinta. Menos espiritual. Más visceral. Más humana que divina.
Se mira las manos y se maravilla del poder que tienen para dar la vida y la muerte. Hasta esta noche, Dios siempre las había controlado, las había guiado hacia la boca y el cuello de los que aún no había matado. En cambio, esta noche no. Esta noche, quien ha decidido ha sido él. Él ha sido Dios. Y
esa idea lo turba. Genera una mínima duda, como un lágrima en la comisura del ojo de un ángel niño: perfecta, pero en cierto modo fuera de lugar.
La visión de Em tendida ante él, tal como la dejó, lo saca de este momento de reflexión. Está muy hermosa. Amorosamente cubierta de pies a cabeza por una larga sábana limpia, de tela muy cara, que robó en el trabajo. Pasa los dedos por el tejido, suave y fresco. La mortaja de Em. Y a continuación la desenvuelve igual que haría un egiptólogo que hubiera descubierto a una reina egipcia.
La reina Em.
Se arrodilla junto a ella y le susurra con orgullo al oído:
—Una de ellas ya ha muerto, amor mío. Esa escoria de Kim Bass. Su Día del Juicio Final ha llegado y ha pasado.
Coloca las velas en el suelo, a su alrededor. El interior de la mortaja presenta unas manchas extrañas, unas marcas tan nítidas que es posible apreciar el contorno de la cara. A lo mejor esas marcas proceden de restos de maquillaje, sudor o incluso salpicaduras de sangre.
También hay otras manchas más oscuras: orina y heces. JJ no siente asco ni repulsión; no más de lo que siente un padre en los días que siguen al nacimiento de un hijo.
Deja a Em en el suelo y moja una manopla en el cuarto de baño. La limpia con delicadeza y le seca la piel con una toalla. Igual que a un recién nacido.
Ahora que ya ha terminado, se sentarán los dos juntos y abrazados, a esperar las primeras luces de un nuevo día. Él y su amor. Su reina. Juntos para siempre.
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