Hojas de hierba & Selección de prosas
Capítulo 3
El divino barco surca el divino mar por ti.
¡Quienquiera que seas! Tú eres el hombre o la mujer por los que la tierra es sólida y líquida;
tú eres el hombre o la mujer por los que el sol y la luna cuelgan del cielo;
para nadie más que para ti son el presente y el pasado;
para nadie más que para ti es la inmortalidad.
Cada hombre para sí y cada mujer para sí: ésa es la palabra del pasado y del presente, y la verdadera palabra de la inmortalidad;
nadie puede adquirir por otro, nadie;
nadie puede crecer por otro, nadie.
La canción es para el cantor, y vuelve sobre todo a él;
la enseñanza es para el maestro, y vuelve sobre todo a él;
el asesinato es para el asesino, y vuelve sobre todo a él;
el robo es para el ladrón, y vuelve sobre todo a él;
el amor es para el amante, y vuelve sobre todo a él;
el regalo es para quien lo da, y vuelve sobre todo a él, infaliblemente;
el discurso es para el orador, la actuación es para el actor y la actriz, no para la audiencia;
y no hay hombre que entienda otra grandeza o bondad que la
suya, o su indicio.
3
Juro que la tierra estará completa, ciertamente, para el hombre o la mujer que estén completos.
La tierra sólo está mellada, rota, para el hombre o la mujer que estén mellados y rotos.
Juro que no hay grandeza ni poder que no emulen a los de la
tierra.
No puede haber teoría plausible, si no corrobora la teoría de la tierra.
No puede haber política, canto, religión, comportamiento, o lo que sea, plausible, si no se compara con la amplitud de la tierra,
si no afronta la exactitud, vitalidad, imparcialidad y rectitud de la tierra.
Juro que empiezo a ver el amor con espasmos más dulces que
el que corresponde al amor,
ése que a sí mismo se contiene, que nunca invita y nunca rechaza.
Juro que empiezo a percibir poco o nada en las palabras audibles.
Todo confluye para presentar los significados nunca dichos de la tierra;
todo confluye en quien canta las canciones del cuerpo y de las verdades de la tierra,
en quien elabora los diccionarios de palabras que la imprenta es incapaz de tocar.
Juro que veo lo que es mejor que decir lo mejor:
dejar siempre lo mejor sin decir.
Cuando me propongo decir lo mejor, descubro que no puedo:
mi lengua es ineficaz de raíz,
mi aliento no obedece a los órganos que lo exhalan,
me quedo mudo.
Lo mejor de la tierra, de todos modos, no puede ser dicho: toda ella, o cualquiera de sus partes, son mejores;
no es lo que habías previsto: es más vulgar, más fácil, más cercano.
No se expulsa a las cosas de los lugares que ocupaban.
La tierra sigue siendo tan positiva y directa como antes.