Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 3
a ellos quiero: me libero, paso sin traba, me uno al pecho de la madre y su pequeño,
nado con los nadadores, lucho con los luchadores, desfilo con los bomberos, y me detengo, escucho, cuento.
3
Conocí a un hombre, un humilde granjero, padre de cinco hijos,
y éstos, a su vez, padres de hijos, y éstos, a su vez, padres de hijos.
Aquel hombre poseía un vigor, una serenidad y una hermosura
maravillosos;
la forma de su cabeza, su pelo y su barba canosos y pajizos, el significado inconmensurable de sus ojos negros, la riqueza y amplitud de sus modales:
para ver todo esto, iba a visitarlo; también era sabio.
Medía seis pies de alto, y tenía más de ochenta años; sus hijos eran enormes, pulcros, barbados, cobrizos, apuestos.
Ellos y sus hijas lo querían, todo el que lo veía, lo quería, y no lo querían por indulgencia: lo querían con amor personal.
Sólo bebía agua, y la sangre se le traslucía, escarlata, en la cara morena.
Salía a menudo a cazar y a pescar, gobernaba él mismo su barca, era dueño de una, excelente, que le había regalado un armador, y de escopetas que le habían regalado hombres que
lo querían.
Cuando iba con sus cinco hijos y sus muchos nietos a cazar o pescar, habrías dicho que era el más hermoso y fuerte del grupo,
habrías deseado quedarte con él mucho tiempo, habrías deseado sentarte a su lado en la barca, para que os pudierais tocar.