En su nombre

Sam Christer · Capítulo 24 de 186

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En su nombre

Capítulo 24

Comisaría de la calle Setenta y siete, Los Ángeles El encargado de Prensa Adam Geagea se encuentra sentado en el borde de la mesa de Nic, esperando a que este finalice una llamada. Sabe que no es bienvenido; a los policías les gusta llevar sus casos sin darles publicidad, y por el contrario la misión de él consiste en dar a conocer al mundo lo que está pasando. Es comparar peras con manzanas.

Geagea tiene casi cincuenta años y le encantaría haber sido policía. Lo único que se lo impidió fueron los centímetros que le faltaban de estatura y un apellido sospechoso de ser extranjero. Si le hubieran dado un dólar por cada vez que se vio obligado a deletrearlo o a decirle a la gente cómo se pronuncia, sería multimillonario. Tan solo las personas cultas se dan cuenta de que posee el mismo apellido que Samir Geagea, el famoso cristiano de Oriente Medio que lucha por la libertad. Pero no es un detalle sobre el que él desee llamar la atención.

Nic pone fin a la llamada y dirige una mirada acusadora al individuo que tiene sentado encima de su mesa de trabajo.

Geagea está jugueteando con un calendario de sobremesa.

—¿Qué es esto, detective, una especie de test de inteligencia?

Nic no está de humor para hablar de trivialidades, pero intenta ser amable.

—Hago uno al día, es un suplemento vitamínico para el cerebro.

El periodista examina una página y la lee en voz alta:

—«¿Qué tienen en común un otomano, un luchador, una anomalía y un antitranspirante?». —Piensa un momento y recorre la sala con la vista—.

Me rindo. ¿Cuál es la solución?

—Es para listos, Adam. Es mejor que lo dejes. ¿Qué es lo que quieres?

Geagea se toma el insulto con toda calma.

—Me están llamando las revistas Variety y Hollywood Reporter para pedirme información acerca de la muerte de Tamara Jacobs.

—¿Cómo se han enterado siquiera de que ha muerto?

—Porque son reporteros. Su trabajo consiste en enterarse de cosas así.

—Lo entiendo, pero ¿cómo lo han sabido? Tiene que haber salido de alguien, ¿y quién es ese alguien?

—Yo no he sido.

Nic sonríe.

—No he dicho eso. Entonces, ¿quién?

—El depósito de cadáveres. El forense. Una docena de personas que estaban en la playa cuando sacaron del mar a la víctima. Compañeros de los estudios cinematográficos. ¿Quieres que siga?

Nic se rinde.

—No hay ningún comunicado preparado. En este preciso momento Mitzi se encuentra en los estudios. Di a los medios lo de siempre, que estamos esperando el informe del forense y que no haremos comentarios hasta que lo tengamos.

—Estos moscones no van a irse así de fácil, detective. En Los Ángeles, los guionistas de cine muertos se convierten en famosos. —Geagea se encoge de hombros—. A la prensa de Hollywood le importan una mierda cuando están vivos, pero cuando mueren… En fin, eso es distinto, se transforman

en santos. —Enfatiza esta última palabra con una fuerte ironía—. Mañana vamos a tener una invasión de reporteros.

En ese momento suena el teléfono de Nic.

—Mañana será otro día. ¿Por el momento ya hemos terminado?

Geagea se baja de la mesa al tiempo que Nic levanta el auricular de su base.

—Karakandez.

—Nic, soy Tony Peach. Tengo noticias en relación con los neumáticos del coche.

Coge su libreta y vuelve la mirada un instante hacia Geagea, que todavía está de pie al lado de su mesa.

—Dispara.

—Se trata de unos Maxxis MA-S2 Marauders. Son neumáticos de alto rendimiento, nada baratos, vendrán a costar unos ciento cincuenta pavos cada uno.

—¿Sirven para un Lexus Hybrid?

—Desde luego. Valdrían para ruedas estándar de dieciocho pulgadas. A juzgar por el dibujo, la anchura y la profundidad del surco, en este caso estamos hablando de neumáticos nuevecitos. No han recorrido más de tres o cuatro mil kilómetros.

—Y traducido a horas, ¿a qué equivale eso, en un uso normal del coche?

—El conductor típico hace mil doscientas horas al año, ya no tantas como antes, por culpa de la subida de la gasolina. Así que estas gomas seguramente se estrenaron en septiembre, puede que a mediados de agosto.

Podría ser que las sacaran al mercado para realizar un ajuste en la producción o como un cambio reciente a un modelo superior. Sin embargo, en el caso de los coches de alquiler el tema es distinto. Los coches alquilados pueden hacer fácilmente mil quinientos kilómetros por semana.

Ah, y otra cosa: no se ven coches así conducidos por un representante de ventas, así que yo creo que podrías descartar de la lista a los comerciales.

—Eres un as, Tony. Tengo a unas agentes de Robos haciéndome unas cuantas llamadas; voy a decirles que prueben primero con las compañías de alquiler y que investiguen qué Lexus híbridos a estrenar o con neumáticos nuevos ha habido en este último mes. Te debo una.

—Pienso cobrártela. ¿Has organizado ya esa copa de despedida?

Nic ni siquiera se ha acordado de ello.

—Ya te diré algo. Te llamo.

Peach se echa a reír.

—Mejor todavía, voy a llamar yo a Mitzi. Cuídate, tío.

—Tú también. —Nic cuelga el teléfono y se queda mirando a Geagea, que continúa en el sitio.

—Lo siento, detective —dice el encargado de Prensa señalando el calendario—. Antes de irme, ¿te importaría decirme cuál es la solución? Si no, me voy a pasar el día entero pensando en ello.

—Está bien. Todas esas palabras contienen el nombre de un país: otomano contiene Omán, luchador contiene Chad, anomalía contiene Mali y antitranspirante… —Hace una pausa para ofrecerle al reportero la oportunidad de conservar algo de dignidad. Pero Geagea tiene la mirada en blanco.

Nic sacude la cabeza.

—Tu parte del mundo, colega: Irán. Hala, lárgate de aquí.

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