Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 92 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 3

a ellos quiero: me libero, paso sin traba, me uno al pecho de la madre y su pequeño,

nado con los nadadores, lucho con los luchadores, desfilo con los bomberos, y me detengo, escucho, cuento.

3

Conocí a un hombre, un humilde granjero, padre de cinco hijos,

y éstos, a su vez, padres de hijos, y éstos, a su vez, padres de hijos.

Aquel hombre poseía un vigor, una serenidad y una hermosura

maravillosos;

la forma de su cabeza, su pelo y su barba canosos y pajizos, el significado inconmensurable de sus ojos negros, la riqueza y amplitud de sus modales:

para ver todo esto, iba a visitarlo; también era sabio.

Medía seis pies de alto, y tenía más de ochenta años; sus hijos eran enormes, pulcros, barbados, cobrizos, apuestos.

Ellos y sus hijas lo querían, todo el que lo veía, lo quería, y no lo querían por indulgencia: lo querían con amor personal.

Sólo bebía agua, y la sangre se le traslucía, escarlata, en la cara morena.

Salía a menudo a cazar y a pescar, gobernaba él mismo su barca, era dueño de una, excelente, que le había regalado un armador, y de escopetas que le habían regalado hombres que

lo querían.

Cuando iba con sus cinco hijos y sus muchos nietos a cazar o pescar, habrías dicho que era el más hermoso y fuerte del grupo,

habrías deseado quedarte con él mucho tiempo, habrías deseado sentarte a su lado en la barca, para que os pudierais tocar.