Hojas de hierba & Selección de prosas

Walt Whitman · Capítulo 207 de 587

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Hojas de hierba & Selección de prosas

Capítulo 3

El divino barco surca el divino mar por ti.

¡Quienquiera que seas! Tú eres el hombre o la mujer por los que la tierra es sólida y líquida;

tú eres el hombre o la mujer por los que el sol y la luna cuelgan del cielo;

para nadie más que para ti son el presente y el pasado;

para nadie más que para ti es la inmortalidad.

Cada hombre para sí y cada mujer para sí: ésa es la palabra del pasado y del presente, y la verdadera palabra de la inmortalidad;

nadie puede adquirir por otro, nadie;

nadie puede crecer por otro, nadie.

La canción es para el cantor, y vuelve sobre todo a él;

la enseñanza es para el maestro, y vuelve sobre todo a él;

el asesinato es para el asesino, y vuelve sobre todo a él;

el robo es para el ladrón, y vuelve sobre todo a él;

el amor es para el amante, y vuelve sobre todo a él;

el regalo es para quien lo da, y vuelve sobre todo a él, infaliblemente;

el discurso es para el orador, la actuación es para el actor y la actriz, no para la audiencia;

y no hay hombre que entienda otra grandeza o bondad que la

suya, o su indicio.

3

Juro que la tierra estará completa, ciertamente, para el hombre o la mujer que estén completos.

La tierra sólo está mellada, rota, para el hombre o la mujer que estén mellados y rotos.

Juro que no hay grandeza ni poder que no emulen a los de la

tierra.

No puede haber teoría plausible, si no corrobora la teoría de la tierra.

No puede haber política, canto, religión, comportamiento, o lo que sea, plausible, si no se compara con la amplitud de la tierra,

si no afronta la exactitud, vitalidad, imparcialidad y rectitud de la tierra.

Juro que empiezo a ver el amor con espasmos más dulces que

el que corresponde al amor,

ése que a sí mismo se contiene, que nunca invita y nunca rechaza.

Juro que empiezo a percibir poco o nada en las palabras audibles.

Todo confluye para presentar los significados nunca dichos de la tierra;

todo confluye en quien canta las canciones del cuerpo y de las verdades de la tierra,

en quien elabora los diccionarios de palabras que la imprenta es incapaz de tocar.

Juro que veo lo que es mejor que decir lo mejor:

dejar siempre lo mejor sin decir.

Cuando me propongo decir lo mejor, descubro que no puedo:

mi lengua es ineficaz de raíz,

mi aliento no obedece a los órganos que lo exhalan,

me quedo mudo.

Lo mejor de la tierra, de todos modos, no puede ser dicho: toda ella, o cualquiera de sus partes, son mejores;

no es lo que habías previsto: es más vulgar, más fácil, más cercano.

No se expulsa a las cosas de los lugares que ocupaban.

La tierra sigue siendo tan positiva y directa como antes.