Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 86 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 49

Y en cuanto a ti, Muerte, y a ti, amargo abrazo de la mortalidad, es inútil que intentéis asustarme.

Sin vacilar acude el comadrón a su trabajo.

Veo su mano experta presionar, recibir, sostener.

Me reclino en el umbral de las puertas, flexibles y exquisitas, y observo la salida, y observo el alivio y la liberación.

Y en cuanto a ti, Cadáver, creo que eres un buen abono, pero eso no me ofende.

Aspiro la dulce fragancia de las rosas blancas, pujantes,

toco los labios como hojas, toco los pulidos pechos de los melones.

Y en cuanto a ti, Vida, te considero el residuo de muchas muertes.

(Sin duda, yo he muerto ya diez mil veces).

Os oigo murmurar, oh, estrellas del cielo,

oh, soles, oh, hierba de las tumbas, oh, transferencias y promociones perpetuas.

Si vosotros no decís nada, ¿cómo puedo decirlo yo?

Del turbio estanque del bosque otoñal,

de la luna que baja por las pendientes de un ocaso susurrante, caed, chispas del día y de la tarde, caed sobre los tallos negros que se pudren en el barro,

caed sobre el confuso lamento de las ramas secas.

Asciendo desde la luna, asciendo desde la noche.

En el resplandor espectral percibo el reflejo del sol de mediodía,

y desemboco en lo firme y central, desde un punto de partida grande o pequeño.