Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 9 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

En barcos, en el mar

cuando el azul se extienda, ilimitado, por todas partes,

y silbe el viento y suene la música de las olas, de las enormes e imperiosas olas,

o algún navío solitario cabotee en la densa marina

y, alegre, lleno de fe, despliegue las velas blancas

y hienda el éter, envuelto por la espuma centelleante del día, o bajo las estrellas innumerables de la noche,

acaso me lean —a mí, reminiscencia de la tierra— marineros

viejos y jóvenes,

en armonía, por fin.

He aquí nuestros pensamientos, pensamientos de navegantes, aquí no sólo aparece la tierra, la tierra firme, puede que digan entonces,

aquí se aboveda el cielo y sentimos ondular la cubierta bajo los pies,

percibimos el latido dilatado, el movimiento perpetuo del flujo y reflujo,

las melodías del misterio inescrutable, las vagas y vastas insinuaciones del mundo salobre, las sílabas fluidas como un líquido,

el perfume, el tenue crujir del cordaje, el ritmo melancólico, la perspectiva infinita y el horizonte lejano y borroso. Todo eso está aquí,

y éste es el poema del océano.

No flaquees, pues, oh, libro: cumple tu destino.

No eres sólo una reminiscencia de la tierra:

también eres otro navío solitario que hiende el éter, con rumbo desconocido, pero siempre lleno de fe.

Consorte de todo barco que navega, ¡navega tú!,

y llévales, foliado, mi amor (queridos marineros: para vosotros lo deposito aquí, en cada hoja);

¡prospera, libro mío!, despliega las velas blancas, embarcación mía, y atraviesa las olas imperiosas,

canta, navega, surca el azul ilimitado que se extiende desde mí a los siete mares

para llevar esta canción a los marineros y a todos sus barcos.

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