En su nombre

Sam Christer · Capítulo 110 de 186

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En su nombre

Capítulo 110

Santa Mónica, Los Ángeles

El ordenador transformado en zombi sigue dando vueltas por el cerebro de Amy Chang cuando esta pone fin a su carrera de todas las mañanas por las blancas arenas de California.

Horas de trabajo perdidas. Decenas de archivos estropeados. Dios quiera que se pueda rescatar parte de los documentos.

Toma una ducha, y después se viste con unos vaqueros y una sudadera rosa.

El día tiene pinta de ser estupendo. Se sirve un vaso de zumo de naranja, abre la ventana de la terraza y se sienta a disfrutar de la cuña de sol que caldea su casa. Alguien ha infectado su Mac con un virus, y la última persona que le envió algo fue el profesor inglés, Hasting-Smith. Pero eso no tiene sentido; los catedráticos de Cambridge no mandan correos infectados.

Sin duda, sus propios cortafuegos interceptarían esa clase de cosas. Pero tampoco se puede negar que sus programas se quedaron fritos después de que Hasting-Smith le enviase los informes. El lunes se lo contará a los de seguridad, a ver qué opinan ellos.

Apura el zumo de naranja y le viene a la memoria que todavía tiene que enviar a Mitzi el informe que le solicitó esta acerca de la Sábana Santa. De manera que deja de tomar el sol y enciende el ordenador portátil de casa.

Pasa una hora intentando rememorar todo lo que anotó en el trabajo antes de que cascara el Mac, y después se centra en confeccionar una lista de los traslados que ha sufrido la Sábana Santa a lo largo de los últimos siglos; la geografía y la historia siempre ayudan a los patólogos a conocer mejor a sus víctimas y sus muestras.

Siglo XIII

Ray-sur-Saone, Francia: La Sábana permanece guardada en un féretro de un château.

Roussillon, Francia, 1287: Unos caballeros templarios afirman que se les ha mostrado un lienzo de lino alargado que lleva impresa la imagen de un hombre.

Siglo XIV

Anthon, Cruseilles, Rumilly y Mornex, Francia/Ginebra, 1358-1389: Se cree que la Sábana Santa ha estado en diversos lugares.

Siglo XV

Montfort, Francia, 1418: Permanece durante un corto período de tiempo en el castillo de Montbard, cerca de Montfort.

St Hippolyte sur Doubs, Francia: Guardada allí entre 1418 y aproximadamente 1453.

Siglo XVI

Turín, Italia: Desde 1578 se guarda casi de continuo en Turín (excepto durante la Segunda Guerra Mundial, cuando pasó siete años en Avellino, en la abadía de Montevergine).

Amy repasa la lista. En términos policiales, la cadena de custodios resulta dudosa, por no decir algo peor. La prueba —la Sábana Santa en sí— podría haber sido manipulada y contaminada decenas de miles de veces. Por encima de todo, la enorme ausencia de detalles acerca de ella con anterioridad al siglo XIII dispara en Amy todas las alarmas investigadoras.

Ningún tribunal del mundo —salvo tal vez uno que estuviera dentro de la Ciudad del Vaticano— fallaría que dicho lienzo perteneció a Jesucristo.

Saca de su bolso de trabajo una agenda Moleskine de color marrón. Dentro contiene una fotografía pequeña de la Sábana Santa. Debajo hay unas cuantas notas que tomó ella misma basándose en la suposición de que las marcas que aparecen en la tela las causó la sangre.

Amplias «marcas de sangre» en el cráneo, donde se afirma que se encajó violentamente una corona de espinas.

Nota: también hay marcas en la parte posterior del cráneo que concuerdan con heridas punzantes causadas por espinas de gran tamaño, y regueros de sangre que concuerdan igualmente.

Cuesta trabajo imaginar lo que pudo causar el círculo de marcas punzantes, como no fuera una corona o un casco de espinas.

Posible fractura de la nariz y daños en el cartílago nasal.

Decenas de marcas en el torso y en los brazos, posiblemente ocasionadas por una intensa flagelación. Las marcas parecen lo bastante grandes para

corresponder a jirones de piel arrancados del cuerpo.

Pronunciada «marca de sangre» en la muñeca izquierda que concuerda con un clavo que la hubiera atravesado por el Espacio de Destot.

Los pulgares parecen estar vueltos hacia dentro. Concuerda con la lesión del nervio mediano.

Herida visible en el pecho, entre las costillas quinta y sexta del costado derecho. Concuerda con la penetración de la lanza.

Amy repasa todos los puntos de la lista. En su fuero interno, no hay la menor duda de lo que le están diciendo esas marcas. Que la víctima fue azotada de manera horrenda, que le encajaron en la cabeza algún objeto provisto de múltiples púas que causó numerosas heridas y que fue crucificada. Pero ninguna de sus notas responde a la pregunta importante.

¿Quién era, exactamente?

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