Hojas de hierba & Selección de prosas
El curador de heridas
1
Viejo ya, y encorvado, me rodean, al llegar, caras nuevas,
y me retrotraigo al pasado para responder a los niños:
vamos, viejo, cuéntanos, me dicen, como si fuesen jóvenes y me amaran
(enardecido, airado, pensé en tocar a rebato y llamar a una guerra sin cuartel,
pero enseguida me fallaron los dedos, bajé la cabeza y me resigné
a sentarme con los heridos, para confortarlos, o escrutar en silencio a los muertos).
Muchos años después de aquellas escenas, de aquellas furiosas pasiones, de aquellos azares,
de aquellos héroes sin igual (¿tan valiente fue un bando? El otro no lo fue menos),
vamos, vuelve a ser testigo, píntanos a los ejércitos más poderosos de la Tierra;
de esos ejércitos, rápidos, prodigiosos, ¿qué viste que puedas contarnos?,
¿qué es lo que ha calado más hondamente en ti? De los pánicos inexplicables,
de los combates más reñidos, de los tremendos asedios, ¿qué es lo que perdura en lo más hondo?
2
Oh, muchachas y jóvenes a los que amo y que me amáis, lo que me preguntáis evoca lo más extraño y azaroso de aquellos días.
Soldado alerta, llego tras una larga marcha, cubierto de sudor y polvo,
llego en el momento crucial, y me sumo a la refriega, aullando en cada carga victoriosa,
e irrumpo en los fortines capturados, pero, mirad, aquí se desvanecen, como las aguas rápidas de un río,
pasan y se alejan, se desvanecen. No me detendré en los peligros o las alegrías del soldado
(las recuerdo bien: muchas eran las penalidades y pocas las alegrías, pero yo estaba contento).
Mas en silencio, en las proyecciones de los sueños,
mientras sigue su curso el mundo del lucro, las apariencias y la juerga,
y se olvida enseguida cuanto ya ha pasado, y las olas borran las huellas de la arena,
yo vuelvo, con rodillas flexibles, y franqueo las puertas (en cuanto a ti, ahí arriba,
seas quien seas, sígueme sin hacer ruido, y ten ánimo).
Con vendas, agua y esponja
acudo, deprisa, a atender a mis heridos,
donde los hayan dejado tras la batalla,
donde su preciosa sangre enrojezca la hierba, la tierra,
o alineados, en el hospital de campaña, o bajo techo, en el hospital;
vuelvo a las largas filas de camillas, y las recorro, por ambos lados, de arriba abajo:
me acerco a todas y cada una, una tras otra, sin dejarme ninguna;
me sigue un ayudante con una palangana y un cubo para los desechos,