Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 212 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 4

que ven, que conocen el hilo sutil que nos guía por el imponente laberinto.

4

Y tú, América,

para la culminación del proyecto, para pensarlo y hacerlo realidad,

para esto (y no para ti) has llegado.

Tú también lo envuelves todo,

lo abrazas y transportas y acoges todo, y, por sendas nuevas y anchas,

tiendes asimismo a lo ideal.

Las fes mesuradas de otras tierras, las grandezas del pasado, no son para ti, sino tus propias grandezas,

fes y amplitudes deíficas que lo absorben todo, que lo comprenden todo,

todo apto para todo.

Todo, todo para la inmortalidad:

el amor, como la luz, lo envuelve, en silencio, todo,

y todo lo bendicen las perfecciones de la naturaleza:

las flores, los frutos del tiempo, los huertos divinos y ciertos, las formas, los objetos, lo que crece, las cosas humanas maduran en imágenes espirituales.

Concédeme, oh, Dios, cantar ese pensamiento;

concédeme, concédeles al hombre o la mujer a los que amo esta fe insaciable.

En Tu totalidad, aunque nos lo niegues todo, no nos niegues

creer en Tus designios, contenidos en el Tiempo y el Espacio: salud, paz y salvación universal.

¿Es un sueño?

No: su ausencia es el sueño.

Y, faltando esto, el conocimiento y la riqueza de la vida son un sueño,

y el mundo entero es un sueño.

¡Pioneros! ¡Oh, pioneros!

Venid, hijos míos de rostro curtido,

seguidme en orden, preparad las armas,

¿lleváis las pistolas?, ¿y las hachas bien afiladas?,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

No nos podemos quedar aquí:

hemos de seguir, queridos míos, hemos de arrostrar los embates del peligro,

nosotros, las razas jóvenes y vigorosas: los demás dependen de nosotros,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Oh, jóvenes, jóvenes del Oeste,

tan impacientes, tan llenos de acción, tan llenos de orgullo y amistad viril,

os veo, jóvenes del Oeste, os veo, con claridad, marchar con los adelantados,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¿Se han detenido las razas de los mayores?

¿Decaen y concluyen la lección, cansados, allende los mares?

Nosotros asumimos esa labor eterna, y la carga, y la lección,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Dejamos atrás todo lo pasado

y accedemos a un mundo nuevo, más poderoso, diverso,

un mundo fresco y fuerte del que nos apoderamos, el mundo del trabajo y de la marcha,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Enviamos destacamentos sin pausa

por los precipicios, por los desfiladeros, por las montañas escarpadas,

y conquistamos, defendemos, nos arriesgamos, nos

aventuramos por caminos desconocidos,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Talamos bosques muy antiguos,

detenemos el curso de los ríos, excavamos minas profundas —

las ofendemos—,

exploramos la superficie, vastísima, solevantamos el suelo virgen,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Sontos hombres de Colorado,

de los picos gigantescos, de las grandes sierras y altiplanos, de la mina y el barranco, de la trocha de caza venimos,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

De Nebraska, de Arkansas,

somos una raza de tierra adentro, de su centro, de Misuri, cuya sangre se ha mezclado con la sangre continental,

les damos las manos a todos los camaradas, a todos los sureños, a todos los norteños,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¡Oh, raza irresistible y turbulenta!

¡Oh, raza bienamada en todos! ¡Oh, me duele el pecho de amor por todos!

¡Oh, afligido y, a la vez, exultante, me siento arrebatado de amor por todos!

¡Pioneros! ¡Oh, pioneros!

Elevad a la poderosa madre y señora,

que ondea, delicada, en las alturas; todo lo gobierna, sembrada de estrellas (inclinaos todos).

Elevad a la señora guerrera, dotada de armas y colmillos, severa, impasible,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Ved, hijos míos, hijos resueltos,

por las multitudes que nos siguen no debemos rendirnos nunca, ni flaquear,

millones de espectros de los tiempos pasados fruncen el ceño ahí detrás y nos empujan,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

No dejan de avanzar las prietas filas,

con refuerzos siempre a punto, con los huecos que dejan los muertos rápidamente ocupados,

en la batalla, en la derrota, progresan, nunca se detienen,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¡Oh, morir avanzando!

¿Hemos de desfallecer y morir algunos de nosotros? ¿Ha llegado la hora?

Entonces es mejor que muramos en marcha, y es seguro que el

hueco se llenará enseguida,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Todos los latidos del mundo,

en formación, nos marcan el compás con el ritmo del Oeste;

juntos o separados, se colocan, resueltos, en vanguardia, todos por nosotros,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Las intrincadas y diversas representaciones de la vida,

todas las formas y espectáculos, todos los trabajadores en sus puestos de trabajo,

todas las gentes del mar y las gentes de la tierra, todos los amos y sus esclavos,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Todos los desventurados que aman en silencio, todos los presos de las cárceles, todos los justos y los pecadores,

todos los dichosos, todos los que sufren, todos los vivos, todos los moribundos,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

También yo, con el cuerpo y el alma,

nosotros, un curioso trío, escogemos y proseguimos nuestra marcha errante

por estas playas sombrías, acosados por los fantasmas,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¡Mira, la esfera del globo, como una flecha!

Mira, la rodean los orbes hermanos: constelaciones de soles y planetas,

días deslumbrantes, noches místicas, y sus sueños,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Éstos son nuestros, están con nosotros

para el trabajo primordial, mientras los que nos siguen esperan detrás, embrionarios,

y nosotros encabezamos el desfile, despejamos el camino para la marcha,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¡Oh, hijas del Oeste!

¡Oh, hijas mayores y menores! ¡Oh, madres y esposas!

No os dividáis nunca: vuestras filas han de ser compactas,

¡pioneras! ¡Oh, pioneras!

¡Latentes juglares de las praderas!

(amortajados bardos de otras tierras, descansad: ya habéis hecho vuestro trabajo),

os oigo acercaros y cantar, ya os alzáis y camináis mezclados con nosotros,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

No los deleites,

no el cojín ni la pantufla, no el sosiego ni el estudio,

no las riquezas seguras, que acaban hastiando: los placeres insustanciales no son para nosotros,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¿Se hartan de comer los amantes de banquetear?

¿Duermen los durmientes corpulentos? ¿Han cerrado y

asegurado las puertas?

Sean nuestras las comidas frugales y las mantas en el suelo,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

¿Ha caído la noche?

¿Tan arduo ha sido el último trecho del camino?

¿Cabeceábamos al andar, y nos hemos parado, desalentados?

Os doy una hora para que descanséis y olvidéis,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

Hasta que con toques de trompeta

nos convoque, remoto, el amanecer. ¡Escuchad! Alta y clara oigo su llamada.

¡Deprisa! ¡Al frente del ejército! ¡Deprisa! Saltad a vuestros puestos,

¡pioneros! ¡Oh, pioneros!

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